Guinea registra un muerto por el virus de Marburg, el primero de África occidental

La enfermedad es similar al ébola y no existe tratamiento específico ni vacunas para ella; la mortalidad llega al 90% de los casos

Varios sanitarios de Médicos Sin Fronteras trabajan durante el brote de fiebre Marburg declarado en Uige, Angola, en 2005.
Varios sanitarios de Médicos Sin Fronteras trabajan durante el brote de fiebre Marburg declarado en Uige, Angola, en 2005.Jean-Paul Delain/MSF

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No han transcurrido ni dos meses desde que Guinea dejó atrás el último brote de ébola y ya han vuelto a saltar las alarmas, pero no por esta enfermedad, sino por otra muy parecida. Se llama virus de Marburg y se ha cobrado su primera víctima, según han informado las autoridades sanitarias. El deceso se ha producido en la prefectura de Guéckédou de la región de Nzérékoré, en el suroeste del país y, en concreto, cerca de las fronteras con Sierra Leona y Liberia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado, además, que se trata del primer caso identificado en todo el oeste de África de una dolencia que también causa fiebres hemorrágicas para la que hoy día no existe vacuna ni tratamiento específico. Y es muy letal, pues la tasa de mortalidad puede llegar hasta al 90%, tal y como ocurrió en el episodio más grave hasta la fecha, que tuvo lugar en Angola entre 2004 y 2005 y mató a 227 personas.

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El virus de Marburg se llama así porque en 1967 se aisló por primera vez en un laboratorio de la ciudad alemana del mismo nombre, pero su origen es africano, aunque aun incierto. No obstante, se sabe que se transmite por contacto directo con sangre, fluidos corporales o tejidos de pacientes infectados o de animales salvajes, como monos y murciélagos. El periodo de incubación oscila entre los dos y los 21 días, y se contagia de la misma manera que el ébola: por las gotículas contenidas en la respiración, por objetos que hayan estado en contacto con enfermos y por sangre u otros fluidos humanos. El último brote de esta enfermedad se identificó en Uganda en 2017, y otros países que han registrado casos en el pasado, además de Angola, son la República Democrática del Congo entre 1998 y 2000, con 128 muertos; Kenia en 1980 y 1987, y Sudáfrica en 1975, con un muerto en cada episodio.

En el caso de Guinea, el fallecido es un varón que presentó los primeros síntomas el 25 de julio. El 1 de agosto acudió a un centro de salud cerca de su lugar de residencia con síntomas de fiebre, dolor de cabeza y abdominal, cansancio y hemorragia gingival. En los primeros momentos, la mayoría de estos signos son muy parecidos a los de otras enfermedades tropicales como el propio ébola, las fiebres tifoideas o la malaria. Precisamente, a este paciente se le hizo un test de paludismo nada más llegar al centro sanitario, con resultado negativo. De igual modo, recibió los cuidados habituales para controlar los síntomas, principalmente la rehidratación y el suministro de antibióticos, pero al día siguiente, el 2 de agosto, murió en su comunidad.

Tras notificarse el deceso, el centro de salud envió una alerta al departamento de Sanidad de la prefectura en Guéckédou, que a su vez desplegó un equipo de investigación compuesto por autoridades nacionales y expertos de la OMS. Los epidemiólogos recogieron muestras del cuerpo cuyos análisis confirmaron que eran positivas para virus de Marburg. El diagnóstico ha sido contrastado por el Instituto Pasteur de Dakar, en Senegal.

El último brote del virus Marburg se registró en Uganda en 2017, pero el más grave tuvo lugar en Angola en 2005: dejó 227 muertos

Guinea es uno de los países más pobres del mundo (figura entre los últimos puestos del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas) y su precario sistema sanitario se ha visto sobrepasado en los últimos años a causa de las recurrentes epidemias de ébola y la pandemia mundial de covid-19. Pero pese a ello, el país ha actuado con premura gracias, precisamente, a la experiencia adquirida en el manejo de este tipo de virus que causan fiebres hemorrágicas. El último de ébola, durante el primer semestre de 2021, ha dejado 12 muertos, pero el cruento episodio vivido entre 2014 y 2016 se cobró la vida de 11.300 personas. “Aplaudimos el estado de alerta y la rápida acción de investigación de los trabajadores sanitarios de Guinea. La posibilidad de que el virus se propague por todas partes significa que debemos detenerlo en seco “, ha declarado en un comunicado la doctora Matshidiso Moeti, directora regional de la OMS para África.

