_
_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Juez García-Castellón: ¿Solo mentira?

El juez de la Audiencia Nacional reconoció en un coloquio público que se inventó información cuando hacía de enlace entre Francia y España en la lucha contra ETA

El juez Manuel García-Castellón, a su llegada a la Audiencia Nacional, el pasado martes.
El juez Manuel García-Castellón, a su llegada a la Audiencia Nacional, el pasado martes.Mariscal (EFE)
Xavier Vidal-Folch

Que el juez García-Castellón miente ejerciendo su profesión se conoce por su propia deposición. Lo reconoció por tres veces, al Foro La Región, en el restaurante orensano A Carballeira, el 5 de octubre de 2023.

“Se me ocurrió decir una mentira”, confesó en público; “me inventé” que un sospechoso “estaba localizado en España”, detalló; “era mentira”, abundó. Por tres veces se ufanó de faltar a la verdad con intención de engañar.

Lanzó la mentira en reunión oficial. Actuaba como juez de enlace de España con Francia cuando buscaban mejorar la colaboración antiterrorista. Para lograr que la judicatura francesa intercambiase información “inmediata” sobre delincuentes de ETA (noble fin) apañó un (repugnante) atajo. Instó a sus interlocutores a darle ciertos datos… pues él sabía que el terrorista corso Yvan Colonna, perseguido por asesinar al prefecto isleño estaba en España: “En cuanto lo detengamos, no les pasaremos información”. Era un invento. Era falso.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Conculcaba así “la verdad de los hechos”, un requisito para que una decisión judicial sea justa. Versaba sobre un caso grave de terrorismo (con asesinato), sesgo inquietante de su parcialidad cuando luego imputa ese delito a unos desórdenes públicos agravados (sin acarrear muertes, según los informes policiales y sanitarios). Y la usaba torticeramente para forzar un cambio de opinión. Como amenaza, como chantaje.

Todo eso desborda una vulgar mentira. Viola frontalmente la deontología exigida a un profesional de impartir Justicia: arrancar desde la verdad de los hechos, no inventarlos. Y además, “a sabiendas”, como se refociló en el ágape gallego. Corresponderá al poder judicial decidir que la vergüenza internacional a la que le somete este juez-comisario no quede impune. Si debe investigar que hubiese cometido el delito de prevaricación, y en su caso instar su procesamiento. Es el cometido por los jueces que dictan una resolución a sabiendas de que es injusta. El Código Penal (artículo 404) les impone prisión. E inhabilitación: exclusión de la carrera por un período de hasta 20 años.

Hay más. García ha cometido otras presuntas falsedades en las fechas de vencimiento de plazo, para prorrogar el procesamiento de indepes, lo que anularía el caso. Y trata de engañar a Suiza alegando que “desconocía cualquier cuestión” relativa a una amnistía, cuando en el foro gallego esquivó preguntas escudándose en que “llevo asuntos relacionados” con ella.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
_
Tu comentario se publicará con nombre y apellido
Normas
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_