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Columna
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¿Cuántos niños muertos son una legítima defensa?

Hay menores fallecidos que fueron alguien en vida y otros que no. Y, ¿a quién le va a importar un muerto que no tenía vida?

Israel Hamas
Una mujer abraza el cuerpo de un niño palestino muerto en ataques israelíes en un hospital de Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza, el pasado 17 de octubre.MOHAMMED SALEM (REUTERS)

Se llama Meera y debe tener ocho o nueve meses. Tiene unos ojos verdes preciosos, pero uno de ellos está en carne viva, como parte de su cara. Con el que le queda sano mira nerviosa a un lado y a otro. Meera es una niña palestina que fue alcanzada por fragmentos de misil tras un ataque aéreo. La vi en Eye On Palestine, una cuenta en redes sociales que difunde información sobre la masacre que Israel está llevando a cabo en Gaza. Y volví a este poema de Alba Rico.

“Pasad uno por uno, niños muertos / que os vamos a compadecer / que os vamos a compadecer / niños muertos / habichuelas de aire rojo / sombras gigantes / en la tierra sin hierba / Pasad, venid, escuchad vuestros nombres / Oh James, nombre de príncipe, asesinado a los siete años / el 13 de enero de 2012 en Sacramento, California / por un chiflado que quería salir en la televisión / benditos sean, James, tus patines de ruedas / en el armario cerrado / y tu guante de beisbol/ en el cajón del garaje / malditas sean las cuerdas y los puñales / y los hombres que siegan las viñas de luz / tus padres, James, no distinguen el agua del fuego / el mundo, James, ha perdido un color”. Así arranca el poema, y narra las historias de unos cuantos niños muertos trágicamente, niños argentinos e italianos que jamás debieron morir. Hasta que llega Mohamed Oraif, un niño muerto de 10 años. Entonces el coro le dice: “Oh, niño, quién eres, no estás en la lista/ no tienes nombre ni parientes ni juguetes / las heridas que traes no son tuyas / no estás en la lista, quién eres / ¿de dónde has sacado todas las heridas?”. Mohamed Oraif es palestino.

El poema se llama Los dueños de todas las listas. Es estremecedor porque el homenaje de Alba Rico a esos niños, además de contar su drama, es hacerlo con belleza. Pero, sobre todo, es estremecedor porque encierra una verdad: que hay niños muertos que fueron alguien en vida y otros que no.

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Lo pueden comprobar poniendo la tele. Les contarán la historia de Shani Louk, que era joven, guapa y tenía rastas. Le gustaba visitar a sus abuelos en Alemania hasta que la capturaron como rehén en un festival. Semanas después, informaron a su familia de que la habían matado. O la de Itay y Hadar, una pareja de 30 años que murió para salvar a sus bebés de 10 meses: los escondieron en el refugio de su casa y ellos se quedaron fuera. Fueron tiroteados por Hamás. O la del pequeño Omer, un niñito de cuatro años al que le encantaba jugar con sus dos hermanas hasta que los terroristas acabaron con su vida. Quien no sienta sus muertes, quien no se estremezca al mirar sus fotos, no es humano.

Sin embargo, aunque vean sus imágenes en la tele, rara vez les contarán la historia de Meera, si tenía una muñeca o una hermana, si su madre la quería llevar a visitar a sus primos en Cisjordania o si le gustaba jugar con el gato de su vecina. Quizá siga viva, aunque con su ojito verde en carne viva, o igual ya ha pasado a engrosar la cifra de los casi 4.000 niños asesinados en Gaza en tres semanas, más de los que murieron en todas las guerras del mundo durante el año anterior. Pero ninguno está en la lista. No tenían biografía con la que rellenar telediarios y periódicos. Y, ¿a quién le va a importar un muerto que no tenía vida, por mucho que ese muerto sea un niño? Por mucho que esos muertos sean casi 4.000 niños.

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Sobre la firma

Ana Iris Simón
Ana Iris Simón es de Campo de Criptana (Ciudad Real), comenzó su andadura como periodista primero en 'Telva' y luego en 'Vice España'. Ha colaborado en 'La Ventana' de la Cadena SER y ha trabajado para Playz de RTVE. Su primer libro es 'Feria' (Círculo de Tiza). En EL PAÍS firma artículos de opinión.
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