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Adolescencia
Opinión

No, nuestros jóvenes no son tan malos: se drogan menos, usan mejor las redes sociales y cada vez aprueban más en la EBAU

¿Y si en realidad el problema no es la generación “zombi” o “ansiosa”, sino nosotros, unos adultos empeñados en ver solo lo malo y perder la memoria sobre nuestra propia adolescencia?

La adolescencia consigue ser heroica a de la desconfianza continua de los adultos sobre su capacidad. Maskot (Getty Images/Maskot)

El consumo de cannabis, alcohol y tabaco ha descendido entre los adolescentes de 14 a 18 años. Así lo concluyó en noviembre de 2025 la Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (ESTUDES) 1994-2025 del Ministerio de Sanidad. Son datos que siempre hay que celebrar, pues el consumo tiene la prevalencia más baja del último cuarto de siglo. Y es algo muy a tener en cuenta por el cambio en el ocio de una generación.

La prevalencia del consumo de alcohol puntual se ha reducido en casi un 25%, bajando del 75% al 51,8 % desde 1994, y, aunque los porcentajes de consumo entre chicos y chicas son similares, repunta el consumo entre ellas. Por ejemplo, el 75,3% de las chicas adolescentes dice que ha bebido alguna vez en la vida frente al 72,4% de los chicos. Con respecto a si han bebido en los últimos siete días, el 52,2% de las chicas dice que sí, frente al 51,5% en chicos. Aun así, el alcohol mantiene su posición como la sustancia psicoactiva con la prevalencia de consumo más alta. Casi tres cuartas partes (el 73,9%) de los estudiantes de Enseñanza Secundaria de 14 a 18 años declaran haberla consumido alguna vez en su vida, según el informe.

La diferencia es mucho mayor en lo que respecta al tabaco. Mientras el 23,7% de los adolescentes lo consumía en 1994, ahora solo lo hace el 4,3%, sin claras diferencias entre ellas y ellos. Por tanto, el tabaco se sitúa en segunda posición, pero continúa una sólida tendencia a la baja, registrando los datos más bajos de toda la serie histórica en cualquier tramo temporal. Aun así, un dato preocupante es que la edad de inicio se mantiene en los 14 años, una cifra similar a la obtenida en 2016.

En tercer lugar, está el cannabis. Como señala el informe, es la tercera droga más consumida y la primera de carácter ilegal. Su consumo alguna vez en la vida es del 21%, lo que supone una bajada de 5,9 puntos porcentuales en comparación con 2023 (26,9%). Al igual que sucede con el tabaco, la edad media de inicio en este tipo de consumo está registrada alrededor de los 14 años, regresando, como con el tabaco, a valores observados en 2016.

Siempre que leo estos datos me hago una pregunta obligada: ¿Y qué pasa con los móviles? ¿Cómo influyen? ¿Puede que al estar más distraídos con otras cosas como redes sociales no haya tanta necesidad de beber, fumar o drogarse? Imagine si resulta ahora que fuman o beben mientras ven el móvil. ¡El acabose!

La desconfianza a una etapa vital... ¿solo porque se ha hecho siempre?

Hagámonos preguntas antes de juzgar. ¿Y si tenemos que empezar a pensar que un teléfono móvil no solo te da acceso a lo malo, sino también a lo bueno? ¿Y si no solo amplifica el porno y el acoso, sino también hábitos saludables? ¿Y si los adolescentes no son tan tontos como pensamos y saben hacer un buen uso de redes sociales y de su ocio, como también señala el informe de Plan Internacional sobre el estado de la adolescencia en España, presentado hace solo unos meses? ¿Y si tenemos que confiar más en niños, niñas y adolescentes de 14 a 18 años en vez de llamarlos adictos? ¿Y si no hay una epidemia de salud mental infantojuvenil y nos empeñamos en que sí, sin datos que lo justifiquen?

Porque, según estos dos informes, los adolescentes hacen un buen uso de redes sociales, la gran mayoría se muestra conforme con el empleo que hace de esta tecnología en el ámbito académico (71% entre ellas; 68% entre ellos) y usan la herramienta principalmente para resolver dudas académicas (61% de las chicas; 56% de los chicos). Y, además, beben menos, fuman menos, y se drogan menos.

Porque si verdaderamente todo fuera tan malo malísimo, ¿cómo puede ser que el porcentaje de aprobados en la EBAU —Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad— siga aumentando hasta llegar a un 95% a nivel nacional, como actualmente? ¿Cómo puede ser, como señala el observatorio de la formación profesional de La Caixa, que el 74% de los titulados en FP de grado superior se titulen? ¿Y que uno de cada cuatro continúe estudios universitarios en alguno de los tres años siguientes a la titulación?

Porque claro, ese porcentaje de aprobados lo ha conseguido una panda de zombis, según los define el libro Generación zombi: Cómo solucionar el impacto que las pantallas están teniendo en el sueño, la educación y el bienestar de nuestros hijos (Península, 2025). Ese porcentaje de aprobados lo ha conseguido una generación ansiosa, como se les ha llamado en otro titulado La generación ansiosa: Por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes (Deusto, 2024). Si son adictos a los móviles, se drogan, beben, fuman y además aprueban la EBAU y se titulan en FP, lo que son verdaderamente es una generación de héroes y heroínas que consigue ese rendimiento a pesar de la desconfianza continua que tenemos como adultos sobre su capacidad de afrontar la vida.

Así que, entendiendo este contexto, solo queda una pregunta por responder. Y es la pregunta fundamental: ¿Y si en realidad el problema no es la generación zombi, o ansiosa, sino que el problema somos nosotros, una generación adulta empeñada en ver solo lo malo y perder la memoria sobre nuestra propia adolescencia?

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