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ANÁLISIS

El escenario más duro

Desde el pasado mes de mayo, cuando por primera vez el Gobierno dejó entrever que la subida del IVA era prácticamente segura, se había instalado una gran inseguridad en torno al momento en que la misma sería anunciada, a su entrada en vigor y, por supuesto, a su magnitud. Parece que todas las dudas se desvelaron ayer y, en todos los casos, en el escenario más duro de los que eran previsibles.

Así, las cifras del nuevo IVA, que deberán ser una realidad en breve, y que dejan poco margen de maniobra para el necesario ajuste en los sistemas de facturación, no afectan, como ya ocurriera en la última subida de 2010, al tipo superreducido del 4%, aplicable a un catálogo de productos y servicios de fuerte contenido social o de muy primera necesidad.

Se eleva, sin embargo, el tipo reducido del 8% al 10%, afectando, entre otros, a los espectáculos, bares, restaurantes, hoteles o transportes, sectores íntimamente ligados al turismo. Asimismo, el nuevo tipo general del 21%, que pasa a alinearse con la media europea, incidirá de lleno en consumos recurrentes como el de gasolina, tabaco, gas, electricidad o teléfono, donde su traslado a precios será inevitable, junto con otros en los que los márgenes empresariales absorberán gran parte del mismo, como es el caso de la ropa o el calzado o, incluso, del sector de la automoción, cuya evolución de ventas no parece permitir una subida general de precios.

Paradójicamente, para alguno de estos ejemplos la subida es ya una realidad, ya que, por ejemplo, el consumo de teléfono que se esté realizando este mes de julio y que se pasará al cobro en agosto irá gravado ya al 21%.

No ocurre lo mismo, sin embargo, para las vacaciones de este verano que ya se hayan pagado aunque se vaya a disfrutar en agosto. Y si no se han pagado, quizá es un buen momento para hacerlo, ya que adelantar el pago efectivo de bienes o servicios que se recibirán o disfrutarán con posterioridad a la subida permite asegurar su tributación a los tipos actuales del 8% o 18%. Seguramente, esta circunstancia estimulará el adelanto de compras y el abono anticipado de las ya contratadas, con un impacto inmediato en la maltrecha recaudación tributaria.

Quedan, en fin, algunas dudas por resolver. Por ejemplo, qué ocurrirá con el IVA aplicable a la vivienda, que disfrutaba en todos los casos del 4% hasta fin de este año, o si, junto con el aumento de tipos, el decreto del próximo viernes acometerá una revisión de otros bienes o servicios que igualmente tributan a tipos reducidos.

Eduardo Verdún es socio de Tributación Indirecta de Ernst & Young Abogados.