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editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

La justicia alcanza a Trump

La condena al expresidente por haber abusado sexualmente de una escritora obliga al Partido Republicano a tomar posición frente a su tóxico legado

El expresidente de EE UU, Donald Trump, en un momento de su declaración judicial, el pasado 19 de octubre.
El expresidente de EE UU, Donald Trump, en un momento de su declaración judicial, el pasado 19 de octubre.AP
El País

Un jurado federal declaró este martes al expresidente Donald Trump culpable de difamación en un caso relacionado con las múltiples denuncias de abusos sexuales que lo persiguen desde hace años. Trump, que pretende volver a la Casa Blanca en 2024, se convierte así en el primer candidato a presidente (todavía solo autodeclarado) con una condena judicial. Antes había sido el primero en ser imputado en un caso criminal por falsedad contable en sus empresas para encubrir un posible delito de financiación irregular de su campaña a través del pago a una actriz porno para mantener silencio sobre un supuesto encuentro sexual. También es el primero en someterse a dos procesos de impeachment en la Cámara de Representantes, y está siendo investigado por delito fiscal, por tratar de subvertir los resultados de la elección presidencial de 2020 en Georgia y por su papel en el intento de autogolpe de Estado que fue el asalto de una turba armada al Capitolio.

El caso en cuestión surge en 2019, cuando la escritora E. Jean Carroll relató cómo, 25 años antes, el entonces presentador de televisión y magnate inmobiliario la violó en los probadores de unos grandes almacenes de Nueva York. La reacción de Trump fue decir que aquello era una invención. “No es mi tipo” fue su argumento. La disputa dio origen a un juicio civil (en el aspecto criminal, la supuesta violación está prescrita) en el que el jurado finalmente ha decidido que el relato de Carroll es verosímil y, por tanto, Trump es culpable de difamarla al negarlo. La condena sienta un precedente valioso. Hasta 16 mujeres han acusado a Trump de abusos sexuales. Carroll era la segunda en acusarlo de violación. Antes lo hizo su primera esposa, Ivanka, ya fallecida, que posteriormente se retractó. El 30 de marzo, la imputación de Trump por maquillar el desvío de dinero para comprar el silencio de la actriz Stormy Daniels durante su primera campaña electoral rompió el aura de impunidad con el que se ha movido siempre el expresidente. Este segundo golpe judicial le va a costar cinco millones de dólares en indemnización a Carroll.

La sordidez de los dos casos que por ahora han llegado a los tribunales es apenas un aspecto lateral del efecto corrosivo que la irrupción en política de Trump ha tenido para las instituciones de ese país. Tiene más que ver con la reparación de la dignidad de las mujeres a las que ha humillado públicamente que con la verdadera naturaleza del daño institucional. La víctima colectiva de sus actos es la democracia estadounidense y todavía espera reparación. Para eso se necesita que los cooperadores necesarios de sus actos, los líderes del Partido Republicano, se decidan a colaborar con las instituciones para enterrar en lo posible el tóxico legado del trumpismo e impedir su continuidad. Tienen ahora una enésima nueva oportunidad de reaccionar, antes de que la minoría antisistema de sus votantes les vuelva a imponer a un condenado como líder.

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