Sin dudas sobre la falta de ética
Los lectores escriben sobre el libro de los asesinatos de José Bretón, los adolescentes, los trenes en Cataluña y la falta de coherencia de los partidos políticos
Esta semana salió a colación en clase el tema de la publicación del libro El odio de Luisgé Martín, donde el escritor da voz a José Bretón, asesino confeso de sus hijos menores Ruth y José hace ahora 14 años. Pregunté a los alumnos de primer curso de Criminología si creían que era ética la publicación y, unánimemente, dijeron que no: no se habían tenido en cuenta los sentimientos de la madre, ni la doble victimización a la que iba a ser sometida. Después, pregunté si debía primar el derecho constitucional a la intimidad de la madre o la libertad de creación. De nuevo, respondieron que debía primar la intimidad de la víctima por encima de la libertad de expresión. Sin embargo, la editorial y el autor sostienen lo contrario. A ninguno de los dos se les ocurrió informar a Ruth del proyecto. ¿Por qué? ¿Cómo es posible ese ninguneo? El autor dice haber sentido compasión por el asesino. ¿Y quién ha sentido compasión por el brutal impacto emocional de esta publicación en la vida de Ruth? Déjenla en paz, por humanidad, ya ha sufrido bastante.
Guadalupe Bohorques Marchori. Valencia
Cambio de hora
Me acabo de enterar de que este fin de semana se cambia la hora. A las dos serán las tres. Ha llegado a mis oídos a través de un tendero que, mientras troceaba el salmón, ha dicho que este sábado “nos quitan una hora de estar con la mujer en la cama”. Ahora que tan de moda está la serie de Adolescencia, y que tan revueltos nos ha dejado, me ha sido inevitable no cuestionarme si los menores de hoy en día llegan a enterarse de que la hora cambia. No me hagan buscar el nombre de a qué generación pertenezco, pero quizá un cambio de hora no registrado por los chavales, ya que el móvil la cambia solo, sea una de las explicaciones de por qué parecemos de planetas diferentes. Vamos, que lo que quiero decir, es que la broma del tendero no tiene ninguna gracia.
Alex Barahona. Madrid
La tragedia de los trenes
Se habla mucho estos días sobre los trenes en Cataluña. Somos muchos los que, teniendo una estación de tren cerca de casa, vemos ya esta infraestructura pública en Cataluña como el atrezzo de una tragedia que dura demasiado. Este caos y esta dejación de funciones tiene nombre y apellidos: Adif y Renfe. Si algo pudiera agradecer a ambas es que me han ayudado a desarrollar la virtud de la paciencia. Ojalá llegue el día que vuelva a pisar la estación de mi ciudad con la certeza de saber que el tren llega a su hora y que me llevará a su destino con puntualidad. Creo que no es pedir demasiado.
Gerard Fernández Chacón. Parets del Vallès (Barcelona)
De profesión, “sin principios”
Cada día me cuesta más salir de mi asombro. La clase política se ha vuelto totalmente incoherente en cuanto a principios. Así, harto de criticar a Pedro Sánchez por los pactos del PSOE con Bildu y Junts, ahora el señor Feijoó declara que el PP es un “partido libre para llegar a acuerdos”, justificando así sus pactos con Vox en Valencia. De pena. Espero que a partir de ahora deje de criticar los pactos ajenos, o si no seguirá con su política de “consejos vendo que para mí no tengo”.
Juan Manuel Millán Acevedo. Morón de la Frontera (Sevilla)
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