editorial
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La guerra y las víctimas del hambre

Los efectos devastadores de la invasión de Ucrania en los países más pobres del planeta obligan a actuar a la comunidad internacional

Campo de cultivo en una carretera en las inmediaciones de Kiev, el 27 de abril.
Campo de cultivo en una carretera en las inmediaciones de Kiev, el 27 de abril.MIGUEL GUTIERREZ (EFE)

La Unión Europea ha sabido reaccionar con rapidez contra los efectos más lesivos que ha generado la guerra en Ucrania en la economía europea. Pero son los países más pobres del globo quienes están padeciendo sus consecuencias con una magnitud infinitamente mayor. El hambre crece desbocado por el rápido encarecimiento de los alimentos básicos, los fertilizantes y la energía: es una crisis alimentaria en toda regla. El número de personas que pasan hambre había aumentado en 2021 hasta 193 millones, por 155 millones en 2020. La invasión rusa de Ucrania ha agudizado el fenómeno por el bloqueo en el suministro de cereales y el efecto especulativo y de acaparamiento que la guerra ha desencadenado. El índice de precios de alimentos básicos de la FAO, la agencia de Naciones Unidas que se ocupa de la alimentación, registraba en abril un aumento de 20 puntos respecto a antes de la guerra y de 30 respecto al mismo mes del año anterior. Cada punto de aumento en los precios, según el Banco Mundial, equivale a 10 millones más de personas en situación de extrema pobreza.

La dependencia del grano producido en Rusia y Ucrania de al menos 35 países africanos está estrangulando su capacidad de alimentar a la población a causa de la merma en las exportaciones de trigo, maíz, cebada y semillas de girasol. También Rusia controla, junto a su aliada Bielorrusia, el mercado de los fertilizantes, mientras el conflicto mismo amenaza las próximas cosechas en un país en guerra.

La crisis alimentaria pudo o no estar en los planes desestabilizadores de Putin, pero su efecto está siendo demoledor en múltiples lugares del planeta. Decenas de millones de personas padecen los efectos colaterales de una guerra de conquista que se suma a condiciones climáticas que han agravado la situación, con cosechas muy mermadas en Asia a causa de las inundaciones y parte de África sometida a la peor sequía en décadas. La comunidad internacional debe reaccionar con urgencia, asegurando reservas de cereales y alimentos básicos de emergencia a los países amenazados por el hambre.

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Cualquier posible tratado de paz y reparación para Ucrania deberá tener en cuenta, por parte de la comunidad internacional, la emergencia alimentaria de países que habrán padecido las consecuencias de una guerra que los ha llevado a situaciones insoportables. De esa toma de conciencia y de la rapidez en las reacciones del mundo desarrollado depende la supervivencia de millones de personas en los países más pobres.

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