EDITORIAL
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El excepcionalismo disparatado de Ayuso

El tanteo para la vacuna rusa subraya la distancia de Madrid del consenso europeo

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una visita este martes a Alcalá de Henares.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una visita este martes a Alcalá de Henares.FERNANDO VILLAR / EFE

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El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso avanza en la construcción teatral —que resultaría grotesca de no ser dramática— de su excepcionalismo. El nuevo episodio consiste en una llamativa serie de tres encuentros con intermediarios para, supuestamente, tantear la contratación de la vacuna rusa Sputnik V. Estos hechos, ocurridos a partir del pasado mes de febrero y publicados por el diario Abc, se producen en el marco de una Unión Europea que ha apostado firmemente por una estrategia de contratación conjunta de vacunas para evitar peligrosas derivas de diferente capacidad de acopio entre países miembros. Y en el marco de un país que, si decidiera desmarcarse de la política comunitaria, también tiene mecanismos centralizados de compra de medicamentos. Este tanteo al margen de los cauces legalmente previstos y saltándose el marco nacional y europeo tiene por lo tanto todos los visos de ser el enésimo intento de marcar una vía diferencial en la lucha contra la pandemia, en una estrategia de excepcionalismo lamentable. La maniobra, más que buscar soluciones con una cooperación leal, es parte del afán estético de aparentar activismo y erigirse a toda costa en alternativa confrontada al Gobierno de Pedro Sánchez.

La explicación dada por la Consejería de Sanidad, alegando que tiene la obligación de explorar escenarios para adelantarse a los acontecimientos “ante la inoperancia del Gobierno”, es del todo falaz. Es la Comisión Europea quien gestiona las compras, y el Gobierno distribuye de forma equitativa entre las comunidades las dosis que llegan de la UE. Resultan políticamente impresentables los intentos de achacar responsabilidades al Ejecutivo en este apartado. El Gobierno tiene serias responsabilidades en la gestión de una pandemia que ha causado estragos especialmente graves en España; pero no en esta materia. Patética resulta la explicación de que se pretendía facilitar un preacuerdo de compra beneficioso para todo el Sistema Nacional de Salud (SNS). La Comunidad de Madrid no representa a todo el SNS y no le corresponde hacer gestiones en su nombre. Si Ayuso quiere reforzar el SNS, la mejor manera es contribuir de forma leal a la toma conjunta de decisiones y respetar los acuerdos.

La estrategia para desgastar al Gobierno central la ha llevado en este caso a distanciarse también de las instituciones europeas, siguiendo peligrosamente la senda de otros gobiernos de corte populista como los de Hungría y Eslovaquia, que han decidido comprar la vacuna rusa —que todavía no ha sido autorizada por la Agencia Europea del Medicamento— al margen de la UE. La dimisión del primer ministro eslovaco, Igor Matovic, por haber negociado en secreto la compra de la Sputnik indica la gravedad de este tipo de comportamientos.

La identificación del proyecto Ayuso con las peores cepas de populismo occidental avanza a pleno pulmón. Mientras las grandes capitales europeas, especialmente acechadas por el virus a causa de su densidad poblacional, han ido optando por medidas muy restrictivas, Madrid prosigue en la senda de su laxitud —con incidencia por encima de la media española— y de contraproducentes y lamentables hechos diferenciales.

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