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Applebaum, Krastev, Garton Ash: un debate

El nuevo libro de la ensayista estadounidense intenta explicar cómo sus viejos amigos se convirtieron en nacionalistas autoritarios

Anne Applebaum, en su despacho de 'The Washington Post', en abril de 2004.
Anne Applebaum, en su despacho de 'The Washington Post', en abril de 2004.AP

En Twilight of Democracy, que Debate publicará en castellano en marzo, la ensayista estadounidense Anne Applebaum cuenta la historia de una ruptura. El libro empieza con una fiesta de año nuevo, en el año 2000, que celebró en su casa en Polonia y a la que asistieron intelectuales, políticos y diplomáticos liberales y conservadores. Veinte años más tarde, muchos de los invitados son enemigos de Applebaum, defienden a Trump y los movimientos antiliberales del Este de Europa, y son creyentes y emisores de teorías de la conspiración. El libro es una formidable mezcla de autobiografía, análisis y crónica que intenta explicar cómo ha ocurrido eso, cómo aquellos viejos amigos se convirtieron en nacionalistas autoritarios.

El ensayista búlgaro Ivan Krastev considera que Applebaum parte de un diagnóstico equivocado. La historiadora tiene una visión formada por el fin de la Guerra Fría y el entusiasmo de las revoluciones de 1989. Admira a los disidentes de los países comunistas, interpreta el mundo más en función de choque de valores que de combate de intereses y ve en el atlantismo una promesa de libertad. Pero para Krastev algunos de los opositores de los regímenes del Este “valoraban los principios liberales solo porque eran un instrumento efectivo para destruir al comunismo”. “Cuando el objetivo se consiguió, se empezaron a ver valores como la libertad de medios y la división de poderes como una amenaza a la civilización occidental y a los valores cristianos tradicionales”. Lo que une a estos nuevos autoritarios es el rechazo a los valores liberales y una sensación de resentimiento; creen que alguien les robó la victoria. Lo más valioso del libro, para Krastev, es mostrar la debilidad de la postura de liberales como Applebaum. Su principal reto, según él, es la dificultad de defender el universalismo occidental cuando el poder occidental está en declive.

El británico Timothy Garton Ash, que también vivió las revoluciones de terciopelo, discrepaba con Krastev en un artículo sobre las protestas democráticas de Bielorrusia. Para él, las “verdades autoevidentes” del 89 no eran el optimismo o la arrogancia occidental (Mariano Gistaín señala que el modelo capitalista falló al quedarse sin competidor, como predice la teoría del capitalismo), sino que “la gente que vive mucho tiempo bajo una dictadura normalmente termina anhelando la libertad. Y un día, habla”. @gascondaniel

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