‘Viuda negra’ y promiscua para empezar

El periódico aún cae a veces en viejos tópicos sexistas que debe desterrar de sus páginas

En la imagen, sesión del día 14 de la vista en la que se juzga a una mujer presuntamente relacionada con el asesinado de su marido.
En la imagen, sesión del día 14 de la vista en la que se juzga a una mujer presuntamente relacionada con el asesinado de su marido.Manuel Bruque / EFE

EL PAÍS está en la vanguardia de la lucha por la igualdad de género, pero en ocasiones cae en viejos tópicos sexistas. Acaba de ocurrir con los juicios contra dos mujeres juzgadas por estar implicadas en las muertes violentas de sus maridos. Ambas han sido identificadas en titulares y textos como la viuda negra de Alicante y la viuda negra de Patraix (Valencia). Con esta última, además, se ha cebado la prensa —también este periódico—, al airear su vida sexual, incluido un pormenorizado listado de amantes.

El diario ha dedicado cuatro informaciones a cada juicio, cifra que a la lectora Cristina Hernández le ha parecido exagerada: “¿Cuántos juicios hay al año de hombres asesinos de sus parejas? ¿Por qué no tienen esa repercusión?”

No obstante, ha sido el tratamiento dado al juicio de Valencia el que ha levantado alarmas, especialmente la información del pasado domingo titulada El crimen de Patraix: sangre, sexo y mentiras. En ella se citaban con nombre y profesión a cuatro amantes de la acusada —ya mencionados en otra información del día 12— y se añadía que las acusaciones han aireado ante el juez “las relaciones amorosas y sexuales” de la mujer, de 26 años, “antes, durante y después de su boda”.

La autora de los textos justifica la difusión de tales detalles en que sus informaciones reflejan “testimonios que se han escuchado en las primeras sesiones del juicio y argumentos de las acusaciones y defensas”. Así es, pero se trata de datos no relevantes para dilucidar quién asesinó a su marido, que es lo que se juzga. De hecho, el periódico ha llegado a dar un salto mortal periodístico sin red cuando ha dicho, sin referencia a fuente alguna y en un indebido condicional, que “la joven se habría relacionado supuestamente con otros presos” mientras esperaba el juicio en la cárcel.

El Libro de estilo de EL PAÍS dice: “Las informaciones que afecten al honor y la intimidad de las personas solo se publicarán si se puede acreditar su veracidad, están contrastadas y responden al interés público. No confundir con la curiosidad del público”. El periódico se ha dejado llevar por esa “curiosidad del público”. De hecho, en las informaciones se ha reiterado que el caso es “mediático”, especialmente “por su móvil pasional”.

José Manuel Romero, subdirector del periódico, reconoce que se ha difundido “alguna información (del sumario) que no añade ningún dato importante para esclarecer lo ocurrido y que solo provoca un interés morboso que sería innecesario añadir para una comprensión correcta de la noticia”. Agrega que no se deben ocultar detalles escabrosos si constituyen pruebas para esclarecer sucesos, pero que “el único criterio para incorporar esos hechos no puede ser que la policía o el juez los han incluido en sus informes”.

Los excesos en el sumario y en las crónicas los denunció Javier Boix, abogado de la acusada, cuando señaló que en la sala se juzga un crimen y que no se puede caer “en la trampa moral-sexual y en los juicios paralelos”. La protesta por llamar viuda negra a su defendida se recogió en el periódico. El epíteto está asociado a un “cliché de género”, asume la firmante de los textos, que lamenta si algunos aspectos publicados “han resultado desafortunados o gratuitos”.

En efecto, son esos clichés los que EL PAÍS pretende desterrar. El concepto de viuda negra, afirma Romero, “no puede ser más desafortunado”. Y concluye: “El símil que ha triunfado en las películas y en el periodismo de los casos en que una mujer mata a su pareja con los de la araña hembra que se come al macho después del apareamiento es un despropósito. Un buen ejercicio de periodismo será no utilizar el símil nunca más”.

Pilar Álvarez, corresponsal de Género en el diario, señala que el 88% de los detenidos en 2018 por asesinatos fueron hombres y que puede entenderse que la prensa dedique una atención especial cuando es una mujer la detenida. “Son noticiables por insólitas, aunque en algunos casos”, apunta, “podemos caer en sesgos que tenemos interiorizados y que chocan con la imagen de mujeres cuidadoras o madres”. “Por ejemplo”, dice, “al poner el foco en cuestiones que no se abordarían si el acusado fuera un hombre, como los detalles de su vida sexual”.

El adulterio, recuerda Álvarez, fue hasta 1978 un delito definido como “mujer casada que yace con un varón que no sea su marido”. Mucho más recientemente, los periódicos calificaban los asesinatos machistas como “crímenes pasionales”. Suena a prehistoria, pero se trata de un negro capítulo al que todavía no somos capaces de poner punto final.

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