La pandemia golpea con fuerza a los trabajadores de la confección asiáticos

Las ONG dicen que en Camboya y Bangladés se han enfrentado a un empeoramiento de las condiciones laborales desde la llegada de la covid-19

Las empleadas del sector de la confección regresan a las fábricas a trabajar después de la reapertura por la covid-19 en Dacca, Bangladés, el 4 de mayo de 2020.
Las empleadas del sector de la confección regresan a las fábricas a trabajar después de la reapertura por la covid-19 en Dacca, Bangladés, el 4 de mayo de 2020.MOHAMMAD PONIR HOSSAIN (Reuters)

Durante 15 años, Mom trabajó en una de las fábricas textiles de Camboya, sometida a largas jornadas laborales y presenciando innumerables casos de explotación en su puesto de trabajo. Desde que golpeó la pandemia de covid-19 en marzo de 2020, su situación empeoró. Los objetivos de producción de la compañía aumentaron de 350 a 400 artículos por hora, pero su salario siguió siendo el mismo. Más allá de eso, tuvo que soportar el fuerte aumento de precios derivados de la situación de incertidumbre y las restricciones impuestas por los gobiernos para impedir la expansión del virus.

La historia de Mom fue recopilada por la ONG Action Aid Australia para preparar el informe Víctimas de la moda: cómo los trabajadores de la confección en Bangladés y Camboya están sufriendo las consecuencias de la covid-19, publicado en diciembre después de entrevistar a más de 200 empleados de la confección en ambos países.

La ONG confirma en un correo electrónico que, desde esta publicación, no han realizado nuevas investigaciones sobre cómo han cambiado las condiciones laborales en Bangladés y Camboya para analizar posibles mejoras a lo largo del primer trimestre de 2022. Sin embargo, siguen con atención el caso de los despedidos de la empresa Violet Apparel de Camboya, el cual se menciona en el informe. El taller cerró en julio de 2020 y no pagó a los damnificados la totalidad de los salarios, beneficios e indemnizaciones que se les debían. Producía ropa para Nike y Matalan.

Una mujer trabaja en una fábrica textil de Dacca, Bangladés, en mayo de 2020.
Una mujer trabaja en una fábrica textil de Dacca, Bangladés, en mayo de 2020.Mohammad Ponir Hossain (Reuters)

La Alianza Camboyana de Sindicatos (CATU), que representa a los perjudicados por el cierre, sigue peleando por conseguir indemnizaciones. Exige 320 euros en concepto de honorarios no pagados, prestaciones e indemnizaciones por despido, las cuales incluyen compensación por no haber notificado previamente el cese laboral, indemnización por antigüedad y el pago de vacaciones anuales no disfrutadas, añaden.

En febrero, ActionAid Camboya, ActionAid Australia, la CATU y otros miembros de la Campaña Ropa Limpia escribieron a los representantes de las marcas exigiendo que resolvieran la disputa. Según explicaron a este diario a mediados de abril, todavía no han recibido una respuesta.

El informe de Action Aid Australia resume el inmenso impacto de los últimos dos años en quienes fabrican la ropa que se envía a Europa y Estados Unidos, los principales mercados de exportación para los sectores de la confección de estos países asiáticos, cuyas economías son unas de las más dependientes del sector textil en todo el mundo.

“Al ver que los supervisores explotaban a sus subordinados, quise hacer algo al respecto”, expresó Mom. “Cuando los trabajadores pedían irse a casa después de haber terminado toda su labor, ellos no les dejaban, les obligaban a quedarse horas extras. Sentí que esto no estaba bien, pero nosotros no tenemos ningún poder para hablar con los responsables”.

Mom decidió unirse a la CATU para proteger sus derechos. La mujer ya vivía por debajo del salario mínimo antes de la pandemia. Cuando el virus se propagó en Camboya, en algunas marcas comenzaron los despidos debido a las interrupciones en la cadena de suministro, el cierre de tiendas y la recesión económica. Con recortes de puestos y sueldos, y con sus derechos amenazados, los empleados se vieron en una situación extrema: en la pobreza y con deudas, detalla la ONG en el informe.

Cuando el virus se propagó en Camboya, en algunas marcas comenzaron los despidos debido a las interrupciones en la cadena de suministro, el cierre de tiendas y la recesión económica

Como explica por correo electrónico Christie Miedema, coordinadora de campaña y divulgación de Campaña Ropa Limpia, al comienzo de la pandemia, muchas marcas cancelaron todos sus pedidos en un ataque de pánico, incluso los que ya estaban en producción. “Esto fue un gran golpe para los propietarios de las industrias, muchos de los cuales pasaron el siguiente año compensando esto”, reflexiona la experta. “Como resultado, los dueños, desesperados, se mostraron favorables a aceptar cualquier pedido y precio que una marca estuviera dispuesta a ofrecer”, añade.

