Ofensiva de Rusia en Ucrania
Tribuna
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Ucrania y lo que significa para la ampliación de la Unión Europea

El deseo del país de convertirse en miembro de la UE supone una validación del club comunitario como un sistema de valores que merece la pena emular

El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 11 de junio en Kiev.
El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 11 de junio en Kiev.Rafael Martin (Europa Press)

A principios de abril, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió de que la seguridad probablemente será el mayor problema al que se enfrentará su país en la próxima década. Y añadió: “Nos convertiremos en un gran Israel con rostro propio. No nos sorprenderá que (...) en todas las instituciones, supermercados y cine haya gente con armas”. Aunque, sin duda, Ucrania mantendrá aspectos de una economía de guerra incluso después de que termine el conflicto actual, ya está pensando en cómo convertirse en una economía en crecimiento y recuperación. Esto no significa volver a lo que había, sino modernizar y reformar.

Por este motivo, no es de extrañar que la adhesión a la Unión Europea se considere en Ucrania un elemento decisivo en este proceso, al proporcionar el impulso necesario para llevar a cabo reformas muy urgentes y consolidar el país como un sistema democrático.

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Por otro lado, la UE no tiene nada claro que pueda afrontar una nueva ampliación a una velocidad que suponga una diferencia material para Ucrania. Por esta razón, hay quienes defienden la necesidad de prestar una mayor ayuda de otras formas, más allá del actual Acuerdo de Asociación UE-Ucrania, pero sin llegar a la adhesión a la Unión Europea.

Hay dos tipos de objeciones a la admisión de Ucrania como miembro de la UE.

El primer tipo no tiene que ver con Ucrania en sí, sino con lo que se conoce como “fatiga por la ampliación”. La objeción es que la gobernanza de una UE en constante expansión se vuelve muy difícil, ya que los países no tienen el mismo nivel de desarrollo económico, o incluso de calidad de las instituciones. Esta objeción se hace eco de la preocupación por el hecho de que la UE no haya sido capaz de absorber realmente las últimas oleadas de ampliación. Tampoco se debe olvidar que varios países, en los Balcanes occidentales, guardan cola para entrar, pero aún están lejos de cumplir los requisitos necesarios.

La segunda razón tiene que ver más directamente con Ucrania: la ampliación de la UE ha adquirido ahora un significado geopolítico. El surgimiento de China ha llevado al mundo a un estado de mayor competencia económica en lugar de cooperación. La guerra de Ucrania ha exacerbado las divisiones geopolíticas y ha obligado a la UE a intensificar su papel en el mundo de múltiples maneras.

Los países de la UE romperán su dependencia de la energía rusa en cuestión de meses, no años. Invertirán más en su fuerza militar y reconsiderarán las alianzas militares de formas que habrían resultado impensables hace solo unos meses; Suecia y Finlandia quieren entrar en la OTAN, por ejemplo. Sin embargo, para todo esto es crucial cuál será la relación entre la UE y Rusia a medio y largo plazo.

¿Seguirá siendo Rusia la vecina incómoda que mira al Este o podrán ambas alcanzar una coexistencia pacífica? Todos coinciden en que, a medida que Europa se rearma, el papel de Ucrania en esta relación será esencial. Pero no todos están de acuerdo en que los intereses de la UE vayan a verse más favorecidos con Ucrania como miembro de pleno derecho de la Unión. Algunos la consideran un amortiguador entre la UE y Rusia. Otros creen que Ucrania, como miembro de pleno derecho, resultará un contrapeso más seguro frente a Rusia.

La UE hace bien en preocuparse por la ingobernabilidad. Y es válida la inquietud por que la ampliación reduzca su capacidad para una mayor integración. Acoger a más miembros dificulta las cosas o las hace sencillamente imposibles para los países que quieren cooperar más estrechamente. Esta tensión ha dado lugar a la idea de ir a diferentes velocidades.

Mientras la UE trata de asimilar esta idea de avanzar a múltiples velocidades, no debe olvidar que Ucrania tiene derecho a elegir por sí misma a qué lugar pertenece. El deseo de Ucrania de convertirse en miembro supone una validación de la UE como sistema de valores que merece la pena emular. Esta validación llega con cada país que solicita el ingreso, pero Ucrania se encuentra en una situación en la que no puede permitirse no elegir bando o dejará de existir. Su solicitud de ingreso en la UE es algo más que un esfuerzo por entrar en un club: es una lucha por la supervivencia.

La verdadera cuestión para los líderes de la UE cuando examinen la solicitud de Ucrania en la cumbre del 23 y el 24 de junio, y más allá, es qué tipo de club debe ser la Unión Europea.

Como club de países afines, sin duda será más fácil de gestionar desde dentro. Pero también se afianzarán las diferencias de puntos de vista, lo cual hará mucho más difícil la cooperación con aquellos que no piensan igual.

O puede ser una esfera de influencia, que aprecie que los problemas mundiales no se pueden abordar comprometiéndose únicamente con quienes piensan lo mismo. Las cuestiones globales, desde el cambio climático hasta el desarme nuclear, implican una mayor necesidad de comprometerse con aquellos que piensan de forma diferente. Un club así tendría que reflexionar e innovar en cuanto a la forma de integrar a sus miembros, cada vez más diversos. Pero sería un club al que valdría la pena unirse.


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