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Batasuna negoció en Suiza con el PSE a la vez que el Gobierno hablaba con ETA

Otegi pidió un marco único para Navarra y Euskadi y el derecho a decidir

Eguiguren replicó que las dos autonomías eran realidades políticas distintas

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Reunión entre los representantes del PSE y la ilegalizada Batasuna en 2006.

Los últimos contactos entre el Gobierno y ETA para intentar salvar el proceso para el fin del terrorismo tras el atentado de Barajas tuvieron un invitado especial: Batasuna.

A las conversaciones celebradas en un “hotelito de Ginebra”, se incorporaron dirigentes de Batasuna, que negociaban con miembros del Partido Socialista de Euskadi, a la vez que los enviados del Gobierno conversaban con ETA. En ambas mesas participó el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, que cuenta aquí las particularidades de aquellos contactos que concluyeron con un fracaso anunciado.

»Cita con Batasuna y ETA en un hotelito de Ginebra. Mayo de 2007. “En este ambiente de crispación -en relación a la desconfianza del Gobierno en la banda terrorista tras el atentado en el aparcamiento de la nueva terminal de Barajas— se celebró una nueva ronda de contactos con ETA y Batasuna.

La cita fue en un hotelito en Ginebra del 14 al 16 de mayo. Esta ronda estuvo precedida de un contacto celebrado el 1 de mayo entre mensajeros del Gobierno y ETA en la que la banda les entregó un texto con una propuesta política global que los enviados del Ejecutivo se negaron a recoger por no tener autorización para ello”.

La representación del PSE, Eguiguren y Rodolfo Ares, se reunió con Batasuna. Algo que parecía superfluo después de la reunión con ETA, pero “a Batasuna le pareció un gesto muy importante la reunión con ellos”, según recuerda Eguiguren.

Eguiguren: “El proceso fracasó nada más empezar”

El presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren. EFE

A juicio de Jesús Eguiguren, uno de los negociadores del Gobierno con ETA, las razones del fracaso estuvieron claras desde el principio. En el libro Eta, las claves de la paz, resume así sus impresiones sobre las conversaciones para el fin del terrorismo: “El proceso fracasó nada más empezar. Se llegó a la tregua con distintas visiones del proceso dentro de ETA y de Batasuna. Hicieron una lectura más de contenido que de método. Creo que puede decirse que en el verano de 2006 se rompió el proceso. El resto del tiempo fue un esfuerzo de todos para salvar responsabilidades. El desacuerdo de Loiola no tuvo nada que ver.

Las últimas reuniones con ETA no tuvieron nada que ver con el proceso. El proceso fracasó porque no había en ETA una decisión de acabar con el terrorismo. Como ETA no tomó esa decisión adquirió una dinámica infernal que llevó a la ruptura. El Gobierno no puede dar a una banda terrorista algo que justifique su trayectoria. Se puede decir que el proceso no llegó a empezar. Fracasó antes de empezar, aunque algunos dijeran que el Gobierno cedió. Las últimas reuniones fueron intrascendentes. Mientras todo fue secreto fue bien. Tengo claro que el Gobierno no tuvo responsabilidad en la ruptura. Fue ETA".

“Otegi hizo un discurso. Planteó que querían acabar con un conflicto que hundía sus raíces en lo más remoto de la historia. Dijo, incluso, que no había habido una generación de vascos que no hubiera conocido la guerra y que en Navarra nunca se había hecho un referéndum. Que sólo se acababa el conflicto con el logro de la unidad territorial y del derecho a decidir. Hizo todo un repaso del proceso, desde Txillarre, para concluir que después de la tregua todo había sido obstáculos, que él mismo había ido a la cárcel por cuestiones pendientes y que el Gobierno lo había hecho para debilitar a la izquierda abertzale ante el proceso. Su conclusión final fue que el Gobierno no había querido llegar a un acuerdo, que en Loiola se avanzó, y que la salida al conflicto era el marco único con Navarra y el derecho a decidir. Ninguna novedad”.

