Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Crisis y paro juegan a favor de la abstención

Los ciudadanos con menos recursos económicos son los más proclives a no acudir a las urnas. El candidato socialista intenta movilizar a los abstencionistas y al votante anti-PP

La crisis puede más que las ideas. La bola de cristal de los expertos en encuestas augura que la abstención de la izquierda, unida al aumento del voto a partidos minoritarios de muchos votantes socialistas, darán la mayoría absoluta al Partido Popular. El cálculo es que los que se quedarán en casa pueden hacer perder al PSOE un millón de votos. Además, la crisis y el aumento del desempleo han provocado tal malestar social en un sector de la población de centro-izquierda que es posible que muchos se inclinen por votar a la derecha.

Siempre se ha dicho que la izquierda es más abstencionista por una cuestión de purismo. Pero nadie sabe explicar con claridad este fenómeno. Lo que sí es cierto es que los movimientos para la movilización de voto de un bando político pueden provocar que los del otro se desanimen y aumente la abstención por efecto rebote. Tradicionalmente la derecha presta más atención a la movilización de su electorado que la izquierda y se ocupa de no dejar este tema para última hora.

“Que nadie se duerma”, gritó al público hace unos días el alcalde de Córdoba (del PP), José Antonio Nieto, en un mitin en el que participaba también el candidato del PP a la presidencia, Mariano Rajoy. Unos días después, el candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, también intentó movilizar a los suyos durante el cara a cara con Rajoy en TVE-1, insistiendo en que el PP acude a las urnas con un “programa oculto”. Una estrategia que intenta despertar a los abstencionistas y animar el voto anti-PP. A tenor de las opiniones de los expertos, de los datos de las encuestas y de resultados electorales anteriores, la abstención puede perjudicar mucho a los socialistas el 20-N. En 2008 se quedó en casa el 26% de la población con derecho a voto; en 2004, el 24%, y en 2000, el 31%.

La etiqueta izquierda y derecha está desdibujada”, apunta un sociólogo

“En España se ha discutido mucho sobre si la abstención es de izquierdas o no”, señala Ignacio Lago, profesor de Ciencia Política de la Universidad Pompeu Fabra. “Pero el argumento sobre lo que ocurre es universal. Hay dos mecanismos en juego. Por un lado, en cualquier país del mundo hay desigualdad social y económica y los estudios han demostrado siempre, desde los años cuarenta, que los votantes tienen un estatus más alto que los abstencionistas. A nivel internacional, hay una correlación entre el nivel de renta y de formación con la participación”, explica Lago. Este experto publicó el pasado año, en la Revista Española de Investigaciones Sociológicas, junto a José Ramón Montero, de la Autónoma de Madrid, un estudio sobre Participación y resultados electorales.

“Cuando la participación sube, los que se están movilizando mayoritariamente son los que tienen menos recursos, los cuales suelen ser más partidarios de votar a partidos socialdemócratas, que son los que impulsan políticas contra las desigualdades sociales”, añade el profesor. Este primer mecanismo confirmaría que la abstención perjudica mayoritariamente a la izquierda.

“El segundo mecanismo”, prosigue Lago, “es que si sube la participación son malas noticias para el Gobierno”. “La gente se moviliza más cuando no está satisfecha con la situación política y económica. Esto es un fenómeno también de dimensión internacional. Entonces el partido del Ejecutivo pierde votos y la oposición tiene posibilidades de ganar. Cuando el PSOE está en el Gobierno, la subida de la participación le perjudica en ese sentido, pero, a la vez, le beneficia que suelen ser votantes suyos los que se han movilizado. Cuando el PP está en el Gobierno y cae la participación es estupendo para él, como paso en 2000”.

El vaticinio de este experto es que en esta convocatoria electoral habrá mucha más gente que se va a quedar en casa. “Los parados, que mayoritariamente suelen ser de estatus más bajo, los desencantados, que votaron al PSOE en 2008 y no darían su voto nunca al PP”, opina el politólogo.

