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columna

Deshacer la hipérbole

Quizás el mejor reconocimiento a la Constitución sea entenderla como un pacto vivo y releer su articulado más allá de la cuestión territorial

El Rey Felipe VI interviene en el acto institucional que conmemora la Constitución de 1978, el pasado día 17, en el Congreso. Samuel Sánchez

La Constitución de 1978 es ya la más longeva. Como la fecha exacta es de cálculo impreciso, el Congreso cuadró agendas y convocó el 17 de febrero una sesión conjunta con el Senado presidida por el Rey. Acudieron autoridades históricas y actuales, y Felipe VI subrayó que el secreto de la longevidad constitucional eran sus credenciales democráticas. Santiago Abascal, que prefirió una reunión de Patriotas por Europa, se perdió la fiesta. El líder de Vox reparte carnets de constitucionalidad, pero desprecia el respeto institucional y ya es habitual en lo de saltarse celebraciones constitucionales o plantar al Rey.

Un día antes, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales inició su propia celebración con un ciclo sobre los retos pendientes. Entre las reflexiones compartidas, Meritxell Batet destacó la capacidad de la Constitución del 78 de generar un espacio amplio para la acción política plural y su inclinación a ser un texto de garantía e inclusión, y no de límite y prohibición, favoreciendo consensos para construir un Estado social o modernizar el país. Entre los principales riesgos señaló la polarización. La mala educación y, sobre todo, la confrontación constante, el cuestionamiento de los consensos y de la legitimidad del otro. En palabras de Javier García Roca, la hipérbole. ¿Cómo abordar las reformas para adecuar la Constitución a la España actual en un mundo bronco de deslegitimación institucional?

La respuesta es incierta. Quizás el mejor reconocimiento a la Constitución sea entenderla como un pacto vivo y releer su articulado más allá de la cuestión territorial. Por ejemplo, apostando por su redacción más social. La desigualdad y la percepción de un mundo inseguro en términos de futuro personal, planes o vivienda son terreno propicio para quien busca erosionar la democracia y sus acuerdos. O luchando contra la hipérbole sin caer en ella, distinguiendo ruido y acción. Está bien recordar que, frente a la sensación de bloqueo, la pasada legislatura terminó con 117 leyes aprobadas, algunas, como la Ley de protección a la infancia, con apoyo de todos los partidos excepto Vox. O que en esta legislatura se logró una reforma constitucional que dejó de llamar “disminuidos” a las personas con discapacidad. Una reforma a la que, de nuevo, sólo se opuso Vox, por no blanquear al Gobierno. Y es que la hemeroteca muestra implacable qué partido apuesta por romper el marco constitucional y sus consensos.

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