La oleada de la variante Delta de la covid-19, golpeó mucho más fuerte en Asia que en Europa y Estados Unidos, donde los programas de vacunación cobraban fuerza. En aquel momento, las asociaciones de empleadores de muchos países de la confección presionaron a sus gobiernos para que no cerraran sus fábricas, porque sentían que no podían darse el lujo de perder más encargos, recuerda Miedema.

El mes de abril de 2021 fue especialmente difícil en Camboya y el taller de Mom cerró temporalmente por el aumento de contagios. Como resultado, ella perdió su salario y, aunque pudo acceder a un pago de 36 euros del Gobierno, su empleador se negó a abonarle nada. Entonces Mom y la CATU defendieron su caso y la empresa accedió a retribuirle el 20% de su sueldo y algunos beneficios complementarios. La suma alcanzó un total de 55 euros, insuficiente para cubrir sus gastos diarios.

Michelle Higelin, directora ejecutiva de Action Aid Australia, anota que la industria de la moda en Bangladés y Camboya ha comenzado a recuperarse debido a la reapertura de tiendas en Europa y Estados Unidos. Aun así, considera que los impactos de la pandemia “siguen devastando a los trabajadores en la parte inferior de las cadenas globales de suministro”.

El principal problema son los bajos salarios, lo que significa que los operarios no solo tienen dificultades para cubrir sus gastos más básicos, sino que tampoco pueden generar ahorros en caso de perder el empleo

El principal problema son los bajos salarios, lo que significa que los operarios no solo tienen dificultades para cubrir sus gastos más básicos, sino que tampoco pueden generar ahorros en caso de perder el empleo o de que sufran una reducción de las horas de laborales.

Higelin explica que en Camboya el sueldo medio aumentó de 223 euros en enero de 2020 a 236 euros en agosto de 2021. El mínimo ascendió a 167 euros al mes y no alcanzó los 10 euros de subida demandados por los sindicatos.

“A pesar de la acción continua, los aumentos no han seguido el ritmo de la tasa de inflación y se mantienen muy por debajo de una cantidad digna, de acuerdo al coste de vida en este país, que la Asia Floor Wage Alliance (AFWA) calculó en 537 euros en 2020″, afirma Higelin. AFWA es una alianza laboral y social mundial que está liderada por el continente y que desarrolló una metodología para calcular un jornal suficiente.

Las mujeres trabajadoras en una fábrica textil, en plena jornada laboral, en Dacca, Bangladés, en mayo de 2020.
Las mujeres trabajadoras en una fábrica textil, en plena jornada laboral, en Dacca, Bangladés, en mayo de 2020.MOHAMMAD PONIR HOSSAIN (Reuters)

En enero de 2020, el sueldo medio en Bangladés era de 97 euros; en agosto de 2021, había caído a 89 euros. La profesional explica que aunque estas cantidades están por encima de la que había en 2018, todavía está a menos de una cuarta parte de la que la AFWA considera adecuada para este país en 2020, de 509 euros.

“La presión de los lobbies del sector privado ha provocado que el Gobierno retrase una subida, dejando a los trabajadores con problemas para cubrir un coste de vida cada vez mayor, con unas retribuciones que ya eran insuficientes”, detalla.

Antes de la pandemia, muchas fábricas de ropa en Camboya no defendían los derechos de los trabajadores. Ahora, ellos informan que la situación ha ido a peor. Más del 90% de los encuestados por Action Aid Australia dijeron que están más preocupados por su seguridad laboral desde la llegada del coronavirus, mientras que el 56% informó de que sus derechos han empeorado.

Muchos, además, mencionaron que tenían miedo a presentar una queja y señalaron las consecuencias personales que podrían derivar de hacerlo, como que su supervisor les gritara o les aumentara la faena. Los encuestados también dijeron que desde el inicio de la crisis sanitaria, los jefes tardan más en responder a las quejas, pero como su situación es muy precaria, tienen miedo de organizar una protesta.

Más del 90% de los trabajadores encuestados están más preocupados por su seguridad laboral desde la llegada del coronavirus, mientras que el 56% informó de que sus derechos han empeorado

Miedema explica que, aunque muchas marcas están obteniendo grandes ganancias de nuevo, algunas de las empresas todavía están sufriendo y los empleados lo perciben. La alianza que ella representa siente que no ha habido un avance real en las medidas para hacer justicia ni para asegurar que la situación en la que han tenido que vivir debido a la pandemia no vuelva a ocurrir.

“Los sindicatos y organizaciones laborales de varios países han lanzado una propuesta para que las marcas firmen un acuerdo vinculante en el que se comprometen a pagar los salarios que los empleados han perdido y contribuir a un fondo que les compensaría si una fábrica quiebra. Y que garantice el derecho a la actividad sindical”, apostilla.

En su opinión, esto protegería a los trabajadores de quedarse sin dinero en el futuro si el negocio se va a pique. El modelo también es asequible, según cálculos de la Campaña Ropa Limpia. A las marcas les costaría aproximadamente diez céntimos por cada camiseta que producen, el brindar seguridad salarial a empleadas como Mom.

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