“Tahera se puso morada”: la vuelta a la vida de una niña en Afganistán

Continuamente llegan niños que ya no tienen fuerzas ni energía para luchar al hospital de Rehat. Una enfermera de MSF relata que muchas veces da igual lo que hagan, porque el sarampión y la desnutrición acaban con la vida de los pequeños

Un paciente en la sala de aislamiento de sarampión en el hospital Boost, Afganistán. Más de 440 pacientes con esta dolencia fueron atendidos aquí entre enero y febrero de 2022.
Un paciente en la sala de aislamiento de sarampión en el hospital Boost, Afganistán. Más de 440 pacientes con esta dolencia fueron atendidos aquí entre enero y febrero de 2022.Tom Casey (MSF)

Se llamaba Tahera (nombre supuesto para preservar su identidad). Sus padres la trajeron al hospital de Rehat, apoyado por Médicos Sin Fronteras. Llegó con una erupción que se expandía por su pequeño cuerpo. Después de una revisión médica, fue trasladada a la sección de cuidados intensivos de sarampión, donde teníamos a unos 50 pacientes en un espacio que solo está habilitado para acoger a 20.

Tahera cada día se encontraba peor y cada vez le costaba más respirar. Además de tener sarampión, estaba claramente desnutrida. Viendo que no mejoraba, la llevamos a la zona de pacientes críticos. Solo con cogerla en brazos, ya podías notar que la pequeña estaba completamente al límite.

Con demasiada frecuencia, varias veces al día, nos llegan niños que ya no tienen fuerzas ni energía para luchar. En ocasiones, da igual lo que hagamos; acabamos perdiendo a muchos pacientes, sobre todo a aquellos niños y niñas que tienen sarampión y que están ya muy débiles. En los últimos tiempos, la media es de dos al día.

Mientras acostábamos a Tahera en la cama, veíamos con angustia los enormes esfuerzos que hacía para respirar, usando cada uno los músculos de su cuerpo para tratar de hacer entrar y salir aire de sus pulmones. Sus ojos se iban entrecerrando y su cuerpo empezó a darse por vencido. Hacíamos todo lo que podíamos para no perderla. Le administramos oxígeno para ayudarla a respirar, pero aun así, sus niveles empezaron a bajar muy rápido.

En condiciones normales, una persona que esté sana tiene los niveles de oxígeno por encima del 95%. Tahera los tenía mucho más bajos y, daba igual lo que hiciéramos, no paraban: 30%, 28%, 22%... Su piel empezó a ponerse morada. Todos íbamos de un lado para otro pensando en lo que podíamos hacer para salvar a la pequeña y sintiendo una enorme impotencia porque todos los procedimientos estándar nos estaban fallando. Y justo cuando estábamos a punto de perderla, tuvimos una idea.

Cuando un recién nacido no respira bien, se recomienda ponerlo boca abajo, lo que llamamos posición prona. Esto es algo que en Afganistán habíamos hecho con pacientes adultos afectados por la covid-19, pero nunca habíamos intentado algo similar con niños. Era nuestra última opción, así que nos reunimos todo el equipo de sanitarios para intentarlo. Enrollamos a la pequeña en una manta y le dimos la vuelta, acostándola boca abajo con la cara cuidadosamente girada hacia un lado.

En respuesta al brote, habilitamos un espacio de 60 camas solo para pacientes con sarampión; tres días después de abrir, ya teníamos 112 pacientes

A los bebés no les suele gustar esta posición; por ello, era importante minimizar sus niveles de estrés al máximo. Su madre estuvo observando todo el proceso, muy preocupada. Le pedimos que se acercara a su hija para que hablara con ella, le diera la manita y le acariciara.

Durante los cinco minutos siguientes, observamos atentamente los números del monitor de oxígeno de Tahera. Poco a poco, empezaron a subir. Pasaron de 22% a 89, 91, 92%, y se estabilizaron alrededor del 90%, casi números normales. El alivio en el rostro de su madre y de todo el equipo era evidente. Esta vez, habíamos superado las expectativas. Nos giramos y le dijimos a su madre que todo iba a ir bien.

El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas del mundo, pero también es una de las más fáciles de prevenir con una vacuna segura y efectiva. Pero debido a la crisis que atraviesa el sistema sanitario de Afganistán desde hace años, mucho antes de la llegada de los talibanes al poder, muchos niños no se han podido inmunizar. Durante todo este periodo de guerra, muchos se han quedado sin recibir las vacunaciones de rutina, incluida la del sarampión.

Saed Bibi le está dando un vaso de leche a su hijo Saddiqulah, de 10 años, en la pediatría del hospital de Boost, apoyado por MSF. El niño tiene
sarampión, lo que le ha llevado a desarrollar neumonía y sepsis severa.
Saed Bibi le está dando un vaso de leche a su hijo Saddiqulah, de 10 años, en la pediatría del hospital de Boost, apoyado por MSF. El niño tiene sarampión, lo que le ha llevado a desarrollar neumonía y sepsis severa.Oriane Zerah (MSF)

En este último año han aumentado muchísimo los casos en todo el país, no solo en Herat, donde nos llegan más de 200 a la semana, la mayoría de ellos, menores de cinco años. De ellos, el 60% necesitan ser ingresados para recibir cuidados adicionales.

Promover una campaña de vacunación en todo el país podría romper con la cadena de transmisión, pero las sanciones impuestas a los talibanes desde su llegada al poder en agosto del 2021 han significado la interrupción de las ayudas hacia Afganistán, incluyendo la importación de vacunas contra el sarampión. Y es por esta razón que ahora nos encontramos en medio de un brote sin tener dosis suficientes para la población.

Hasta que todos los niños y niñas estén vacunados van a seguir llegando menores como Tahera a nuestro hospital. Y me temo que nosotros seguiremos estando muy ocupados. En respuesta al brote, habilitamos un espacio de 60 camas solo para pacientes con esta dolencia. Y tres días después de abrir, ya teníamos 112 pacientes; la mayoría de ellos compartiendo camas debido a la falta de espacio.

Nuestros equipos de Herat y Kabul, después de muchas negociaciones, consiguieron que nos administraran suficientes vacunas contra el sarampión para inmunizar a toda la ciudad de Herat, de donde provienen la mayoría de nuestros pacientes. Y, aunque gracias a esta campaña salvaremos muchas vidas en Herat, sabemos que muchas otras comunidades no tendrán la misma suerte. Sobre todo, en los sitios donde MSF no está presente y donde la situación es aún mucho peor que aquí.

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