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Una misión europea para conseguir ciudades más seguras

Los grandes municipios, en los que hasta ahora se concentra una gran parte del problema de la insostenibilidad, deben convertirse en actores clave de su solución

Eduardo Estrada

¿Es posible que nuestras ciudades se reinventen para ser espacios más sostenibles y por tanto más seguros? No será la primera vez que lo hacen. En 1666 el gran incendio de Londres transformó la ciudad por completo. Mediante un Acta de Reconstrucción que impuso restricciones para los pisos superiores y apostó por la piedra y el ladrillo en lugar de la madera como materiales de construcción, se consiguió reducir enormemente el riesgo de nuevos incendios. Paradojas de la Historia, la reconstrucción se financió con un nuevo impuesto al carbón. Otro ejemplo más reciente es el de Pittsburgh que, en los años 80 pasó de ser una ciudad industrial basada en la fabricación de acero —producía el 60% del acero consumido en Estados Unidos— a ser una ciudad innovadora centrada en la educación y los servicios de salud. Del aire contaminado a la innovación y a la vanguardia de las tecnologías. En este caso, el cambio fue posible gracias a un contexto de colaboración profunda y sostenida entre una diversidad de personas, instituciones públicas, privadas, y entidades sociales que compartían un propósito transformador. El resultado, en ambos casos, fueron ciudades más seguras.

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La transición ecológica que hemos emprendido nos aboca a repensar la idea de seguridad y su aplicación en el territorio. El cambio climático, como hemos visto en Alemania, Bélgica, o en otras partes del mundo más lejanas, compromete gravemente la seguridad de la humanidad. Las ciudades, esos espacios donde vive ya la mayoría de la población mundial, no permanecen ajenas al debate. Ciudades seguras son hoy aquellas que generan actividad económica, crean empleo, son inclusivas, son saludables y garantizan la calidad de vida sin contribuir al calentamiento global.

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Uno de los instrumentos clave de los que se está dotando Europa para abordar esta reinvención son las Misiones hacia la sostenibilidad, que forman parte del nuevo programa de ciencia e innovación europeo. El concepto de misión no es nuevo. Está inspirado en la hazaña del Apolo 11. En 1961 John F. Kennedy anunció en el Congreso que su objetivo era llegar a la Luna antes de que terminara la década. En aquel momento aún no existía ni la tecnología adecuada ni las capacidades ni el conocimiento para lograrlo, por lo que el propósito se convirtió en un desafío común, y su logro tuvo un efecto positivo en múltiples ámbitos de la economía estadounidense, puesto que obligó a acelerar la innovación y la colaboración entre sectores y actores. Todo ello contribuyó a afianzar el liderazgo económico y estratégico de aquel país.

A diferencia de lo que sucedía en los 60, ahora contamos con la tecnología, las capacidades y el conocimiento necesario, pero los retos a los que responden las misiones europeas son más complejos, y requieren crear las condiciones de consenso y colaboración para que los cambios adquieran la velocidad y la profundidad necesarios, y podamos así evitar los efectos demoledores del cambio climático y el deterioro ambiental; es decir, protegernos de aquello que compromete nuestra seguridad.

La Misión dedicada a las ciudades ha propuesto que al menos 100 ciudades europeas lleguen a ser climáticamente neutras antes de 2030. Se trata de un objetivo específico y medible —no emitir gases de efecto invernadero— pero sabemos que los beneficios que se pueden obtener acarrearán importantes mejoras en salud, aumento de calidad de vida, generación de empleo y, en definitiva, mayor seguridad para la ciudadanía. Los estudios que analizan la relación coste-beneficio de estas medidas demuestran que la transformación de las ciudades hacia la neutralidad climática es, a medio y largo plazo, rentable para el conjunto de actores económicos, políticos y sociales. Es un círculo virtuoso que hay que saber aprovechar.

Con objeto de contribuir de forma relevante a esta Misión acaba de ver la luz la iniciativa “citiES 2030”, plataforma para la implementación de la Misión europea de ciudades en España, nacida de la iniciativa “El Día Después”. citiES 2030 nace como un espacio de colaboración público-privado-social para cocrear y poner en práctica, desde enfoques diversos y con todos los saberes disponibles, las posibles soluciones para alcanzar el objetivo de conseguir ciudades climáticamente neutras y por tanto más seguras.

El 8 de septiembre la alcaldesa de Barcelona y los alcaldes de Madrid, Sevilla y Valencia —ciudades impulsoras de citiES 2030— firmaron en el Senado, en presencia de los máximos representantes de otras ciudades y de otros agentes de la sociedad, una importante declaración institucional en la que se comprometen a abrir un proceso de transformación a través de hojas de ruta concretas hacia la neutralidad climática. El compromiso se sustancia en dos objetivos a cumplir en 2030: alcanzar la neutralidad climática en al menos algún distrito o zona de especial interés, y reducir las emisiones en toda la ciudad antes de esa fecha. Además, cada ciudad se compromete a desarrollar en el corto plazo proyectos como un fondo público-privado para la rehabilitación energética y la instalación de energías renovables, programas de infraestructuras verdes, la creación de comunidades energéticas para acelerar la transición justa, o un programa de rehabilitación de viviendas y edificios replicable a escala en todo el país. Todo esto, desde la perspectiva de justicia climática, que implica apoyar de forma especial a aquellos sectores, de la población o del territorio, que pueden verse especialmente perjudicados por esta Gran Transformación que supone la transición ecológica.

La imprescindible cooperación entre instituciones quedó plasmada en una serie de compromisos adquiridos por el Gobierno de España a través del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que, aprovechando las oportunidades que supone la gobernanza multinivel, pone sobre la mesa mecanismos para reforzar la financiación, impulsar incentivos fiscales, iniciar modificaciones legislativas y definir instrumentos que impulsen el suministro de energías 100% renovables a los municipios.

La iniciativa citiES 2030 nace así como un marco estimulante, plural y abierto para la colaboración continuada y profunda entre la Administración pública —especialmente la local—, la ciudadanía, la inversión privada y el mundo de la universidad y del conocimiento. Un entorno de colaboración e inteligencia colectiva que permita alcanzar esta misión.

Este primer paso dado por Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, al que se van a ir sumando otros municipios, puede suponer un antes y un después para que nuestras ciudades, en las que hasta ahora se concentra una gran parte del problema de la insostenibilidad, se conviertan en actores clave de su solución. De la inversión y de la disposición a la colaboración para la búsqueda de soluciones dependerá que podamos habitar ciudades seguras.

Julio Lumbreras es profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro del panel de la misión europea de ciudades y Cristina Monge es profesora de sociología de la Universidad de Zaragoza e investigadora en gobernanza para la transición ecológica.

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