El 15-M pide evitar el voto a los dos partidos mayoritarios

¿Y a quién votarían los ciudadanos más pobres, que sufren más las consecuencias del paro y se encuentran desencantados? ¿A la derecha? ¿A partidos minoritarios que no tienen el mismo poder y a los que además es probable que conozcan poco? “No. Por eso opino que va a haber mucha abstención que perjudicaría a los socialistas”, responde.

A la situación general de desilusión se suma el fenómeno de los indignados del 15-M. Miles de personas han unido sus voces en un movimiento que ha logrado proyectarse más allá de nuestras fronteras. “Este movimiento no pide la abstención”, señala Kerman Calvo, profesor de la Universidad de Salamanca que, junto a un equipo de este centro, realizó, la primavera pasada, un estudio de campo durante un mes en Salamanca entre unos 400 participantes en este movimiento.

“La mayoría está en paro, solo el 8% de los que encuestamos tenía trabajo, y el núcleo duro son jóvenes (de 23 a 30 años), con una gran conciencia política, que creen que se ha iniciado un proceso de cambio y piensan que lo mejor es votar en blanco, nulo o a partidos muy minoritarios, desde los verdes al partido animalistas, pero, sobre todo, piden que no se vote a los dos partidos mayoritarios”. Calvo cree que, a medio plazo, este movimiento “puede movilizar a cortes de jóvenes que no lo estaban y que no han votado nunca porque no han sentido una conexión con la política institucional”.

La desigualdad crece, además, en momentos de crisis como el actual. El estudio Los excluidos pueden votar: abstención y exclusión en España, del estadístico Manuel Trujillo y el politólogo Braulio Gómez Fortes, publicado por la Fundación Alternativas este año, muestra que los ciudadanos más pobres no suelen votar. “Las zonas con alta exclusión social tienen mayores probabilidades de desarrollar una abstención más alta”, concluye el informe. Esto supone un “grave problema para el funcionamiento de la democracia representativa, ya que los ciudadanos con mayores carencias materiales y sociales están quedando excluidos sistemáticamente de la toma de decisiones”, añade.

En las elecciones generales celebradas entre 1986 y 2000 en España, la abstención de la izquierda fue especialmente llamativa, según los trabajos de la directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas y expresidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Belén Barreiro. Esto se atribuye a varios fenómenos. Por un lado, a que la ideología no predice igual de bien el comportamiento electoral de ciudadanos de izquierdas que el de los de derechas. Además, en ese momento habían adquirido un gran protagonismo social cuestiones que no tenían nada que ver con la ideología, como la corrupción o el debate sobre la Constitución española.

En el cambio del Gobierno hacia la derecha lo ocurrido entonces fue, según distintos análisis, que para muchas personas de izquierdas pesó, más que su propia ideología, la idea de que el Gobierno del Partido Popular había sido el que mejor había afrontado los problemas del país. Sin embargo “en 2007 la tendencia de aquel periodo se invierte”, explica Barreiro. “Porque el Partido Popular consigue unos grados de movilización enormes. En las provincias en las que gobierna se reforzó mucho y estas tienen las tasas de participación más altas”.

El porcentaje de electores que puede dar bandazos está en el 40%

Barreiro dice que “en la actualidad, la desmovilización de la izquierda ya no se cumple como hace décadas”. “Los populares ya centraron en las pasadas elecciones su estrategia en una movilización muy fuerte de su electorado a base de crear crispación, de jalear mucho a la opinión pública, sobre todo, a través de los medios de comunicación afines a ellos. Y esto ha producido también movilización en el adversario, sobre todo, entre gente de izquierdas”. Esto es, el 20% del total del electorado que en las encuestas no se declara afín con ninguna ideología. Si a estos se les añaden los centristas, el porcentaje de votantes que puede fluctuar de un lado a otro u abstenerse no es nada desdeñable: el 40%. “Además”, matiza Barreiro, “en España, las personas de centro menos ideologizadas se apuntan normalmente al carro del ganador”.

