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Editorial

Cáncer y ética científica

El escándalo alrededor de Mariano Barbacid deja lecciones sobre las prisas en la promoción de investigaciones

El oncólogo Mariano Barbacid, en una foto de archivo. Pablo Monge

Lo que debería haber sido una buena noticia sobre la investigación del cáncer se ha acabado convirtiendo en un escándalo lamentable por una concatenación de errores en la gestión de su publicación y su presentación al público. El principal responsable de todo ello, Mariano Barbacid, es uno de los científicos españoles más destacados, un pionero en el descubrimiento de los oncogenes (genes cuyas mutaciones causan cáncer) y el primer director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), lo que tiñe el asunto de un tono particularmente triste. Pero también lo transforma en una lección de ética científica de la que conviene aprender para el futuro.

La investigación de Barbacid y su equipo describe un cóctel triple de fármacos que funciona contra el cáncer de páncreas en ratones. Son unos resultados alentadores sobre uno de los tumores con peor pronóstico en humanos, aunque probar esto, o refutarlo, requiere unos ensayos clínicos que llevarán años y fondos cuantiosos. Cuando ocurra todo eso, y en caso de tener éxito, será el momento de saludar al cóctel triple como la cura del cáncer de páncreas. Hacerlo ahora es una irresponsabilidad. Cuando se hace publicidad de un avance biomédico, se debe tener presente que esa información llega a pacientes condenados a muerte por una patología tan grave como el cáncer de páncreas. Promover falsas esperanzas en esas personas es una mala práctica intolerable.

Hay un segundo ángulo importante. Los firmantes del paper (artículo científico), que se publicó en diciembre en PNAS, la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, debieron informar de que poseen parte de Vega Oncotargets, una empresa fundada hace dos años por Barbacid y otros para la explotación comercial de la investigación de su equipo, y de que han solicitado la patente del cóctel triple contra el cáncer de páncreas. Debieron informar, pero no lo hicieron.

La fundación de empresas satélite alrededor de los centros de investigación es una práctica creciente, muy habitual en Estados Unidos, y recabar fondos privados para proyectos científicos no solo es legítimo, sino también recomendable. Pero los autores del paper incurrieron en un conflicto de interés de manual al no declararlo en la publicación. Esta es la razón de que la Academia norteamericana haya decidido retractar el artículo. No se pone en duda sus contenidos, pero ahora mismo debe considerarse no publicado. No hay fraude, pero sí una infracción ética evidente. Más vidrioso es el hecho de que siguieran recaudando dinero al calor de la expectación mediática cuando ya sabían que el estudio iba a ser retirado.

La ciencia y su comunicación no pueden permitirse atajos resbaladizos. Barbacid y sus colaboradores han cometido un error. Harían bien en reconocerlo y seguir adelante con una investigación que la humanidad necesita.

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