Sospechosa por intentar alquilar un estudio
Las lectoras y los lectores escriben sobre la crisis de crisis de la vivienda, el accidente de trenes de Adamuz, y la carga mental que recae sobre las mujeres
Yo me acuso. Sí, aquí, públicamente, para que conste: tengo la osadía de intentar alquilar un estudio, pequeño, dentro de mis posibilidades, como vivienda. Al parecer, para cualquier empresa o particular, una persona mayor, divorciada que vive sola, con una renta que es la media nacional, es sumamente sospechosa. No tengo deudas ni multas de tráfico, pero cualquier intento de alquilar un estudio implica desnudar toda mi información fiscal, laboral e incluso personal ante el arrendador. Ya no vale con enviar las dos últimas nóminas en las que se indique que una tiene un contrato fijo y un sueldo medio. Ahora se suele solicitar la última declaración de la renta, las dos últimas nóminas, copia del contrato de trabajo, y justificante de abono en el banco. Por si esto fuera poco, se ha puesto de moda que el inquilino tenga una nómina que triplique el valor del alquiler. De manera que personas como yo con sueldos medios, ya no podemos acceder a ningún alquiler en ninguna ciudad importante de España, si no es con aval. Sin olvidar el hecho de que muchos caseros solicitan una cantidad de reserva previa al contrato mientras revisan tus documentos. ¿Está justificado tanto miedo al inquilino? ¿Debemos normalizar que se nos trate como criminales potenciales?
Flavia Bernar Solano. Madrid
Me vuelvo loco
Desde que tengo uso de razón antes de criticar a los que tienen poder en su acción u omisión me pregunto qué haría yo. Por eso cuando pretendo valorar la situación del ferrocarril en España me vuelvo loco. Secuencia: no se invierte lo suficiente en mantenimiento de alta velocidad pero a la vez hay que priorizar la inversión en las decadentes cercanías sin olvidar que hay amplias zonas sin cobertura de tren que requieren recursos, todo ello, según la variopinta oposición y sesudos analistas, sin subir impuestos, sin detraer fondos de otros servicios públicos y si nos insiste Trump dedicando un 5% del PIB a defensa. ¿Podemos ponernos en modo racional?
Pablo De Vera Moreno. Madrid
Carga mental
Tengo 28 años y la suerte de estar siempre rodeada de mujeres maravillosas que han elegido estupendos compañeros de vida, pero en los últimos días he sufrido un duro golpe de realidad. Victoria, madre de dos niños, me dice que cada mañana su marido le pregunta: “Cariño, ¿cuál es el plan?”. Yo lo comento entre risas e indignación, y Elena, madre de una niña, me dice: “Bienvenida al club, mi marido cada mañana me dice: Amor, ¿hoy qué?”. Teresa se une a la conversación y me explica que su pareja siempre le dice: “Cariño, pídemelo y yo lo hago, pero si no me lo pides yo no me doy cuenta”. María añade que a ella su novio siempre le dice: “Lo siento, no he caído”. Yo, que repito mil veces el discurso del reparto de la carga mental como la gran lucha de las mujeres de esta década, no sé si echarme a llorar o resignarme a que mis amigas y yo viviremos algo parecido a lo que vivieron nuestras madres.
Belén Iborra Plaja. Valencia
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