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editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Colombia: separación de poderes

El presidente Gustavo Petro refuerza el Estado de derecho al mantenerse al margen del proceso contra su hijo

Nicolás Petro, hijo del presidente Gustavo Petro, en una imagen compartida en sus redes sociales el 14 de enero de 2023.
Nicolás Petro, hijo del presidente Gustavo Petro, en una imagen compartida en sus redes sociales el 14 de enero de 2023.nicolaspetroburgos (RR SS)
El País

La detención el pasado sábado del hijo de Gustavo Petro por lavado de activos y enriquecimiento ilícito representa un reto de enorme envergadura para el presidente de Colombia. La Fiscalía abrió en marzo una investigación contra Nicolás Petro por una supuesta trama de aportaciones de empresarios divulgada por su exesposa, Day Vásquez, que también fue detenida en la misma operación. La decisión del fiscal general Francisco Barbosa, un abogado muy cercano al expresidente Iván Duque y públicamente enfrentado a Petro, complicaba aún más el desafío. La respuesta serena y distante del mandatario, sin embargo, fue la correcta.

El primer gobernante de izquierdas del país, a punto de cumplir un año de mandato y con múltiples frentes políticos ante sí, evitó abrir también una crisis institucional y demostró respeto al Estado de derecho. Reiteró, como había hecho con anterioridad, su promesa: no intervenir en el caso ni presionar al poder judicial. ”Que el derecho guíe libremente el proceso”, quiso dejar claro el presidente Petro. Su respuesta, es decir, soltar la mano a su hijo mayor para permitir que la justicia instruya el proceso penal, marca un nítido contraste con la intromisión de otros exmandatarios latinoamericanos en el poder judicial, por ejemplo la del guatemalteco Jimmy Morales. Petro pidió hace meses a la Fiscalía que investigara a su hermano Juan Fernando y a su hijo, envueltos en dos escándalos paralelos. Aunque apoyó la carrera política de Nicolás, quien trabajó en sus dos últimas campañas presidenciales y hoy es diputado del departamento del Atlántico por el movimiento político de su padre, no lo ha respaldado en ningún momento en este escándalo. Tras la detención, no solo no defendió a su hijo, sino que tampoco buscó una justificación de cariz moral. Se limitó a indicar que “duele mucho tanta autodestrucción” y que espera “que estos sucesos forjen su carácter y pueda reflexionar sus propios errores”. Su hijo Nicolás, agregó, se metió él solo en un problema y debe salir de él también sin su ayuda.

Este episodio, en cualquier caso, impacta en el tablero político colombiano en un momento especialmente delicado para Gustavo Petro. Con una creciente desaprobación de su gestión y con serias dificultades para impulsar su proyecto de paz total, después de sufrir un importante revés legislativo al perder la presidencia del Senado, el líder del Pacto Histórico debe hacer lo posible para recuperar la iniciativa y rebajar la polarización que envenena la vida política del país. Para eso es crucial también un apego estricto a las reglas de la convivencia democrática, empezando por el respeto a la separación de poderes que ha demostrado en los últimos días.

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