Algunos meses antes de esas conversaciones, los socialistas vascos ya comprobaron las intenciones de Batasuna, que rompió la negociación sobre un acuerdo político con el PSE y el PNV exigiendo incluir en un texto de consenso la creación de una comunidad única Euskadi-Navarra en un plazo no superior a dos años.

Eguiguren pensó que la intervención de Otegi en Suiza podía hacer dudar al Centro y a los asesores de Blair y del Sinn Fein, y se empleó a fondo en la réplica: “Empecé”, recuerda, “por citar a García Márquez y su novela Cien años de soledad. Recordé cómo Macondo era tan reciente que las cosas no tenían nombre. Pero como Euskadi no era muy reciente y cada cosa tenía un montón de nombres se podían utilizar las mismas palabras para decir cosas distintas. Dije que era una falacia lo de que Euskadi siempre había estado en guerra. Que las guerras que había habido, las carlistas, lo fueron entre el liberalismo y el viejo régimen; que la Guerra Civil española lo fue entre la izquierda y la derecha y que ninguna había empezado ni acabado en el País Vasco. Le repliqué que alguien había decidido cambiar la hoja de ruta; que el proceso había empezado con una mesa técnica y otra política, y que alguien había decidido romperla; que alguien había hecho imposible el acuerdo en Loiola”.

»Eguiguren: “Navarra es una realidad política distinta de Euskadi”. “Y también quise responder al planteamiento que Batasuna hacía de Navarra como clave de la resolución del problema. Había una pizarra en la sala y ante la sorpresa de todos, me levanté e hice un esquema. Les dije que todo era un sofisma, que Navarra y Euskadi eran dos realidades políticas distintas y con personalidades propias, que nunca habían estado unidas en la historia, salvo que empezáramos con disquisiciones sobre territorios que pasaban de unas manos a otras en los siglos XI y XII. Y que si querían había fórmulas en la Constitución para conseguir una comunidad no única, pero sí compartida. E hice un paralelismo con el desarrollo de la Unión Europea. Cómo inicialmente, unos pocos estados crearon la comunidad del carbón y del acero; después constituyeron una interparlamentaria: luego, el mercado común, el Parlamento Europeo, la Unión Europea, la Constitución Europea, etcétera.

Les recordé que en Loiola acordamos la posibilidad de reformar los estatutos vasco y navarro. Creábamos previamente un órgano común y una interparlamentaria, que ya estaba en el proyecto de Gobierno navarro del PSE y nacionalistas de 1994, y que se desechó al desaparecer ese Gobierno. Con las reformas de los estatutos se podían ceder competencias a la interparlamentaria. Y ya todo dependía de las mayorías que hubiera en el órgano común. Todo esto se podía hacer con la legalidad vigente, sin tocar la Constitución”.

Las condiciones de unos y de otros hicieron imposible cualquier acuerdo. El Gobierno, mientras, rompía definitivamente con ETA.

Thierry: “El Gobierno forzó un proceso sin contenido político”

Entre el material incautado por la policía a Thierry aparecieron documentos en los que la banda reflexionaba sobre el proceso. “El acuerdo entre el Gobierno y ETA tiene sentido y validez tras cerrar un acuerdo político entre los partidos. Si no, se queda debilitado y sin una base firme, tal y como demostró la actitud de negociaciones interminables mantenidas por el Gobierno en el proceso”. “La principal intención del Gobierno de España fue dirigir el proceso a un objetivo de conclusiones de conflicto sin contenido político”.

ETA justifica el fracaso del proceso en la siguiente razón: “Aunque el acuerdo político entre los partidos fuese la principal clave en el proceso, el intento de negociación de paz por presos entre la Organización, ETA, y el Estado se convirtió en la muerte del proceso porque el Estado la forzó sin descanso”. “La razón de no haber cerrado ningún acuerdo político consiste en no haber querido aceptar un marco democrático para Euskal Herria por parte de los dos partidos (...) La actuación del Gobierno de España demostró que no había ninguna voluntad para cumplir las mínimas condiciones democráticas que son imprescindibles para llevar a cabo un proceso de negociación. A causa de esto, el proceso de negociación quedó roto".

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