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Coordinado por Gonzalo Fanjul

La culpa de todo la tiene el modelo de desarrollo

Proponemos cuatro preguntas y sus respuestas para analizar cuáles son las causas de los problemas a los que se enfrentan las organizaciones internacionales de cooperación

Dara Oliveira da de comer a su hija en su casa en una área ocupada por cientos de familias pobres en Río de Janeiro (Brasil). Oliveira está criando a su hija sola y depende de la ayuda alimentaria para su subsistencia.
Dara Oliveira da de comer a su hija en su casa en una área ocupada por cientos de familias pobres en Río de Janeiro (Brasil). Oliveira está criando a su hija sola y depende de la ayuda alimentaria para su subsistencia.Silvia Izquierdo (AP)

“La culpa de todo la tiene Yoko Ono…”, decía Def Con Dos, grupo pionero del hip hop en español que muchos bailamos en nuestros años mozos. Para las ONG no es Yoko Ono la culpable, sino el modelo de desarrollo. Explicamos a través de este término abstracto las causas de los problemas más profundos, con grandilocuencia sistémica, como el último de los males destinados a combatir. Haz la prueba, pon en Google el término junto con el nombre de tu ONG preferida y verás el alto número de menciones.

Sirve para todo: análisis de contexto, planes, estrategias, proyectos e iniciativas varias. Los más osados, y confieso haber pecado también, lo señalan incluso como parte de sus objetivos: “Cambiaremos el modelo de desarrollo” a través de X o Y acciones en determinado período de tiempo. Tenía sentido hace una década, como una forma de diferenciarse de la cooperación más asistencialista, pero ya ha dejado de ser suficiente. Se nos exige más.

Hablar ahora de modelo de desarrollo es una sobre simplificación que no se sostiene por más de cinco minutos de conversación con quienes realmente tienen la capacidad de dictar doctrina de desarrollo como organismos internacionales, bancos de desarrollo, fundaciones o gobiernos. Sin ese rigor, perdemos credibilidad, nos aleja de saber si realmente estamos contribuyendo a cambios con algo de calado, si somos útiles.

No toda ayuda sirve, hay alguna que perjudica, que desmoviliza comunidades, que las hace conformistas ante sus autoridades o que las divide

Habrá quien diga que “mejor hacer algo que no hacer nada”, pero creo que nuestra responsabilidad como actores de desarrollo debe ir mucho más allá de ese argumento plano. Es más, no toda ayuda sirve, hay alguna que perjudica, que desmoviliza comunidades, que las hace conformistas ante sus autoridades o que las divide. Todos los que trabajamos en cooperación lo entienden.

Propongo para ello renovar nuestro argumentario sobre las causas sistémicas de la pobreza a través de cuatro preguntas y sus respuestas. Para que cuando hablemos sobre modelo de desarrollo, no nos cojan en curva.

La primera, ¿de qué hablamos cuando proponemos un nuevo modelo de desarrollo?

Para los sectores conservadores, con mucho poder ahora, todo lo que no sea la economía de mercado como actualmente la entendemos es comunismo. Esto no ayuda a un debate sosegado sobre modelos de desarrollo. Desde la alianza Well Being Economy llevan años haciendo un trabajo fantástico para sugerir un modelo alternativo dentro de los límites planetarios actuales. Islandia, Finlandia, Escocia o Nueva Zelanda lo han asumido como propio. Profundiza en este Kate Raworth, de la universidad de Oxford, con su libro La economía del Donut. Y más recientemente el secretario general de la ONU ha realizado unas declaraciones en la misma dirección, así que el tema está agarrando vuelo.

El segundo, ¿hablamos únicamente de economía o también de instituciones políticas?

Las ONG no solemos entrar mucho en el asunto de las instituciones, pero si el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con sus programas sobre gobernabilidad o la reputada Fundación Friedrich Ebert Stiftung centran en esto su trabajo, por algo será.

Es la corriente que señala que el diseño institucional es el causante de muchos de los problemas de inestabilidad en los países del sur. En América Latina, por ejemplo, el impacto del presidencialismo ha llevado a ríos de tinta entre politólogos. Hay que leer para profundizar a Juan J. Linz, de la Universidad de Yale. Un clásico. Con la misma vehemencia, otros institucionalistas insisten en la importancia de los sistemas electorales y los partidos políticos para la democracia y para el desarrollo de los países. Los capos en esto son D. Nohlen de la universidad de Heidelberg y Steven Levitzky de la universidad de Harvard.

Tercera, ¿la culpa la tiene realmente el neoliberalismo o la cosa venía de antes?

A medida que uno profundiza en cómo fueron las décadas anteriores en los países del sur, el argumento de que el neoliberalismo es lo equivalente a las siete plagas de Egipto no se sostiene. El neoliberalismo es causante de muchos de los problemas actuales, sobre todo de la extrema desigualdad, lo llevan tiempo señalando Oxfam o Piketty, y más recientemente el FMI también. Hay consenso al respecto. Pero otra parte de los problemas venían de antes.

La etapa anterior al comienzo de neoliberalismo, la de los 80, fue la famosa década perdida que asfixió la economía de gran parte de los países del sur con la deuda externa. Sus duros ajustes hacia sistema colapsado fueron el neoliberalismo. Las tres anteriores, América Latina intentó y exportó un modelo alternativo con la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) de Raul Prebisch que funcionó en los países más grandes de la región, pero no tanto en el resto. No fue diferente a mucho de lo que proponemos como “modelo alternativo” y que ya se probó.

Y si uno se pone más quisquilloso, algunos autores van más atrás. James Mahoney, de la universidad de Northwestern, demuestra cómo el tipo de colonización que los países padecieron determina su desarrollo posterior. El neoliberalismo parece así demasiado coyuntural. Su principal argumento es que, en el último siglo, el ranking latinoamericano de desarrollo de los países prácticamente no ha cambiado, salvo en el caso de Venezuela. Como comenzaste como país, te quedas después.

Y cuarta y última, ¿realmente podemos cambiar un modelo de desarrollo?

Uno de los textos más lúcidos e influyentes para el análisis de las posibilidades de cambiar el modelo de desarrollo en las regiones del sur global lo escribió Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil y unos de los principales teóricos del desarrollo y las teorías de la dependencia en América Latina, se titula New Paths: Globalization in Historial Perspective. Viene a decir que los países no pueden desconectarse de la globalización actual y sus reglas, por mucho que no les guste, el capital financiero seguirá imponiéndose y mantendrán a los países del sur en una posición de dependencia. Los territorios pueden mejorar, pero el modelo y la lógica de centro-periferia, cree que no.

“(…) y el espíritu de Lennon que le sale por los poros”, termina la canción. Debemos soñar como lo hacía Lennon en su tema Imagine, donde imaginaba un mundo sin propiedades, sin codicia, sin hambre, una hermandad de la humanidad. El modelo de desarrollo perfecto… e inalcanzable. Que no nos pase a las ONG lo mismo y que nuestros discursos terminen pareciendo una bonita canción con frases preciosas, pero generando pocos cambios.

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