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Educar para acabar con la trata

Millones de menores de edad son víctimas de violación de sus derechos, sin poder escapar y a la espera de que alguien los rescate. La situación debe abordarse con urgencia pero concienciar a la sociedad de sus gravedad requiere también gran esfuerzo

Una joven sentada frente al mural de un hogar de acogida en Bolivia para niñas y adolescentes víctimas de trata.
Una joven sentada frente al mural de un hogar de acogida en Bolivia para niñas y adolescentes víctimas de trata.Jesús Pastor (Educo)
Nancy Isadora Alé

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A los 16 años, la vida de Camila (nombre ficticio) cambió radicalmente. Vivía con su familia cuando conoció a su “enamorado”, un joven que prometió quererla y cuidarla. Así que llegó el día en que Camila decidió dejar el hogar familiar para irse a vivir con él. Y aquel chico que la trataba bien y que fingía quererla, la alejó de su familia y la obligó a prostituirse.

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La historia de Camila es la de tantas niñas y adolescentes que caen en las redes de trata, un delito que consiste en la captación, traslado, recepción o acogida de personas con fines de explotación. Y es que la trata tiene muchas caras, como la explotación sexual, el trabajo forzado o la obligación de realizar actividades delictivas, entre otros. En definitiva, estamos hablando de una de las peores y más crueles vulneraciones a los derechos de los niños y niñas a la protección, que les impide crecer en un entorno familiar y recibir educación.

Los datos del Informe Global de Trata de Personas de Naciones Unidas mencionan que, en el mundo, al menos 21 millones de personas son víctimas de trata. Sin embargo, al ser un delito que se produce en la máxima clandestinidad, es más que posible que haya millones más. La mitad de ellas sufren explotación sexual y en dos de cada tres casos son mujeres y niñas.

Los tratantes se aprovechan de la situación que viven los niños, como las necesidades económicas, los conflictos dentro de la familia o la situación de irregularidad legal en el país. También son comunes los casos en los que engañan y seducen a las niñas y adolescentes para después someterlas y obligarlas a hacer lo que ellos quieren. Y hablamos de “ellos” porque suelen ser hombres quienes ejercen de tratantes.

Mientras los niños navegan por la red, los tratantes acechan, vigilan y activan sus estrategias para captar a sus víctimas. Y los gobiernos no están siendo ágiles a la hora de proteger a la infancia de los abusadores

La llegada de la covid-19 no ha hecho más que aumentar los riesgos de niños, niñas y adolescentes de caer en las redes de trata de personas. Pocas oportunidades, dificultades económicas en las familias, el cierre de las escuelas que aún continua en muchos países del mundo... A esto, hay que sumarle otro factor que ya estaba presente antes de la llegada del coronavirus y que, ahora, está adquiriendo mayor peso: internet.

El ciberespacio es una maravillosa ventana al mundo. Una oportunidad para relacionarse con los demás, para seguir aprendiendo a pesar del cierre de los centros educativos y para descubrir y compartir intereses. Sin embargo, conlleva sus riesgos. Mientras los niños navegan por la red, los tratantes ingresan en ese espacio para acechar, vigilar y activar sus estrategias para captar a sus víctimas. Y mientras ellos se adaptan rápidamente a los cambios que se producen en internet, los gobiernos no están siendo ágiles a la hora de proteger a la infancia de los abusadores.

Una joven que ha sido víctima de trata aprende cocina en uno de los proyectos de Educo en Bolivia.
Una joven que ha sido víctima de trata aprende cocina en uno de los proyectos de Educo en Bolivia.Jesús Pastor (Educo)

Ante un contexto tan complejo en el que se encuentran millones de menores de edad a nivel mundial, urge tomar medidas globales para evitar que la infancia caiga en las redes de trata. Desde Educo creemos que una de las más efectivas es la educación, en su sentido más amplio y no solo para que los niños para que sepan navegar por internet y las redes sociales con seguridad, o para que detecten cuándo una persona adulta quiere aprovecharse de ellos en la vida real.

Hay que educar a quienes tienen la responsabilidad de cuidar y proteger a la infancia, dándoles herramientas para apoyarles en la crianza de sus hijos, y generar confianza y seguridad en el hogar. Hay que educar a la comunidad para poder desmontar prácticas y creencias que perpetúan los factores de riesgo vinculados a la violencia, la de género y la discriminación, y que hacen que muchos grupos sean altamente vulnerables a la trata de personas. Hay que educar a los políticos, a la comunidad educativa, a los legisladores... En definitiva, a ti y a mí, para que todos seamos parte de la solución. Solo así, educando juntos y desde la raíz, podremos erradicar la trata.

Nancy Isadora Alé es coordinadora del programa de Educo Tejiendo Redes Seguras – Protejeres, con el apoyo de la AECID.

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