La dimisión de Camps agrava la crisis política en la Comunidad Valenciana

El ya expresidente de la Generalitat deja un panorama de difícil gestión en un momento crítico

Francisco Camps y Alberto Fabra, en una imagen de archivo
Francisco Camps y Alberto Fabra, en una imagen de archivoJuan Carlos Cárdenas (EFE)

Si la situación judicial en la que están inmersos muchos de los dirigentes del PP de la Comunidad Valenciana ya arrojaba un panorama político de difícil gestión, la dimisión del presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y la designación del alcalde de Castellón, Alberto Fabra, como su sustituto no hacen más que agravar la crisis política en la que está inmersa la autonomía.

De momento, la rendición de Camps supone que, hasta la elección de Fabra, el gobierno de la Comunidad Valenciana permanecerá en funciones, ya que será uno de los miembros de su equipo quien tenga que hacerse cargo de la presidencia, que no puede quedar al descubierto. El calendario que se maneja es que la elección habría de celebrarse en un pleno de las Cortes la próxima semana, después de que el grupo Compromís no haya renunciado a presentar un candidato alternativo pero sí se haya comprometido a que la investidura se celebrará la próxima semana, el martes 26.

El PP parece tener prisa en culminar la transición y hoy mismo, horas después de que Camps presentara formalmente su dimisión en el registro de las Cortes, el Comité Electoral Nacional del PP, presidido por Miguel Arias Cañete, ratificaba la candidatura del alcalde de Castellón, Alberto Fabra, a la Presidencia de la Comunidad Valenciana.

Todos los indicios apuntan a que Fabra mantendrá al equipo nombrado por Camps que, quizá después del verano, podría dejar de ser el equipo que “no existe”, ya que hasta ahora y desde que tomó posesión se ha caracterizado por la inoperatividad. Pero, como jefe del Ejecutivo, tiene la opción de realizar algún cambio y estos, aunque podrían producirse incluso en agosto, sería prolongar, aún más, la puesta en marcha de la gestión de la administración valenciana. Otra cosa es lo que Alberto Fabra se encuentra en la Generalitat.

Además, el nuevo presidente que, de momento es coordinador del PP valenciano, habrá de pasar el trago del juicio, que se celebrará en otoño, que puede prolongarse a lo largo de todo un mes y en plena campaña electoral de las elecciones generales. A todo ello se une el hecho de que no se descarta la opción de la dimisión temporal, es decir, que Camps tratara de volver a la presidencia de la Generalitat en el caso de que sea declarado inocente. En este sentido, el secretario de comunicación, Esteban González Pons, ya ha manifestado que, si se probara su inocencia, “volverá a la política”.

Alberto Fabra, obviamente, se quedará sin vacaciones, y habrá de someterse a un cursillo acelerado e intensivo, dado que lo máximo que ha gobernado hasta ahora ha sido una ciudad de 180.000 habitantes con un presupuesto de 162 millones de euros, mientras que desde la Generalitat ha de gobernar para más de cinco millones de personas y administrar un presupuesto de 13.700 millones. Una vez más, a Alberto Fabra, el cargo le ha venido por la dimisión de su antecesor. En 2005 llegó a la alcaldía de Castellón con la dimisión de José Luis Gimeno. Ahora, llega a la de la presidencia de la Generalitat, tras la dimisión de Camps.

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Su traslado a Valencia supone que los habitantes de Castellón pasarán a tener un alcalde al que no han votado y un presidente de la Generalitat que tampoco se corresponde con el anunciado. Su sucesor, que previsiblemente será Alfonso Bataller, fue elegido concejal, por primera vez, hace dos meses, con lo su experiencia en la gestión local tampoco abunda. El miércoles será elegido alcalde, lo que precisará de la renuncia de tres concejales de la lista del PP que figuraban por delante de Bataller.

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