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Columna
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Eurobulos

La información de la UE es compleja y escurridiza, y requiere un tedioso trabajo de pedagogía sobre el funcionamiento de las instituciones que algunos medios no están dispuestos a hacer

Catalán en la UE
Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo el pasado 12 de julio.FREDERICK FLORIN (AFP)

La información europea es compleja, resbaladiza, hasta aburrida. El trabajo de los corresponsales en Bruselas, y los de los medios españoles son de los mejores en la capital europea, es delicado. Explicar qué institución tiene competencias para según qué cosas, quién propone y quién dispone, es un trabajo de pedagogía periodística necesario, aunque tedioso. Los corresponsales lo hacen, aun sabiendo que en muchos medios madrileños hay otra forma de hacer ese tipo de información. A martillazos, mezclando churras con merinas, desinformando, por dejadez, por falta de profesionalidad o porque tratar al lector como un estúpido no parece importar. Pasen y vean.

Carlos Segovia publicó este lunes en El Mundo que la vicepresidenta Nadia Calviño tiene un conflicto de interés porque opta a la presidencia del Banco Europeo de Inversiones (BEI) mientras preside las reuniones de ministros de Economía y Finanzas. Y que eso “debilita a España en negociaciones europeas clave”. El cuento es que el Gobierno francés parece decidido a apoyar a Calviño para el BEI a cambio de que España vote a favor de la candidatura de París para acoger la sede de la nueva Agencia Europea de Lucha contra el Blanqueo de Capitales.

Hasta ahí la típica transacción europea, teniendo en cuenta que Madrid es también candidata y que las dos ciudades lo tienen muy difícil porque España y Francia son de los países que más agencias europeas tienen, cuatro y cinco, respectivamente, de un total de 37. Segovia asegura que en el pacto se incluiría que Calviño “apoye los intereses galos en la crucial reforma de las reglas de déficit y deuda”. Es falso.

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Las presidencias semestrales del Consejo de la Unión Europea son árbitros, no jueces. Llevan el debate, no imponen sus prioridades. El subdirector económico de El Mundo dice que los ministros de Finanzas francés y alemán, Bruno Le Maire y Christian Lindner, negociarán de forma bilateral para acercar sus posiciones en esa reforma. Y que eso es “humillante para cualquier presidencia de turno de la UE” (España no preside la UE, a ver si al menos aprendemos eso de aquí a que acabe la presidencia española del Consejo de la Unión Europea). También es falso. Que Alemania y Francia negocien por su cuenta es el pan de cada día desde que existe la UE.

Ese supuesto error de confundir lo que hace una presidencia semestral le había pasado a Segovia la semana pasada, cuando contó la reforma del mercado eléctrico europeo. La vicepresidenta Teresa Ribera había conseguido lo que muchos en Bruselas consideraban imposible: poner de acuerdo a la todonuclear Francia con la nadanuclear Alemania. ¿Cómo? Haciendo como hacen las presidencias que trabajan bien: buscando los puntos de acuerdo para sumar a un texto común al máximo de gobiernos y dejando a un lado sus prioridades. Porque así funcionan las presidencias. En la anterior, los suecos llegaron a presentar a votación un texto con el que no estaban de acuerdo y contra el que votaron, porque sabían que era el texto que reuniría más votos favorables.

El viernes pasado, también en El Mundo (ustedes perdonen, pero vaya semanita llevan los muchachos de Joaquín Manso), Juanma Lamet tituló: “El Parlamento Europeo eleva la presión contra España para despolitizar la Justicia y no amnistiar a malversadores”. El problema es que el Parlamento Europeo tal vez algún día haga eso, pero hoy lo único sobre la mesa es una propuesta de informe de un eurodiputado de Ciudadanos. En The Objective, Enrique Morales dijo que Sánchez está dispuesto a ceder a Francia la agencia antiblanqueo a cambio del BEI para Calviño. Como si no decidieran 27 gobiernos. En el mismo digital Lidia Ramírez tituló que “la Eurocámara saca los colores a España por la escasez de medicamentos”, cuando en realidad dos eurodiputadas españolas, Dolors Montserrat, del Partido Popular, y Susana Solís, de Ciudadanos, abroncaron al ministro de Sanidad, José Miñones. Su compañero de Redacción, Javier Leal, afirmó que “la UE pacta la reforma eléctrica y Francia consigue ayudas para su energía nuclear”. Y cualquier lector bien pensado creerá que la UE financiará la nuclear francesa, cuando lo que París recibe es luz verde para usar su dinero en subvenciones a la electricidad generada por la nuclear. En algunos medios lo difícil es encontrar alguna verdad.

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