Columna
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El pentagrama nicaragüense

El monroísmo planetario de EE UU no tiene cura. Pero no hay peor imperialismo que el colonialismo interno de Nicaragua, que se torna violencia opresiva revestido de retórica antiimperial

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, durante las celebraciones del 41 aniversario de la revolución sandinista en Managua, Nicaragua, el pasado 19 de julio.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, durante las celebraciones del 41 aniversario de la revolución sandinista en Managua, Nicaragua, el pasado 19 de julio.CESAR PEREZ / AFP

El interés por el 41 aniversario de la revolución sandinista, que enamoró a medio mundo y hoy espanta, quedó reducido a la mascarilla de Daniel Ortega y a las adivinanzas sobre la estrella pentagonal que decoró la plaza de los discursos, atribuida al esoterismo de Rosario Murillo, tan respetable como la magia renacentista de La Clavícula de Salomón o la narrativa de La gallina negra. Los vivas a Sandino y a la patria, las arengas oficiales de la efemérides, más parecían responsos por una revolución malograda por la adicción al poder de la pareja presidencial y la conculcación de ...

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