Tribuna
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Gestionar la unidad transatlántica

La intensidad de la guerra en Ucrania no es suficiente para vencer la resistencia de Alemania y otros países a aplicar a corto plazo medidas contundentes como el veto al petróleo y el carbón de Rusia

Emmanuel Macron saluda a y Olaf Scholz, durante la cumbre de la OTAN, este jueves en Bruselas.
Emmanuel Macron saluda a y Olaf Scholz, durante la cumbre de la OTAN, este jueves en Bruselas.Europa Press

Los líderes europeos intercambiarán con Joe Biden sus puntos de vista sobre la invasión rusa de Ucrania, en el inicio de su cumbre de dos días en Bruselas, tras una reunión de emergencia de la OTAN y una reunión de los jefes de Estado del G-7.

La concentración de reuniones de alto nivel se produce en un momento crítico, tras las masivas rondas iniciales de sanciones occidentales contra el Kremlin y mientras los aliados transatlánticos exploran nuevas medidas para contrarrestar la escalada de violencia de Rusia. La cumbre de la UE con Biden se completará con nuevas medidas occidentales contra Moscú. También habrá compromisos conjuntos para reforzar el apoyo militar a Kiev, una promesa de los aliados europeos de cumplir el objetivo de gasto en defensa de la OTAN equivalente al 2% del PIB para 2024, y la adopción de la Brújula Estratégica de la UE, un marco de seguridad para el bloque que incluye una mayor integración de la defensa y una fuerza de despliegue rápido de 5.000 componentes. Pero es poco probable que los líderes abran nuevos caminos con medidas que alteren la trayectoria de la guerra.

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En cambio, es probable que Bruselas y Washington se centren en ampliar las medidas existentes en lugar de desencadenar sanciones nuevas e importantes.

Los líderes de la UE reiterarán su disposición a endurecer las sanciones contra Rusia, mientras el bloque prepara un quinto paquete de medidas que se aplicará en breve. Es probable que las iniciativas incluyan más listados de oligarcas y esfuerzos para cerrar lagunas. También es probable una propuesta holandesa para atacar a los proveedores de servicios corporativos —que crean fondos fiduciarios y empresas ficticias— para restringir aún más el acceso de Rusia a los mercados europeos. El cierre de los puertos europeos a los barcos rusos, que ya se había debatido, pero que se había descartado por ser demasiado difícil y perjudicial, también podría aparecer, aunque sigue siendo un reto. La UE también podría promulgar controles de exportación adicionales dirigidos a la energía, la tecnología, las comunicaciones y otras industrias.

Pero Bruselas sigue lejos del consenso sobre la imposición de prohibiciones a la importación de energía rusa. Aunque la participación de Biden en la cumbre dará más fuerza a los defensores de la prohibición del petróleo y el carbón —Polonia y los países bálticos—, resulta poco probable que el presidente estadounidense provoque un cambio en la UE. La fuerte resistencia alemana, la amenaza de veto de Hungría y el respaldo tácito de la mayoría de los miembros de la UE en contra de un desacoplamiento inmediato impedirán la adopción de medidas contra el petróleo y el carbón rusos.

Dicho esto, las probabilidades de una prohibición del petróleo podrían aumentar a medida que Rusia intensifique sus ataques. Las historias de Mariupol pueden reforzar la opinión pública contra Rusia, y un asedio o ataque similar en Kiev o en otras grandes ciudades ucranias podría ser el punto de ruptura. Aunque la UE evitará cuidadosamente articular líneas rojas, los diplomáticos sugieren que cualquier cosa, desde el uso de armas prohibidas (químicas, biológicas) o nucleares hasta la toma de Kiev, el asesinato del presidente Volodímir Zelenski e incluso el colapso de las conversaciones entre Ucrania y Rusia podrían actuar como desencadenantes. Pero la intensidad actual de la guerra no conducirá necesariamente a nuevas sanciones contundentes.

Miembros de la UE como la República Checa, Dinamarca, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia, Suecia y Eslovaquia —los dos últimos bastante dependientes del petróleo ruso— ya están dispuestos a apoyar una prohibición del petróleo. Esta medida implicaría probablemente un enfoque gradual para ayudar a Berlín y a otras capitales sensibles a gestionar el cambio. Esto significaría que los miembros de la UE con poca exposición al crudo ruso impondrían prohibiciones de importación, otros se centrarían en algunos productos petrolíferos pero no en todo el crudo, y los países más dependientes, como Alemania, tratarían de mantener la mayor parte de sus importaciones a corto plazo.

Al igual que el debate sobre el sistema de pagos SWIFT de la UE, en el que el bloque pasó del no al sí a la prohibición de varios bancos rusos en un par de días, el debate sobre las sanciones petroleras es y seguirá siendo muy fluido. Aunque la trayectoria de la guerra de Ucrania seguirá siendo el principal motor, los acontecimientos europeos también desempeñarán un papel. El presidente Emmanuel Macron tendrá más margen de maniobra para apoyar las prohibiciones petroleras después de asegurar la reelección en abril. Y muchos miembros de la UE se sentirán más cómodos a la hora de respaldar medidas para reducir las importaciones de crudo ruso después de que la Comisión Europea desvele un marco para reducir la dependencia energética del bloque respecto a Moscú.

Para la UE, contrarrestar los riesgos que suponen los altos precios de la energía será primordial para hacer realidad su ambición de acabar con su dependencia del petróleo, el gas y el carbón rusos. Esto requiere soluciones a corto y largo plazo, que los dirigentes encargarán a la Comisión y al Consejo de la UE en los próximos meses.

Aunque España, Grecia, Italia y Portugal también han conseguido el apoyo de Francia, Polonia y Bélgica para su propuesta de limitar los precios del gas y desvincular los precios de la electricidad y el gas, es poco probable que la presión del sur de Europa para reducir las facturas energéticas dé lugar a la revisión del mercado que quiere Madrid. En cambio, es probable que los Estados miembros apoyen la compra conjunta de gas por parte de la UE y una propuesta de la Comisión que obligaría a los Estados miembros a llenar sus depósitos de gas al menos al 90% de su capacidad antes del 1 de octubre. Con estas medidas, los dirigentes de la UE pretenden repartir equitativamente los costes, aprovechar la baja demanda del verano y evitar la escasez de suministro y las subidas de precios el próximo invierno.

Estos pasos complementarán las medidas de cada país para compensar el impacto de la subida de los precios de la energía, como la reducción de los impuestos sobre el combustible, las subvenciones a los hogares con bajos ingresos y las ayudas a las empresas con gran consumo energético. Para ello, la UE también recurrirá a su marco de ayudas estatales en caso de crisis, lo que dará a los Estados miembros un amplio margen para apoyar a los consumidores.

Los esfuerzos de la UE por “eliminar lo antes posible su dependencia de las importaciones de gas, petróleo y carbón rusos” cobrarán mayor importancia a finales de mayo, cuando la Comisión debe presentar su plan RePowerEU. La reunión de los líderes del 23 al 24 de junio, justo antes de la cumbre del G-7 en Alemania, marcará el alcance y la velocidad de la desvinculación de la UE con Rusia.


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