Columna
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Muy graciosas

Lo inédito es que emerge una generación de cómicas sin complejos sin pedir perdón ni permiso. Unas me matan de risa; otras, del tedio. Igual que ellos

Lucía Lijtmaer e Isabel Calderón con la cómica Patricia Sornosa en 'Deforme Semanal'.
Lucía Lijtmaer e Isabel Calderón con la cómica Patricia Sornosa en 'Deforme Semanal'.

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Aquí donde me leen, tan frivolona y jacarandosa, tengo fama de siesa y mohína entre los íntimos. Ni confirmo ni desmiento. Solo diré que he ido a ver funciones supuestamente desternillantes y, mientras la gente a mi vera se tiraba al suelo muerta de la risa, yo me debatía entre la vida y la muerte, sí, pero del propio aburrimiento, la vergüenza ajena o el sopor severo. Como que más de una y de dos veces me he dormido en la butaca. Dormirme de dormir, con mis ronquidos, mis cabezazos y mi hilillo de baba barbilla abajo. No estoy orgullosa de ello. Qué más quisiera una que reírse de todo con la que está cayendo. Tampoco es cuestión de alta o baja comedia. Igual entro en fase REM con presuntas cumbres del humor inteligente que pongo perdidito de café el sofá de casa atragantada de risa con una de esas películas tontísimas que me niego a ver en el cine por puro prejuicio y te echan en la tele una tarde equis. La risa es insobornable, ni se compra ni se vende ni se impone. Se puede fingir el llanto, el deseo, los orgasmos múltiples, sí, ilusos, pero no puede impostarse una carcajada.

Los dueños de un teatrillo de Madrid han dicho que contratan a menos cómicas porque son peores que los cómicos. Así, sin generalizar, como una amiga mía, que sostiene que le dan yuyu los chinos: los 1.400 y pico millones, concretamente. Que las chicas no son tan graciosas como los chicos y son demasiado feministas en escena, añaden los patronos, como si se pudiera ser demasiado igualitario. A ver: puedo estar de acuerdo en que algunas han cambiado el hasta ahora dominante ¿humor? falocrático por otro coñocéntrico. Nada nuevo bajo el foco. Lo inédito es que emerge una generación de cómicas sin complejos sin pedir perdón ni permiso. Unas son brillantes; otras, pésimas. Unas me matan de risa; otras, del tedio. Exactamente igual que ellos. Lo que es un coñazo es tener que volver a escribir esto a estas alturas.

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