editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Feijóo y la moderación

El líder del PP mantuvo en la entrevista con EL PAÍS su tono moderado pero sin propuestas concretas contra la crisis

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en la sede del partido en Galicia, después de una entrevista con EL PAÍS, el día 12.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en la sede del partido en Galicia, después de una entrevista con EL PAÍS, el día 12.ÓSCAR CORRAL

Desde su proclamación como presidente del PP en abril, Alberto Núñez Feijóo ha tenido numerosas oportunidades para exhibir la moderación que asegura encarnar. La política española ha llegado hasta el extremo de valorar los tonos de voz, que en efecto es distinto en Feijóo, aunque sus propuestas alternativas contra la crisis sigan desdibujadas o ajenas a la coyuntura extraordinaria que se vive en el mundo entero. De sus palabras en la entrevista publicada el domingo por este periódico se desprenden dos rasgos capitales: Feijóo aspira a recuperar la estrategia aznarista de agrupar el voto de las derechas bajo el paraguas de su formación, y la moderación será su principal apuesta política en las formas. No siempre lo consigue, y, a veces, con maneras suaves, incurre en una exageración negacionista más propia del talante de su predecesor.

El presidente del PP desaprovechó la ocasión de emitir algún tipo de cautela sobre las exhibiciones antiinstitucionales de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que anunció su desobediencia al real decreto sobre medidas de ahorro energético. Esquivar la enmienda a la presidenta por la vía de señalar las conductas de otros casa mal con el mensaje de moderación. Tampoco perseverar en el incumplimiento del mandato de renovación de los órganos constitucionales desde hace más de tres años, en particular en el caso del CGPJ y del Tribunal Constitucional. Persisten en su propio lenguaje algunos tics que parecen ajenos a su perfil y debilitan las funciones centrales del líder de la oposición: la crítica y fiscalización del Gobierno y la defensa razonada de medidas alternativas. Las voces que desde su partido han conjeturado la ilegitimidad de Pedro Sánchez, como hizo un hombre de confianza de Feijóo, Miguel Tellado, parecen más cerca del pimpampum habitual de Vox que de un potencial presidente del Gobierno de España. Calificar el real decreto con medidas de ahorro energético como “un acto totalitario”, que el domingo rebajó en este periódico a “autoritario”, devalúa la legítima crítica que puede merecer la gestión del decreto y alienta la hipérbole como forma de confrontación política. Mientras tanto, las medidas económicas contra la crisis que propone su partido tienen todavía una insuficiente concreción. En las últimas semanas, Feijóo ha cometido errores de trazo grueso, como cuando se equivocó en la valoración de la prima de riesgo española o al llamar “pufo” a la deuda pública (de 6.000 euros por español en la actualidad; con Rajoy subió a 7.000, y el mismo Feijóo triplicó la deuda en Galicia como presidente). La gran incógnita inexplicada todavía es cómo podría aplicar una rebaja generalizada de impuestos y a la vez financiar el incremento del gasto que requiere la coyuntura crítica que genera la guerra en Ucrania.

El PP prefiere poner, sin embargo, el foco en la gesticulación económica o el uso partidista de cuestiones de Estado como el extinto terrorismo de ETA, con el efecto de debilitar la imprescindible oposición al Gobierno. Vienen meses decisivos para Europa en su conjunto, y también para España, en los que la democracia necesita un Gobierno fuerte y cohesionado y una oposición seria y responsable. Feijóo tendrá numerosas ocasiones de demostrar que la moderación no es un tono de voz, especialmente cuando se está al frente de un partido que ha dado dos presidentes del Gobierno a la democracia española, ha liderado 16 años este país y acabará tomando el relevo en algún momento.

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