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El pinche de una sidrería de Gijón, preso por envenenar a 14 compañeros

El arrestado adulteraba los platos que servía a otros trabajadores del restaurante El Lavaderu con un fármaco que provocaba fiebre, náuseas y dolor de cabeza

Andrés Avelino F. F., de 55 años, pinche de la sidrería El Lavaderu, de Gijón (Asturias), ha sido encarcelado como presunto autor del envenenamiento de 14 compañeros de trabajo echándoles subrepticiamente un fármaco en la comida o la bebida que ingerían. ¿Por qué lo hizo? El médico forense que lo ha examinado le encontró cuerdo. El actual regente del local dice que algún policía le ha comentado que es “un psicópata”.

 Según fuentes judiciales, los hechos se remontan a mayo de 2011, cuando falleció en la propia sidrería el que entonces era su cocinero, conocido popularmente como Juan El Pistolas. El forense certificó como causa probable de la muerte una parada cardiorrespiratoria compatible con infarto de miocardio. La familia, que en ningún momento sospechó nada, pidió incinerar el cuerpo y el juez lo autorizó. De modo que el cadáver no podrá ser exhumado para ver si fue víctima del ayudante de cocina.

En octubre de 2012, Juan Luis Alfonso Alonso, actual regente del establecimiento, situado en la plaza del Periodista Arturo Arias, presentó una denuncia ante la policía. “Yo denuncié porque 14 empleados llevaban sufriendo los mismos síntomas desde hace seis o siete años”, explica Alfonso. Los médicos que les atendieron, sin embargo, no descubrieron que su enfermedad era debida a que estaban siendo envenenados.

Los camareros de la sidrería se convirtieron en detectives y así descubrieron entre las cosas del pinche un frasco de Colme, un fármaco contra el alcoholismo y que, mezclado con alcohol, provoca vómitos, mareos o taquicardias, hipertensión y fallos multiorgánicos. “Un empleado buscó en internet y vio que esas dolencias eran las mismas que estábamos sufriendo todos de forma inexplicable”, ha dicho Alonso a EL PAÍS.

Los empleados del local relacionaron el fatídico infarto sufrido por el cocinero y, además, cayeron en la cuenta de que los únicos trabajadores que jamás habían sufrido la extraña epidemia habían sido Andrés Avelino y su pareja sentimental. Una casualidad harto sospechosa.

Andrés Avelino F., residente en Ciaño (Langreo), dejó de trabajar en el restaurante el pasado noviembre. Antes regentó una cafetería en Candás. Hasta ahora carecía de antecedentes delictivos.

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