EDITORIAL
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Un aviso

La convalidación ‘in extremis’ del decreto sobre interinos evidencia la necesidad de una mejora en la cultura parlamentaria del Gobierno

La ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero, interviene en la sesión plenaria de ayer en el Congreso de los Diputados.
La ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero, interviene en la sesión plenaria de ayer en el Congreso de los Diputados.EUROPA PRESS/E. Parra. POOL - Eu / Europa Press

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La votación de este miércoles en el Congreso que salvó por un voto la convalidación del decreto de los interinos evidencia una reiterada debilidad del Ejecutivo en dos planos. Primero, en relación con los problemas de coordinación interna de la coalición; y segundo, en la lógica de construcción de alianzas y complicidades parlamentarias. El decreto sometido a convalidación no versaba sobre una cuestión menor. Se trata de un cambio normativo que afecta a la temporalidad y al número de interinos en la Administración pública, y cuya regularización obedece a uno de los mandatos pactados con la Comisión para recibir los fondos europeos. El hecho de que el decreto fuera salvado a última hora y por la mínima, tras una negociación in extremis con los socios del Gobierno y sin que tampoco estuviera claro el apoyo del socio minoritario de la coalición, proyecta una desconcertante imagen de vulnerabilidad parlamentaria del Ejecutivo. El problema es aún más preocupante en tanto que las críticas de los grupos parlamentarios para negar el apoyo al decreto consistieron en subrayar la falta de interlocución con el Gobierno. Además de desgastarlo, esta escasa predisposición del Ejecutivo al diálogo contribuye a crear un indeseable clima de inestabilidad que es explotado por la oposición. Y también exhibe una limitada cultura parlamentaria en un momento que demanda una mayoría estable para afrontar con ímpetu reformista el tiempo de la pospandemia.

Aunque el Ejecutivo solo ha perdido una votación relevante en el Parlamento en toda la legislatura —sobre los remanentes municipales— sería bueno que reforzara su interlocución en el Congreso, evitando situaciones e imágenes que coloquen la política española en una zona de turbulencias. El reciente nombramiento de Rafael Simancas como secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y el del nuevo ministro responsable del ramo, Félix Bolaños, debieran servir para impulsar la dimensión parlamentaria del Ejecutivo. La articulación de una mayoría estable reconociendo la fragmentación y aritmética de la Cámara reforzaría los mensajes del Ejecutivo y permitiría el despliegue de toda su agenda legislativa. La votación de este miércoles constituye la antesala de una serie de reformas importantes y sensibles —laboral, fiscal o pensiones— que requerirán de una mejor coordinación de esas mayorías estables que sean confiables y predecibles.

En otro orden de problemas está el abuso sistemático de la figura de los decretos ley, a pesar de que en este caso el Ejecutivo justificó su uso por el escaso margen temporal que Bruselas le dio para la aprobación de la reforma. Con todo, cabría esperar que el Gobierno y la mayoría que lo sostiene recurran más al procedimiento ordinario para la aprobación de la legislación con el objetivo de reforzar la transparencia y la calidad democrática en el proceso de debate y aprobación de nuevas leyes. Este necesario apunte no debiera confundirse con la interesada lectura que hace la oposición de la actual dinámica parlamentaria. Ni la mayoría parlamentaria está en estampida, ni hay razones para pensar que la legislatura pueda y deba agotarse. De igual forma, debe concluirse que el balance de las medidas que el Ejecutivo ha aprobado en un año y medio, bajo circunstancias tan excepcionales como las que ha motivado una pandemia, estando en minoría y con una dramática fragmentación parlamentaria, compone una hoja de servicio notable.

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