De hecho, a raíz del último brote se implementó un plan para mejorar la vigilancia de enfermedades con una red de trabajadores de salud comunitarios y un equipo técnico de la OMS que se había quedado en el país durante tres meses para apoyar al Gobierno. Este equipo ahora se ha reutilizado para apoyar las actividades de respuesta al virus de Marburg. “Me tranquiliza que ha sido detectado bastante rápido. Guinea es un país con un saber hacer, un conocimiento que les ha dado ciertos modus operandi y protocolos que son bastante idénticos a los que se deben aplicar en este caso”, comenta Luis Encinas, experto en ébola y Marburg de Médicos Sin Fronteras y coordinador médico durante la epidemia de 2005 en Angola. “Hay medios, sistemas de alerta precoz… Que el contagio haya surgido dentro de estos 90 días ha sido una suerte dentro de lo malo. Los sistemas han funcionado”, indica.

Estamos en un momento clave porque si empiezan a surgir otros casos a raíz de una mala vigilancia o mala detección podemos encontrarnos ante una situación altamente preocupante
Luis Encinas, experto en fiebres hemorrágicas de MSF

En el caso de este positivo, se han identificado cuatro contactos cercanos de alto riesgo (tres familiares y un trabajador sanitario) que se encuentran asintomáticos. Igualmente, se está buscando la fuente de la infección y otros posibles contactos adicionales para controlar el brote, que se ha producido en una zona boscosa y remota en el mismo distrito donde se identificó el de ébola de junio. Al experto de MSF le preocupa, no obstante, que el enfermo detectado acabara por fallecer, pues eso significa que su nivel de contagio llegó a ser muy alto. “Estamos en un momento clave porque si empiezan a surgir otros casos a raíz de una mala vigilancia o mala detección podemos encontrarnos ante una situación altamente preocupante”. El cansancio de la población, ya muy traumatizada por las epidemias anteriores, también es algo a tener en cuenta. “Esto es ya una cuestión de salud mental y pública; puede haber un cansancio emocional y psicológico que les puede llevar a rechazar los modelos de prevención, lo hemos visto con la covid-19″.

Entre las medidas de control, se ha habilitado un centro de operaciones de emergencia en salud pública, se está realizando una investigación epidemiológica en profundidad en torno al caso confirmado y se están siguiendo 145 contactos; además se ha reforzado la información sobre el virus en las aldeas ubicadas en un radio de 15 kilómetros. La cercanía con Sierra Leona y Liberia puede aumentar el riesgo de propagación transfronteriza, por lo que el Ministerio de Salud y Saneamiento también ha iniciado planes de contingencia y avisado a las autoridades de estos dos países.

Sin vacuna

En la actualidad, no existe ningún fármaco o terapéutico específico aprobado para el virus de Marburg. No obstante, los cuidados de apoyo como la vigilancia de los signos vitales del paciente, la rehidratación y el manejo de coinfecciones son elementos esenciales para mejorar las perspectivas de supervivencia. Actualmente se están explorando antivirales (por ejemplo el Remdesivir, utilizado para la covid-19) como parte de ensayos clínicos, pero sin resultados claros.

En mayo de 2020, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) otorgó una autorización de comercialización a una inmunización contra el virus del ébola que, sgún la OMS, podría proteger potencialmente contra el de Marburg, pero su eficacia no ha sido probada en ensayos clínicos. “En cuanto a vacunas y tratamientos se dio un paso de gigante entre 2014 y 2016 con el ébola. Hasta entonces no se había avanzado tanto porque no se había producido ningún tipo de epidemia tan grande, y para que la ciencia pueda evolucionar hay que meter dinero, ganas políticas y sobre todo tener espacio para aplicarla”, opina Encinas.

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Sobre la firma

Lola Hierro

Es periodista y desde 2013 trabaja en EL PAÍS, principalmente en la sección sobre derechos humanos y desarrollo sostenible Planeta Futuro, y coordina el blog Migrados. Sus reportajes han recibido diversos galardones. Es autora del libro 'El tiempo detenido y otras historias de África'. Desempeña la mayor parte de su trabajo en África subsahariana.

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