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Rajoy centra su ataque en el paro y Rubalcaba en cómo salir juntos de la crisis

El líder del PP: "Nos jugamos seguir así o gestionar de otra manera"

El candidato del PSOE: "Saldremos juntos de la crisis, codo con codo, y con Europa"

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Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy se saludan ante Manuel Campo Vidal.

No podía ser de otra manera. La crisis, y sobre todo el paro, su elevado nivel actual por encima del 20% y su cobertura en el futuro, han centrado totalmente el primer bloque y el fondo del debate entre los dos principales candidatos a la Presidencia del Gobierno que se ha celebrado esta noche. El primero que ha sacado el asunto ha sido naturalmente Mariano Rajoy, el líder del PP, para minar la credibilidad de su rival. Rajoy le ha lanzado así el primer golpe: "Ustedes se han visto forzados a anticipar las elecciones porque la situación es insostenible con cinco millones de personas que no pueden trabajar". Alfredo Pérez Rubalcaba ha intentado no eludir ese asunto clave, que pesa sobre su campaña como una losa. Ha admitido que el momento es grave pero ha advertido de que los dos modelos en juego, el del PP y el del PSOE, no son iguales tampoco sobre ese asunto. Y ha aprovechado para lanzar un dardo envenenado al acusar a su rival de ocultar su intención de modificar el sistema de cobertura de desempleo para bajarlo si gana como quiere la CEOE, la patronal.

El debate no fue un debate más. Era un debate a vida o muerte. Los dos candidatos sabían lo que se jugaban porque no habrá revancha. Habrá encuestas y sondeos interpretativos. Pero la sensación general ayer, tras el quinto debate que se celebra durante esta etapa democrática, no fue de derrota apabullante ni de victoria reluciente para ninguno. Ambiente de empate técnico. La encuesta de Metroscopia para POLÍTICA y EL PAÍS así lo ratifica, apenas cuatro puntos de ventaja a favor en este caso de Rajoy. En algunas redes sociales, como Youtube, el triunfo se otorgaba a Rubalcaba.

Después de casi dos horas, el debate, además, acabó muy parecido a cómo empezó, pero con otro tono. Rajoy recalcó su idea madre: "La cuestión es continuar así o gestionar de otra manera. España necesita cambio. Tenemos una oportunidad para recuperar lo que no teníamos que haber perdido. Se puede hacer, España es una gran nación, no se rinde nunca".

Rubalcaba fue en el argumentario final más efectista, emocional y contundente: "La situación es muy difícil. Hay que combatir la indiferencia. La abstención no da becas ni crea riqueza para la democracia. Podemos salir de la crisis, juntos, con acuerdos, codo a codo, con los europeos, no para desequilibrar los servicios fundamentales y elementales ni las aportaciones sociales. No tengo la solución a todos los problemas. Pero no me arrugo, no me echo para atrás, porque hay que trabajar y ayudar. España merece la confianza y la mía la tiene". La última fase de esta parrafada iba destinada a la línea de flotación de una de las carencias más cuestionadas y que más molesta al presidente del PP: su capacidad de trabajo.

Rajoy había empezado primero, porque se había decidido así por sorteo, el determinante bloque económico. Traje gris, corbata azul. Creía llegar con todas las cartas en su mano para barrer.

El líder del PP fijó sus posiciones de inmediato: "El debate no es si gobierna uno u otro, lo que está en juego es si se sigue en la misma senda o se cambia de rumbo y se empieza a ver la luz al final del túnel".

Rubalcaba replicó con dos tácticas. Primero explicar que la crisis que padecemos tuvo su origen en Estados Unidos y ahora con sus secuelas en Grecia. Y, segundo, y sobre todo, interpelar al candidato del PP para intentar demostrar que no precisa nada en su programa ni en sus ideas para poder tener manos libres a la hora de actuar si gana las elecciones del 20 de noviembre. Rubalcaba, además, se quiso presentar como un hombre de Estado al adelantar tres compromisos si llega a ser presidente: un acuerdo nacional de empleo, un equilibrio de las políticas sociales y una garantía para los servicios básicos y públicos.

Todo ese capítulo lo resumió en una máxima que ya había anticipado en los últimos días. Rubalcaba quiere "tirar de los poderes públicos para crear empleo". Un Plan Marshall europeo. Y en esa línea demandará actuaciones determinantes del G-20, del Banco Central Europeo y del Banco Europeo de Inversiones.

