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Cataluña, ‘intelectuales’ y mensajes de Twitter

Aunque CiU sea consciente de la necesidad de seguir manteniendo cierta ambigüedad —como las declaraciones de “policía bueno” de Duran—, ya está todo el pescado vendido

Como el pasado domingo se encargó de recoger este diario con bastante amplitud, un extenso grupo de profesionales del periodismo, del mundo académico y de las artes y las letras dio a conocer un breve texto en el que se manifestaba su crítica a la posición independentista de Artur Mas y su apoyo a una salida negociada a la situación catalana por la vía federal. Se afirmaba, además, que llegado el caso, y si hubiere una suficiente mayoría para ello, se respetaría la voluntad libremente expresada por el pueblo catalán de emprender un camino político propio. Pero que, en todo caso, se haría respetando siempre los procedimientos constitucionales establecidos.

Estamos ya tan desacostumbrados a esta forma de activismo político tradicional, que era imposible imaginar el efecto de esta iniciativa. Ahora ya lo sabemos. Las reacciones en los medios convencionales siguieron la pauta clásica de comentarlos con mayor o menor énfasis según la ideología o las preferencias editoriales de cada cual. Algún relevante analista de más allá del Ebro, como E. Juliana, de La Vanguardia, llegó incluso a decir que era lo más importante que había ocurrido en el reconocimiento de la causa catalana desde la manifestación del 11-S. Pero también, que ¿dónde estaban todos esos firmantes cuando más se les hubiera necesitado, al recortarse las competencias del Estatut? Y en esto no le faltaba razón.

Lo más asombroso, sin embargo, fue el efecto que tuvo en los nuevos medios. El hashtag #300intelectuales se convirtió enseguida en trending topic, donde, en la inmensa mayoría de los comentarios de los tuiteros, se puso en solfa tanto la legitimidad de los supuestos intelectuales firmantes —entre los que, por cierto, me encontraba—, como el mismo contenido de la propuesta. Es obvio que en este ámbito uno nunca sabe la representatividad de quienes entran a participar en cascada en esta especie de anárquica acumulación de comentarios. Pero hubo dos cosas que sí llamaban la atención. La primera tiene que ver con el mismo ejercicio de activismo político en la red, su descaro y su capacidad para subvertir cualquier fuente de autoridad establecida. En este caso, la de los intelectuales. Confirmó algo que venimos observando desde hace tiempo, que su voz no importa gran cosa en este nuevo mundo de la información exprés y la opinión maleable e improvisada.

Parece, en efecto, y por valernos de una expresión de Marx, que en la red todo lo sólido se desvanece en el aire. O, más bien, que bastan 140 caracteres para hacer un ejercicio expresivo, entre lúdico e ingenioso, que contribuye a “horizontalizar” la opinión, a equiparar unas con otras y desvirtuar a las que se venían arrogando la capacidad para presentarse con un plus de legitimidad. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero no cabe duda de que es un signo que algo está cambiando a velocidad vertiginosa en el espacio de la comunicación política, menos propenso ahora a la argumentación racional y más proclive a una expresividad primaria. Está por ver cuáles serán sus consecuencias a largo plazo.

La segunda cuestión que merece reseñarse de ese “diálogo” afecta ya a la naturaleza del propio problema catalán. La inmensa mayoría de los tuit mostraban el desencuentro creciente entre las posiciones independentistas y aquellas que ponen sus esperanzas en alguna forma de reconciliación. Es como si ya no hubiera voluntad de entendimiento, el retorno a alguna actitud de búsqueda conjunta de una salida menos traumática que aquella por la que parece que han optado Mas y otras formaciones soberanistas. No hay voluntad de acuerdo, sino reafirmación en la polarización. Y me temo que esta va a ser también la pauta que veremos en la campaña electoral que ahora se inicia. Aparte de la mofa a los intelectuales, entre las que había alguna simpática e irónica, como el lamento porque no hubieran firmado el texto figuras como Manolo Escobar o Lina Morgan, un mensaje reaparece una y otra vez: ya es demasiado tarde; vosotros, los que decís que nos comprendéis, teníais que haberos movilizado antes.

Insisto, los comentarios no reflejan una muestra estadística, pero sí un estado de ánimo y una toma de postura que corrobora nítidamente lo que acabamos de decir. Quienes han dado el salto hacia posiciones independentistas se han cerrado ya a toda negociación, y aunque CiU sea consciente de la necesidad de seguir manteniendo cierta ambigüedad —como las declaraciones de “policía bueno” de Duran Lleida—, ya está todo el pescado vendido. Eso sí, hay algo sólido con lo que parece que no puede ni la red, ¡las patrias!

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