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El separatismo, fuera de la agenda

La crisis desplaza en Galicia el conflicto identitario a un segundo plano. Feijóo sitúa a la comunidad como ejemplo de disciplina

La primera mención a la independencia en esta campaña electoral no salió de los candidatos del Bloque Nacionalista Galego (BNG), a pesar de que, en las últimas semanas, han recuperado el énfasis en la cuestión nacional. Tampoco del renacido Xosé Manuel Beiras, separatista confeso que, al frente de una coalición con Esquerda Unida, tiene serias posibilidades de volver a sentarse en el Parlamento. Fue la popular María Dolores de Cospedal, el pasado miércoles en un mitin en Vigo, la que rescató la palabra: “Galicia es protagonista en España por ser una de las comunidades autónomas más solventes, y no por sus desvaríos independentistas”.

Tres versiones sobre la soberanía

  • Las tesis políticas aprobadas por el BNG en su última Asamblea Nacional el pasado enero supusieron un giro soberanista. “La defensa de propuestas tácticas del BNG debe tener muy en consideración si ayudan a reforzar el camino, la estrategia, para avanzar hacia la soberanía nacional”, asegura, antes de concluir: “La soberanía debe concretarse, a través del ejercicio del derecho de autodeterminación, en un Estado gallego, laico y republicano: la República de Galiza”.
  • Anova, la recién nacida organización que lidera el histórico Xosé Manuel Beiras, recoge en sus principios fundacionales la siguiente secuencia: “La conquista de la soberanía política de nuestra nación sigue siendo un objetivo estratégico que debe incorporar nuevas dimensiones de la soberanía como la soberanía alimentaria, la soberanía energética, la soberanía cultural y el ejercicio real de la soberanía popular”.
  • La suma de Anova, Esquerda Unida y dos pequeños grupos ecologistas ha dado lugar a Alternativa Galega de Esquerda (AGE). Su acuerdo programático sitúa la cuestión nacional en los siguientes términos: “Es necesario pelear por la libertad, igualdad y fraternidad para la ciudadanía y por el ejercicio de la soberanía plena para nuestra nación. Liberación nacional y social son indisociables en una nación sin Estado”.

La histórica manifestación de la Diada el pasado 11 de septiembre en Barcelona encontró cierto eco en el noroeste. De un lado, Alberto Núñez Feijóo se apresuró a colocar a Galicia como ejemplo de disciplina. Del otro, el candidato del Bloque a la Xunta, Francisco Jorquera, arrimó el éxito de la convocatoria catalana a su discurso y llegó a exigir un modelo de “concierto fiscal”: “Galicia necesita tanto como Cataluña o Euskadi poder decidir sobre sus asuntos”, repetía estos días. El cese definitivo de las acciones armadas de ETA también posibilitó un muy tímido acercamiento a la izquierda abertzale, con quien la izquierda nacionalista gallega había roto en los ochenta a causa de las actividades violentas. La organización mayoritaria del nacionalismo gallego materializaba así el giro soberanista de sus tesis, decidido en la asamblea nacional de enero en la que dos escisiones, a derecha e izquierda, abandonaron las siglas del BNG. Los documentos emanados del cónclave establecen como objetivo estratégico de la formación la “República de Galiza”.

Tras la derrota del bipartito en marzo de 2009 y la llegada de Feijóo al poder, el discurso del Bloque, empujado por las consecuencias de la crisis y por la rendición programática de Zapatero en mayo de 2010, adoptó retórica izquierdista. El nuevo BNG asumía la defensa de “las mayorías sociales” y atacaba al capitalismo especulativo, a los banqueros, a los ricos. El conflicto identitario pasó a un segundo plano en las elecciones europeas de 2009, en las municipales y en las generales de 2011. Con ese paso del nacionalismo, el debate sobre el estatus de Galicia dentro del Estado de las autonomías prácticamente desapareció de la arena pública. Hasta que el histórico Xosé Manuel Beiras y su corriente Encontro Irmandiño rompió amarras con el Bloque y, tras meses de asambleas y transformados en una organización formalmente independentista (Anova), alcanzó un pacto con la marca gallega de Izquierda Unida, Esquerda Unida (EU). Con ese pacto, los beiristas atravesaron la frontera que separó durante décadas a la izquierda gallega en nacionalista y de obediencia centralista.

El BNG vio el hueco e inmediatamente se lanzó a ocuparlo. “Somos la única organización nacionalista que se presenta a estas elecciones”, tomaron como estribillo militantes y dirigentes del Bloque, al tiempo que criticaban la entrega de su exlíder, Beiras —que les condujo a su techo histórico—, “en brazos del españolismo”.

Pero si ha existido un tabú es el que ha apartado la palabra “independencia” del arsenal teórico del Bloque. Sus documentos solo se referían al derecho de autodeterminación. Un 4,3% de los gallegos se sienten “solo gallegos” y un 19,6 “más gallegos que españoles”, según el último barómetro del CIS, de septiembre.