Tribuna
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¡Hagan juego, señores!

Desde '¡Bienvenido mister Marshall!', la sucesión de timos en macro proyectos se ha disparado

Sheldon Adelson, presidente de Las Vegas Sands Corp., ha sido recibido por las máximas autoridades de Madrid y de Cataluña, que han escuchado impávidas las condiciones bajo las cuales invertiría 30.000 millones de dólares (23.000 millones de euros) en un complejo de casinos y hoteles, cuyo emplazamiento a la vera de las dos primeras capitales de España está en disputa. Mister Adelson quiere que se le conceda un limbo legal donde quede exento de cumplir la legislación vigente en materias como tabaco, extranjería, menores, prostitución, blanqueo de dinero, urbanismo y otras cuestiones.

Nada que objetar a unas pretensiones de parte que hubieran podido llegar más lejos. Lo que asombra es que sus primeros interlocutores —la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la alcaldesa de la Villa, Ana Botella— hayan salido a continuación a los medios para cantar las excelencias del proyecto, subrayar que crearía 261.000 empleos y reclamar la necesidad de que todas las Administraciones públicas —central, autonómica y municipal— colaboren en su puesta en marcha. Y que lo hicieran sin un asomo de vergüenza, sin referir que ante semejantes exigencias procedieron a llamar a la policía para que el osado yanqui fuera desalojado del despacho. Lo mismo ha sucedido días más tarde en Barcelona, donde Adelson fue recibido en el Palau de la Generalitat por el president, Artur Mas; el conseller de Economía, Andreu Mas-Colell; el conseller de Territori i Sostenibilitat y por un escogido grupo de empresarios sin que se requiriera a los Mossos d’Esquadra.

El semanario Alfa y Omega, que edita la Archidiócesis de Madrid y encarta los jueves el diario Abc, al explicar lo que traerá a España Las Vegas Sands explica que la citada corporación es propietaria de casinos en distintos lugares del mundo y da cuenta de algunos de sus avales. Por ejemplo, la detención que hizo la policía china en el interior de uno de ellos, ubicado en Macao, de más de 100 prostitutas y sus correspondientes proxenetas, lo cual ha originado una investigación por las autoridades de Hong Kong.

Interesante anotar que otro colega de Adelson en Macao es Stanley Ho, un avispado portugués que es figura relevante del juego y la prostitución en ese enclave, al que la Conferencia Episcopal Lusa vendió en 1997 la cadena de televisión que le había sido concedida. También señala el citado semanario que la agencia Reuters informa de la investigación por la Autoridad Reguladora de los Casinos en Singapur de varias denuncias contra Las Vegas Sands por actividades ilegales.

La cuestión del juego —“España, se ha dicho, se ha convertido en un gran casino”— ha movido al diligente Obispado de Alcalá a publicar una nota oficial, fechada el 26 de enero de 2012, donde alerta sobre las consecuencias que la implantación de los casinos de Adelson tendría en particular sobre las 2.350.000 personas que son jugadores patológicos en España, según señaló el jefe de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre, Miguel Ángel Jiménez Arriero, en su comparecencia ante la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso de los Diputados el 17 de marzo de 2011. El doctor, que había sido citado en relación con el proyecto de ley de regulación del juego en tramitación, señalaba allí cómo a la ludopatía, que según las últimas investigaciones va en aumento entre los jóvenes y la población femenina, va asociada otra serie de hechos como ausencias del trabajo, robos para financiar el juego, problemas judiciales y detenciones, ruina, bancarrota y otros, como el riesgo de suicido, que se cuadriplica.

Pero volvamos al cuento de los casinos de Las Vegas Sands para recordar que desde aquella memorable película de Luis García Berlanga ¡Bienvenido, mister Marshall!, la sucesión de timos en forma de macro proyectos ha ido creciendo imparable. Baste mencionar sus ruinas como la de Los Monegros, un complejo que iba a ser construido en un lugar de Huesca con 650 habitantes; o como la Ciudad Don Quijote en Ciudad Real, para cuyo servicio se construyó el aeropuerto sin sentido que hundió a Caja Castilla-La Mancha.

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Otros fallidos podrían añadirse, como el de Isla Mágica en Sevilla, que recibió inyecciones de fondos públicos y de las cajas de ahorros por importe de 34 millones de euros para llegar a la suspensión de pagos; el del Petromocho en Asturias, con refinería fantasma; el Paramount Park, en Murcia; el de Terra Mítica en Alicante, que cerró 2009 con pérdidas de 16,4 millones de euros por cuenta de Bancaja y CAM, obligadas a invertir en tiempos de la presidencia de Zaplana; o el Parque Warner en Madrid, sufragado por inversores cautivos y que fue vendido con una deuda de 240 millones de euros. ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?

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