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Homenaje “al contubernio de malos españoles”

En el 50 aniversario de Munich, el Gobierno pide consenso “ y ambición patriótica”

El presidente del Congreso, Jesús Posada, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, entre otros, en el acto en recuerdo del llamado "Contubernio de Múnich", en el Congreso.
El presidente del Congreso, Jesús Posada, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, entre otros, en el acto en recuerdo del llamado "Contubernio de Múnich", en el Congreso. EFE

Si el 50 aniversario del llamado por la prensa franquista “Contubernio de Múnich” hubiera coincidido cinco años atrás su conmemoración hubiera discurrido seguramente por derroteros diferentes. La crisis económica que asola a España ha convertido el homenaje a los 118 hombres que en 1962 se reunieron tres días en la capital Bávara, en una llamada del Gobierno a la unidad de las fuerzas políticas, de los agentes económicos y de la sociedad, en su conjunto, además de una apuesta indudable y firme, como entonces, por solucionar los problemas de España como parte de Europa. De Múnich, 1962 a España, 1977, y su espíritu de la transición, ha sido el hilo conductor que han trazado el presidente del Congreso, Jesús Posada, el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, y algunos de los supervivientes de ese evento. El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, exaltó “el patriotismo” de los participantes en el cuarto congreso del Movimiento Europeo al ser capaces de unir sus voces y sus esfuerzos, siendo de ideologías diferentes, con el objetivo de luchar por la democracia para España.

Cientos de personas abarrotaron anoche la sala de mayor dimensión del Congreso para participar en el primero de los actos que se celebrarán en recuerdo del llamado Contubernio de Múnich. Allí se reunieron hace cincuenta años demócratas del interior y del exilio, encuadrados en filas democratacristianas, liberales y socialistas, aunque también hubo una representación del Partido Comunista. De los 118 asistentes a ese encuentro, que tuvo consecuencias duras para los que fueron desde España ya que el régimen franquista les castigó con el destierro, el exilio o el confinamiento en las Islas Canarias, quedan 16 supervivientes.

Algunos de ellos estuvieron en este acto, repleto de familiares, políticos y representantes del Cuerpo Diplomático de muchos países, especialmente europeos. Eugenio Nassarre, como presidente del Consejo General del Movimiento Europeo, actuó de anfitrión con la satisfacción de saludar a quien ha ocupado ese puesto durante muchos años, Carlos Bru, socialista, uno de los participantes en el contubernio. Como hace cincuenta años ayer estuvieron juntos el socialista José Federico de Carvajal, que fue presidente del Senado y el democratacristiano, Fernando Álvarez de Miranda, primer presidente de las Cortes Constituyentes de 1977. “Hoy hace falta el espíritu de Múnich”, consideró Carvajal. Ese espíritu se consiguió al juntarse con no pocas tensiones socialistas y democristianos de dentro y de fuera. El final del congreso fue fructífero al ser capaces de ponerse de acuerdo en un texto final “que fue el precedente de la transición y de la Constitución de 1978”. De Este hilo conductor tiraron todos los oradores; los que estuvieron en Múnich y los políticos ahora en activo.

Hasta llegar a las consideraciones de política actual, en el recuerdo de los oradores no faltó el reconocimiento de sus compañeros que sufrieron las consecuencias de su desafío a la dictadura, sin que la inmensa mayoría obtuviera el reconocimiento que ellos sí tuvieron. “Los de Múnich a la horca; Franco sí; los de Múnich no”. Este cartel recibió al dictador en Valencia tres días después del congreso en Alemania del que dio cuenta la prensa europea. Los medios españoles adictos al régimen tildaron el encuentro como “el contubernio de españoles fracasados, traidores a la Patria y filocomunistas”. No sólo fueron palabras sino que el Gobierno de Franco les persiguió con saña a su vuelta. Algunos no volvieron a pisar España durante muchos años; la policía les esperaba en la frontera para no dejarlos pasar. Casi iban con lo puesto. Así muchos pasaron al exilio como ya lo estaban Rodolfo Llopis, el líder del PSOE en el exilio; el historiador Salvador de Madariaga y el democristiano José María Gil Robles. Los tres muy activos en ese congreso europeo de 1962.

Además de Carvajal, Álvarez de Miranda, Carlos Brú, Joaquín Satrústegui, Íñigo Cavero – que fue ministro de UCD y presidente del Consejo de Estado – estaba Jaime Piniés, Carmelo Cembrero y Jaime Miralles. Familiares de Jesús Barros de Lis, José Luis Ruiz Navarro, Alfonso Prieto, Joan Casals y José Félix Pons, padre del que fuera también presidente del Congreso, Félix Pons, Jesús Prados Arrarte, José Vidal Beneyto, Fernando Baeza y Manuel de Irujo, escuchaban asintiendo algunos de los episodios que narraron Carvajal y Álvarez de Miranda.

“Gracias por el coraje, por la coherencia y por vuestro patriotismo”, les dijo el socialista Rubalcaba. Tanto el líder del PSOE, como Carvajal y Álvarez de Miranda, reprodujeron algunas de las sentencias de Salvador de Madariaga. “Hoy ha terminado la guerra civil”, dijo el historiador en 1962 al ver reunidos a españoles de distintas creencias ideológicas. Lo que ocurrió hace cincuenta puede sintetizarse en otra sentencia de Madariaga, refiriéndose a los dos grupos que fueron a Munich: Unos desde algún lugar de Europa, exiliados desde la guerra; otros desde España. “Los que antaño escogieron libertad, perdiendo la tierra; y los que escogieron la tierra y perdieron la libertad; vamos ahora juntos a recuperar la tierra y la libertad”.

Aún quedaban 15 años para que se celebraran las primeras elecciones democráticas pero el espíritu de Múnich marcó un hito cuyo espíritu quisieron trasponer a la situación actual tanto el presidente del Congreso, Jesús Posada, como el ministro de Exteriores, García Margallo: “El consenso que guió a los hombres de Múnich es el que pido en nombre del Gobierno, para la España de hoy; pido a todos ambición patriótica”. Rubalcaba, que había hablado antes que los miembros del Gobierno, basó su discurso en rendir homenaje emocionado a los “patriotas” del contubernio, pero sin extrapolar épocas y situaciones.