Cuentos para (y sobre) el presidente
Relatos tradicionales de los cinco continentes, de Camerún a España pasando por India, Japón y el shtetl, contienen respuestas y preguntas para casi todo: también para la política


El emperador estaba preocupado por la cantidad de robos que se producían en el palacio. Sus consejeros le recomendaron elevar la altura de las murallas. En cambio, Nasreddin, nuestro héroe, le aconsejó que las bajara un poco más. Los ladrones ya estaban dentro: había que facilitar su salida. Esta historia es de otro libro, pero encajaría en los maravillosos relatos reunidos por el guionista, novelista y ensayista Jean-Claude Carrière (1931-2021), originalmente titulados El círculo de los mentirosos y reimpresos ahora como Pequeños cuentos filosóficos (en Lumen ambas ocasiones).
Los cuentos, tomados de tradiciones de los cinco continentes, de Camerún a España pasando por India, Japón y el shtetl, contienen respuestas y preguntas para casi todo: también la política. Figura en la colección El ladrón de oro, narrado originalmente por Lie Tseu y protagonizado por un hombre que roba en el mercado delante de todos. Cuando le preguntan por qué ha cometido su delito en público no habla de una sensación de impunidad, sino de que en ese momento solo veía el oro. Otros cuentos casi parecen describir la opinión pública, las predicciones y la falsificación. En El gran arquero, el emperador de Japón viaja a provincias y ve una flecha clavada en el centro de la diana. Quiere conocer al arquero, pero le dicen que es el tonto del pueblo. Le sorprende su puntería “casi divina” y le responden que es sencillo: “Primero tira la flecha y después dibuja la diana a su alrededor”. En El cambio de las aguas una maldición estipula que un día toda el agua de la tierra desaparecerá, y será sustituida por otra que volverá loco a quien la beba. Solo un hombre hace caso a la advertencia y acumula reservas. Cuando llega el día, la tierra se seca y él vive con su agua. Llueve, se llenan los ríos, vuelve con los demás y no entiende nada: han olvidado todo y solo dicen disparates. El hombre intenta convencerles, pero no lo consigue. Finalmente, decide beber el agua que toma el resto: entonces, cuenta el guionista de Valmont, El fantasma de la libertad o El artista y la modelo, “incluso olvidó el lugar donde guardaba su provisión de agua, y los otros lo tuvieron por un loco, que milagrosamente, había recuperado la razón”.
Otra historia que Carrière toma de la tradición china podría recordar la actual excusa para seguir sin presentar los presupuestos. Un hombre camina lentamente bajo la lluvia y un transeúnte apresurado le pregunta por qué no anda más deprisa. “También llueve delante”, contesta el hombre.


























































