Tribuna
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La revolución bielorrusa y el Kremlin

Moscú se está quedando solo en el Este; la legitimidad de su papel hegemónico se está resquebrajando porque aparece cada vez más clara su verdadera naturaleza: dominación encubierta de integración

Eduardo Estrada

Bielorrusia (o, más correctamente, Belarús) ya es otra. El bastión del inmovilismo postsoviético, el país que parecía alérgico al cambio, ha despertado por fin. A pesar de la brutalidad de la represión, una cantidad inédita de gente se ha echado a las calles de todo el país para decir basta. Las protestas además son socialmente transversales y llegan a las fábricas y al campo, más allá de las élites urbanas. No son las primeras manifestaciones de descontento, pero sí las primeras de esta magnitud y profundidad. En los últimos años varias señales sugerían un malestar creciente e indicaban que, ...

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