Rajoy, claro, lo tenía relativamente fácil. Y no se desvió del guion previsto. No tardó el candidato del PP en recordar a Rubalcaba que todas sus ideas estaban muy bien pero que sonaban a excusas porque él había estado en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hasta hace muy pocos meses y no las había puesto en práctica. El dirigente popular reiteró de nuevo la cifra de los cinco millones de parados, la de los 3.314.000 desempleados en esta legislatura, la del 45% de jóvenes sin trabajo. Y sentenció: "Si ustedes hubieran hecho bien las cosas no estaríamos como estamos, la crisis nos habría afectado menos". Es decir, remachó los errores de diagnóstico del Gobierno Zapatero.

Rubalcaba, entonces, miró hacia atrás. Se remontó a la época de los Gobiernos de José María Aznar y del propio Rajoy para achacarles el fomento de la especulación y de la burbuja inmobiliaria en España. El popular buceó en la hemeroteca y ofreció los datos récords de construcción de viviendas y licencias de visados durante la primera legislatura socialista. Rubalcaba admitió que habían tardado en pinchar la burbuja generada e impulsada por la ley del Suelo del Ejecutivo Aznar en 1998.

En ese punto, el actual líder socialista repitió algunas de las promesas que lleva en su programa para liberar de los costes de la Seguridad Social a las empresas de menos de 50 trabajadores los próximos dos años, a los contratos de formación y a los de prácticas.

Fue ahí cuando Rubalcaba endureció su tono y pasó al ataque. Rescató unas supuestas declaraciones de Rajoy al diario argentino La Nación en las que habría puesto en duda el futuro de la cobertura de desempleo. Y le exigió a su contrincante que aclarase si lo iba a hacer ya que no figuraba en su programa electoral. El dirigente socialista apreció pronto que ese directo había sentado muy mal a Rajoy y profundizó en la herida. Fue cuando aseguró que Rajoy también tenía pensado sacar a las pymes, pequeñas y medianas empresas, de los actuales convenios colectivos.

Rajoy quiso reaccionar de inmediato. Saltó y negó la mayor. Acusó a Rubalcaba de mentir y le llamó "insidioso". Y agregó: "Conociéndole, no me sorprende". Pero se vio obligado a ir a remolque y a precisar: "No voy a modificar el seguro de desempleo y ustedes sí lo hicieron, con la reforma laboral, que provocó una huelga, y con los contratos temporales". Los candidatos se enzarzaron y empezaron a cruzar reproches. Rajoy negaba y negaba. Rubalcaba apostilló: "Yo le digo lo que va a pasar, usted va a cambiar el sistema de desempleo y lo va a bajar".

Mariano Rajoy terció de nuevo: "Usted bajó el sueldo de los funcionarios, usted eliminó el cheque bebé, suprimió los 400 euros, la deducción de vivienda, el IVA subió, congeló las pensiones, y no lo llevaba en su programa. Yo no soy como usted".

El debate se enredó a continuación con el capítulo de la defensa o cuestionamiento de la sanidad y de la educación pública. No se sacaron muchas conclusiones. Rubalcaba aprovechó para poner en solfa el nombre y capacidad de gestión de la presidenta madrileña, la popular Esperanza Aguirre, contra esos servicios públicos. Y no perdió ocasión para ironizar con la idea de Rajoy de conceder más autoridad a los profesores mientras en Madrid los populares les tachan de vagos. Rajoy volvió a la defensiva. Rubalcaba sentenció: "La sanidad y la educación pública no están garantizadas con ustedes".

El debate avanzaba hacia su recta final. El moderador, Manuel Campo Vidal, toda la noche en su papel, sin provocar grandes interrupciones, sin molestar, sugirió entrar en el genérico apartado de otros: democracia, seguridad, derechos sociales... Los duelistas lo interpretaron a su manera. Rubalcaba apuntó contra el recurso del PP contra los matrimonios Gays todavía a la espera de resolución en el Tribunal Constitucional. Rubalcaba inquirió a Rajoy para que dijera que lo retiraría "porque la gente tiene derecho a casarse con quien quiere, no se obliga a nadie". No lo logró. Rajoy no aclaró qué hará. Sí admitió que no lo lleva en su programa y que quiere esperar a ver qué hace el Constitucional.

Nada se avanzó sobre la reforma de las administraciones. Primero porque Rajoy quiere un pacto global por la austeridad que implique a todas. Rubalcaba prefiere comenzar por eliminar ya las Diputaciones. Rajoy, que fue presidente de la Diputación de Pontevedra con 28 años, al inicio de su carrera política, las glosó como algo importante porque gracias a ellas él vio llegar "la luz eléctrica" a algunos municipios de su provincia. Sobre ETA, nada, sobre Seguridad Ciudadana, apenas nada, sobre inmigración, medio ambiente, política exterior, nuestro protagonismo internacional, nada. El duelo se había pactado, negociado y cerrado en tres bloques. No dio para más.