Columna
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Presupuestos en el alero

Hay varias alternativas en juego. Mientras tanto, seguirán prorrogados los presupuestos de Montoro a no ser que Iglesias se envaine su veto por temor a perder todavía más votos

Pablo Iglesias pasa ante Pedro Sánchez en el Congreso.
Pablo Iglesias pasa ante Pedro Sánchez en el Congreso.J.J.Guillén (EFE)

Los presupuestos del 2021 están en el alero, con tres alternativas en juego. El plan A es aprobarlos con los votos de los grupos que apoyaron la moción de censura. Es la opción más deseable por su contenido progresista, dada la injusta deriva desigualitaria de nuestra sociedad. Pero tiene dos contraindicaciones. La primera es su dudoso rigor macroeconómico que podría amenazar el fondo europeo de reconstrucción, por lo que será preciso que la vicepresidenta económica cepille las peores herejías del plan. Pero la segunda objeción es insalvable, pues ERC se negará a apoyarlo con su habitual deslealtad, dado su temor a que Puigdemont se alce con la primogenitura secesionista.

Ante la imposibilidad de esa primera opción, Sánchez ha empezado a apostar por el tantas veces frustrado como propuesto plan B de un presupuesto social-liberal aprobado con los votos del renacido Cs. También presenta dos grandes debilidades. La primera es que Cs tiene menos escaños que ERC, por lo que sería difícil alcanzar la mayoría. Sobre todo porque otros grupos afines, como el PNV, podrían negarse con su veto a Cs. El otro obstáculo, casi insalvable, es que la coalición de gobierno podría romperse, ya que UP no parece en condiciones políticas de votar a favor, cuando está perdiendo votos a raudales por los cuatro costados del país. Mi sospecha es que Pablo Iglesias mantendrá su veto actual haciendo suyo el “no es no” de Sánchez. Y es que su juego es estar a la vez dentro y fuera de la coalición, como si fuera otro Baron Noir con su caballo de Troya.

Ante esos vetos cruzados queda en teoría la opción C de consenso con el PP, por la que suspira retóricamente el presidente Sánchez siempre que puede (como ayer mismo ante el Ibex, los sindicatos y la patronal), apelando a la sagrada unidad contra la pandemia. Pero esta opción todavía es más imposible que las otras, pues Casado no puede cederle a Vox la primogenitura de la oposición. Además, contra lo que afirma Sánchez, resulta legítimo que Casado replique su “no es no” con más de lo mismo, pues está en su perfecto derecho como única alternativa democrática. A lo que no tiene derecho, porque resulta ilegítimo y antidemocrático, es a bloquear la renovación del Poder Judicial como órgano arbitral independiente ajeno al juego político, como hizo el Partido Republicano con Obama cuando bloqueó su nombramiento de un juez para el Supremo, causa remota de la actual degeneración de la democracia estadounidense según el imprescindible libro de Levitsky y Ziblatt Cómo mueren las democracias.

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¿Qué pasará? Temo que Sánchez fuerce el plan B a sabiendas de que será tumbado en el Congreso por el veto de UP, lo que romperá la coalición obligándole a disolver la legislatura para convocar elecciones sine die como desea en secreto, a fin de librarse de una vez del constante chantaje del troyano barón negro. Y mientras tanto seguirán prorrogados los presupuestos de Montoro, a no ser que Iglesias se envaine su veto por temor a perder todavía más votos. Ya veremos.

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