Y mientras el PP perseguía el objetivo de movilizar a los suyos y desmovilizar a los otros, el PSOE logró repetir en el poder en 2008 fidelizando a los votantes anti-PP, es decir, llevándose votos de los nacionalistas, a lo que ayudó la crispación social que llegaron a crear los populares.

El sociólogo Narciso Michavila, especialista en análisis electoral y presidente del Gabinete de Análisis Demoscópico GAD3, sostiene que el absentismo afecta más a la izquierda solo en determinados sitios como Andalucía, Galicia o Valencia. Sin embargo, anota que en las elecciones europeas al Partido Popular le suele ir muy mal cuando hay abstención. Es decir, no hay una relación tan directa.

“Lo que pasa es que el PSOE tiene más capacidad de crecimiento entre la gente que vota en contra del PP”, afirma Michavila. En opinión de este sociólogo, “la etiqueta izquierda y derecha es una forma en la que los políticos ven la realidad, pero al entrevistar a la gente ese eje está cada vez más desdibujado. Simplificar el voto al eje izquierda-derecha es no entender bien la motivación del votante”.

Michavila vaticina, acogiéndose a los datos de sus estudios, que el 20-N no va a haber tanta abstención de izquierdas. “La participación no va a caer tanto (no bajará del 70%), lo que sí va a haber es un desplazamiento de votos al resto de formaciones y al PP”, opina el presidente de GAD3. Y desglosa sus previsiones: “El PSOE va a perder tres millones de votos, de los cuales un millón va a ser de los que se queden en casa, otro se va a ir al PP y el tercero a partidos minoritarios, como UPyD, IU o Equo, porque el caso de Amaiur es distinto”.

La mayoría de los expertos consultados coincide en que solo si todos los indecisos votaran al PSOE y optaran por apoyarlo en lugar de a los grupos minoritarios, los nuevos y los antiguos, este tendría una opción, o al menos evitaría que los populares obtuvieran la mayoría absoluta.

Un especialista vaticina que la participación no bajará del 70%

Michavila resalta que existe una peculiaridad relacionada con la abstención entre los partidos minoritarios, la de Amaiur. “Si hay una alta participación en el País Vasco, Amaiur no tendrá grupo propio. El voto abertzale no es abstencionista, siempre vota, por lo que si hay poca participación sacan muchos escaños. En el año 1989 obtuvieron grupo propio porque hubo una abstención bestial. Lo lógico en estas elecciones es que los vascos vayan a votar mucho, que la participación suba en más de 200.000 votantes. Si pasa esto saldría favorecido el PNV y el PP vasco”.

Narciso Michavila está convencido de que “estas elecciones van a ser las más sociales de la democracia”, y que “el votante va a decidir su voto más por su entorno cercano que por los titulares de prensa”. Por eso cree que “ni el comunicado de ETA ni las noticias sobre posibles casos de corrupción que están saliendo estos días tendrán apenas impacto, ni siquiera el resultado del debate a dos en TVE-1”. Pero Michavila no cree que la economía sea lo único que vaya a mover voto: “Tiene razón Rubalcaba cuando dice que ‘el elector no vota solo por economía’. Que ahora la economía sea lo más importante no quiere decir que sea lo único. Sigue habiendo preocupación por la vivienda, por la educación, por la igualdad, etcétera. Lo que sí pasa ahora a un segundo plano son los debates identitarios: lengua, estatutos, etcétera”.

Belén Barreiro se atreve a ir más allá y hace un análisis a medio plazo. “Al PP le puede estallar todo de golpe. Se está viendo en otros países cómo la crisis provoca cambios rápidos de Gobierno, David Cameron en Reino Unido, por ejemplo, lo está sufriendo ahora y lleva en el cargo desde mayo de 2010”. En su opinión, si el Partido Popular, “aunque arrasara, aplica sus políticas liberales de ajustes y privatizaciones crecerá el paro y aumentarán la desigualdad y la pobreza, lo que es una bomba social. Si ganan será sin que el país se haya vuelto de derechas”.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >