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ANÁLISIS

Contar con un buen asesor de comunicación… no tiene precio

Pese a que no quería comparecer, el presidente del Poder Judicial ha salido vivo de su particular confrontación con la prensa. Se la había preparado

Dívar, durante su comparecencia pública.
Dívar, durante su comparecencia pública.

Seguro que recuerdan esa campaña de publicidad de una tarjeta de crédito en la que, en varios escenarios posibles, se van detallando una serie de gastos más o menos corrientes y acaban con un último mensaje en el que disponer de algo que suponga la salvación en una situación comprometida “no tiene precio”.

Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, se ha visto en la obligación de salir a dar explicaciones ante los medios de comunicación por los 20 viajes de fin de semana de cuatro días o más que realizó a Puerto Banús desde octubre de 2008 y en los que se alojó en un hotel de lujo, y celebró más de 40 cenas en restaurantes como el Marbella Club Golf Resort & Spa o Puente Romano, siempre para dos personas en viernes y sábado y que cargaba a los gastos protocolarios de la institución.

Un auténtico trago, porque varios vocales del consejo, más de 6.000 personas en el Servicio de Atención al Ciudadano y más de 12.000 en internet han pedido su dimisión por entender que se trata de gastos por actividades privadas que Dívar ha atribuido a partidas por actos oficiales. Ni Marbella es la capital jurídica mundial, para semejante trajín supuestamente oficial, ni esos menesteres se despachan en viernes y sábado noche.

Pues bien, aunque es cierto que Dívar se ha enfrentado a la jauría de los periodistas ávidos de saber por qué, si todo estaba tan claro, el presidente no daba ningún tipo de explicaciones, lo cierto es que las preguntas estaban limitadas a seis, más o menos consensuadas entre todos los medios, con la excusa de que el pleno no había acabado. Es decir, una comparecencia light, con algunas preguntas, pero no una verdadera rueda de prensa.

Y aunque en las cuestiones de fondo, Dívar ha seguido haciendo agua, diciendo que cuatro viajes, en que todo lo pagó el Consejo, son “reservados”, lo mismo que las cenas protocolarias, de las que no ha detallado ningún comensal, en lo formal, Dívar ha estado más que pasable.

Cuando muchos observadores se planteaban que, ante el acoso de la prensa y las peticiones de los ciudadanos, el presidente se vería en la obligación de dimitir, Dívar ha mostrado determinación. No dimite porque asegura que no hizo nada irregular, aunque lamenta el quebranto causado a la institución y a la carrera judicial. Y aunque no ha sabido salir de la pregunta de por qué los vocales han respaldado en bloque al vocal Miguel Collado, mientras que a él le han dejado en la estacada, ha reaccionado bien a otras preguntas y ha precisado que se había sacado de contexto su afirmación de que los gastos eran una “miseria”.

No obstante, el presidente se ha visto obligado a afirmar categóricamente que las cenas con un solo comensal no correspondían a gastos privados y puede que en breve se pueda demostrar lo contrario.

Es decir, Dívar ha salido vivo de su particular confrontación con la prensa. ¿Y por qué? Verán: El equipo de comunicación del Consejo ha preparado al presidente para la ocasión. Durante 48 horas han tenido que doblegar su voluntad porque no quería comparecer ante los medios, y solo cuando cuatro vocales –Margarita Robles, Félix Azón, Inmaculada Montalbán y José Manuel Gómez Benítez- iban a exigir de nuevo su dimisión en el pleno por no dar explicaciones, accedió a comparecer.

Desde entonces se ha sometido a varios escenarios posibles y el jefe de prensa, Agustín Zurita, le ha sometido –como en las películas americanas- a todas las preguntas que los periodistas le podíamos formular, le han corregido los errores y le han sugerido las respuestas más adecuadas para cada cuestión, sobre la base de la humildad y de que es el presidente del Consejo y del Supremo las 24 horas del día. Precisamente esas sesiones de entrenamiento le mantienen todavía a flote.

Y volviendo a la campaña de publicidad del principio. Les voy a poner un ejemplo: 20 desplazamientos a Marbella en AVE, clase club, 4.120 euros; alojamiento y manutención durante esos 20 periplos, 4.753 euros; cenas en restaurantes de lujo, siempre de dos personas y contabilizadas como atenciones protocolarias, 4.122 euros; facturas que el presidente ha cargado por su carácter oficial al erario público, 12.996 euros; gastos generados por su servicio de seguridad, integrado por tres coches y siete escoltas, alrededor de 60.000 euros; tener un excelente asesor de comunicación… no tiene precio.