El racismo: una amenaza para la salud pública

Frente a la falta de investigación y la tradicional atribución de las desigualdades a la genética, un estudio de ‘The Lancet’ asegura que la discriminación perjudica la salud de las personas desfavorecidas

Una mujer racializada pasa por delante del departamento de emergencias del University College Hospital de Londres, el 9 de noviembre de 2022.
Una mujer racializada pasa por delante del departamento de emergencias del University College Hospital de Londres, el 9 de noviembre de 2022.Joshua Bratt - PA Images (PA Images via Getty Images)

Las mujeres negras en el Reino Unido tienen cuatro veces más probabilidades de morir durante el parto que las blancas. En Estados Unidos, los negros y los hispanos tienen más posibilidades que los blancos de estar expuestos a riesgos ambientales, especialmente a residuos peligrosos. Estos son ejemplos de cómo el racismo y la xenofobia son perjudiciales para la salud, proporcionados en una nueva serie de cuatro artículos publicada este viernes en la revista médica británica The Lancet. Hasta ahora, estos factores —que son problemas globales— han sido pasados por alto. “El racismo y la xenofobia existen en todas las sociedades modernas y tienen profundos impactos en la sanidad de las personas desfavorecidas. Hasta que sean universalmente reconocidos [...], las causas de la discriminación permanecerán en la sombra y seguirán causando y exacerbando las desigualdades”, escribe Delan Devakumar, profesor del University College de Londres (UCL) y autor principal de la serie.

En todas las afecciones médicas, desde cánceres hasta enfermedades cardiovasculares y la covid-19, la casta, el origen étnico y la raza a menudo figuran como factores de riesgo, aseguran los documentos. Sin embargo, afirman, las razones por las que las minorías tienen un mayor riesgo de enfermedad no han sido examinadas adecuadamente por parte de los profesionales de la salud y los investigadores, y existe una tendencia a asumir que estas desigualdades están determinadas genéticamente y son inmutables. La serie desafía esta noción, pues la ciencia ha demostrado que los humanos son una de las especies genéticamente más similares entre sí y que, por lo tanto, no pueden dividirse en subespecies o razas.

La discriminación también moldea las condiciones de vida y sienta las bases para muchos de los factores de riesgo asociados con la mala salud

Estos procesos complejos e interactivos, señalan los estudios, afectan a las minorías durante toda su vida. La evidencia demuestra, explican, las consecuencias intergeneracionales del trato desigual, que moldea las condiciones de vida y sienta las bases para muchos de los factores de riesgo asociados con la mala salud. Como la exposición a viviendas de mala calidad, la pobreza y la violencia en los vecindarios, la contaminación del aire y el acceso limitado a espacios verdes y alimentos nutritivos. Además, la discriminación limita las oportunidades a través de las cuales las personas pueden mejorar su salud y bienestar, como la educación formal, el ocio, el trabajo y la atención médica.

Además, la serie enfatiza el significativo papel de las respuestas fisiológicas causadas por la discriminación pasada y presente en la explicación de las inequidades raciales en salud. A nivel individual, afirman los ensayos, el trato desigual puede activar las respuestas hormonales y de estrés del cuerpo, lo que podría causar cambios biológicos a corto y largo plazo.

La evidencia plantea que los impactos biológicos de la discriminación son un factor importante de las inequidades raciales en la salud, en lugar de la diferencia genética, como a menudo se ha asumido
Sujitha Selvarajah, especialista en obstetricia y ginecología del UCL

“La discriminación afecta a la salud de muchas maneras, que a menudo han sido difíciles de medir porque sus efectos pueden aparecer a largo plazo. Sin embargo, la evidencia plantea que sus impactos biológicos, directos e indirectos, son un factor importante de las inequidades raciales en la salud, en lugar de la diferencia genética, como a menudo se ha asumido”, confirma la doctora Sujitha Selvarajah, especialista en obstetricia y ginecología del UCL. “A nivel social, la discriminación es costosa e inflige un trauma colectivo. Hacemos un llamamiento al reconocimiento del racismo y la xenofobia como factores determinantes de la salud, como ya ocurre con los factores políticos, sociales y económicos”, denuncia.

Transformar los sistemas discriminatorios

Se necesita una acción más amplia y profunda para transformar los sistemas que reproducen el racismo y la xenofobia, proponen los autores de la serie, y sugieren la puesta en marcha de “intervenciones de salud pública antirracistas”. Por ejemplo, programas de educación temprana que reduzcan los prejuicios hacia los grupos discriminados y mejoren la sensibilidad cultural de los proveedores de atención médica.

También, analizan, hay precedentes de acción comunitaria. Como las campañas organizadas por mujeres negras seropositivas en protesta por la inacción del Gobierno sobre el VIH en Sudáfrica, que afecta de manera desproporcionada a la comunidad negra, que han obligado a las compañías farmacéuticas a ofrecer medicamentos contra el virus a precios asequibles. O de “legislación y políticas de equidad racial”, tanto institucionales como nacionales, ya que leyes más sólidas están asociadas con mejores resultados para los grupos racialmente minoritarios.

Sobre todo, inciden los autores de la serie, todas las medidas deben abordar la “naturaleza interseccional” de la discriminación estructural, al considerar las interacciones con otras formas de opresión como el sexismo o el prejuicio social contra las personas con discapacidad.

“En los últimos años, hemos sido testigos de la persistencia del colonialismo. Durante la pandemia de la covid-19, hemos visto cómo el acceso a vacunas que salvan vidas ha sido estructurado en líneas coloniales y raciales, ya que países de altos ingresos en el Norte Global han recibido un acceso privilegiado a estas”, escribe Gideon Lasco, antropólogo médico de la Universidad de Filipinas. Las últimas estimaciones sugieren que, si bien el 70% de las personas en Europa han recibido al menos una dosis, esta cifra sigue siendo solo el 32% en África. “Se está produciendo una situación demasiado familiar en el contexto de la crisis climática”, denuncia Lasco, “con poblaciones desfavorecidas que ya se ven afectadas negativamente por los impactos del calentamiento global en la salud, a pesar de que a menudo son los que menos contribuyen a las emisiones históricas de dióxido de carbono”. Y termina: “A menos que tomemos medidas para transformar los sistemas que defienden el racismo y la xenofobia, seremos incapaces de abordar las desigualdades raciales en la salud”.

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