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Los pelados en Colombia

En las calles de Bogotá, Cali o Medellín, los cuerpos jóvenes son los que se mueven y reclaman el derecho a no ser ignorados por el rumbo de las políticas económicas del presidente Duque

Debora Diniz / Giselle Carino
Jóvenes marchan contra la violencia policial y contra las políticas del Gobierno de Iván Duque, este miércoles.
Jóvenes marchan contra la violencia policial y contra las políticas del Gobierno de Iván Duque, este miércoles.Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

“Paro” es huelga y desempleo. Pero “paro” también es un verbo: el cuerpo que cesa de hacer algo. En las calles de Bogotá, Cali, Manizales o Medellín, en Colombia, los cuerpos jóvenes son los que se mueven y reclaman el derecho a no ser ignorados por el rumbo de las políticas económicas del presidente Iván Duque, en un país ya marcado por la profunda desigualdad. Los jóvenes son llamados “pelados”, sin pelo, alegóricamente, sin protección, que expone la fragilidad del cuerpo marcado por la desigualdad de clase y raza en tiempos de pandemia: un cuerpo frágil a la espera de un Estado protector. Son los pelados los que paran.

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Antes se les llamaba jóvenes NiNi (ni estudian ni trabajan) y ahora a menudo son calificados de vándalos por las noticias que discuten la sinceridad de su rebeldía. Los pelados salieron a la calle para protestar contra un proyecto de ley de reforma fiscal que aumentaría los impuestos, y la violencia policial les hizo quedarse en la calle. La reforma fiscal de Duque propuso aumentar el PIB del país en un 2% para obtener mayores ingresos fiscales en 2022, un objetivo considerado audaz y sin precedentes en la historia económica reciente de la tercera economía de América Latina. Los que pagarían la factura del proyecto económico de Duque serían, desproporcionadamente, las clases trabajadoras, además de quienes tienen ingresos más altos. Incluso con un programa de televisión diario para alimentar su frágil carisma, la popularidad de Duque es muy baja entre los jóvenes: tres de cada cuatro jóvenes colombianos, de entre 18 y 25 años, desaprueban al Gobierno. Una paradoja para el presidente más joven de la historia de Colombia.

¿Qué buscan los pelados? La sensación de un futuro protegido por oportunidades. En términos muy sencillos, los pelados piden justicia social para poder imaginar un futuro libre de desigualdades: libre de racismo y pobreza, e incluso, libre del conflicto armado que ha atravesado la historia reciente de Colombia. En términos filosóficos, los pelados reclaman protecciones contra los regímenes de gestión de la vida que los reducen a la “vida desnuda”, para usar las palabras del italiano Giorgio Agamben. La “vida desnuda” es el cuerpo desprotegido, expuesto al abuso del poder soberano, un régimen de gobierno de la vida propio de los estados de excepción. En un cruce de la abstracción filosófica con lo vivido a través de las palabras, los pelados se resisten a la imposición de la vida desnuda. Quieren algo más que sobrevivir: reclaman un futuro con posibilidades.

“Esta es una manifestación por la supervivencia”, dijo Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes, “son jóvenes que están al límite, y por la característica de las comunidades en las que viven, tienen una muy mala relación con la fuerza pública”. En Cali, la tercera ciudad de Colombia, se calcula que una de cada cuatro personas vive en la pobreza. En el primer día de manifestaciones murieron dos adolescentes, Marcelo Agredo y Jeirson García, de 17 y 13 años. El barrio de Puerto Rellena, una comunidad pobre de la ciudad, se conoce ahora como Puerto Resistencia, donde la policía no entra. Como en una proyección de la vida soñada por los pelados, Francia Márquez, la activista afrocolombiana cuya vida corre peligro por oponerse a las empresas mineras del país, recorre las calles del barrio. En Puerto Resistencia, Francia camina libre, sin los policías que la escoltan día y noche: “aquí tendría que protegerlos”, dice. Los pelados la protegen.

Debora Diniz es brasileña, antropóloga, investigadora de la Universidad de Brown

Giselle Carino es argentina, politóloga, directora de la IPPFWHR

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