10 cuentos ilustrados para tardes de “sofá, libro y manta” en familia

El cambio de hora es sinónimo de tardes más cortas, menos horas de parque y más tiempo en casa. Una alternativa a las películas son los libros

10 álbumes ilustrados para tardes de “sofá, libro y manta” en familia
10 álbumes ilustrados para tardes de “sofá, libro y manta” en familia

El cambio de hora es sinónimo de tardes más cortas, menos horas de parque y más tiempo de sofá y manta. Una alternativa a las películas, que han completado tradicionalmente el trío del placer en la temporada de otoño/invierno, son los libros, las lecturas en familia al calor del hogar. En De mamás & de papás hemos recopilado diez álbumes ilustrados publicados en los últimos meses para disfrutar de tardes agradables en familia de sofá, libro y manta.

  1. Sunakay (Flamboyant): Hay algo grandioso en Sunakay. Uno no sabe si es el formato, las espectaculares ilustraciones de Xavier Salomó -de una estética tan cinematográfica-, o la sensación de que él y la escritora Meritxell Martí han echado el resto en esta obra llamada a perdurar en el tiempo, un álbum que seguramente marque un antes y un después en la prolífica carrera de este tándem consolidado ya entre los grandes nombres de la literatura infantil española. A partir de una experiencia personal limpiando las playas de un paraíso que uno quiere imaginar ajeno a la invasión de plástico como Formentera, Martí y Salomó empezaron a dar forma a Sunakay, un libro en el que han trabajado durante más de tres años. En él, a través de dos hermanas, los autores sumergen a los lectores un mundo apocalíptico (o no tanto) de mares plastificados y putrefactos en el que Sunan y Kay (las dos hermanas) intentan a duras penas sobrevivir sin saber que, desgracia de por medio, están llamadas a cambiar el curso de la historia.
  2. Blas, Isea y el mataplanetas (Club Editor): Tras más de 60 años de historia, la editorial barcelonesa Club Editor se estrena en el mundo de la literatura infantil con su colección La amiga imaginaria. El debut no puede ser más prometedor en todos los sentidos: desde el autor, el gran Claude Ponti, hasta el hecho de que se trate de una novedad de alcance internacional (el libro se publica a la vez en Francia, Alemania, Italia y España), pasando por el álbum en sí, Blas, Isea y el mataplanetas, un libro ilustrado de gran formato que es un regalo maravilloso para amantes de la literatura infantil desde los 3 a los 99 años, una auténtica joya para coleccionistas. La poderosa capacidad de imaginación, el aire poético de los textos y la personalísima forma de jugar con el lenguaje (estupenda traducción de Robert Juan-Cantavella) que caracteriza el estilo de Ponti se dan cita en esta nueva obra, una genial fábula galáctica con ilustraciones de gran formato que invitan a pararse en los detalles y con la que el autor francés aborda muchos de los problemas de nuestro planeta enfermo; a la vez que nos recuerda todas esas pequeñas-grandes cosas (viento, las, sueños, juegos, agua, cielo, jardines, bosques, ríos, mares, montañas, soles, pájaros) que tendemos a descuidar y que, sin embargo, “hacen que la vida sea posible. Y hermosa (…) que estemos bien. Incluso mejor que bien”.
  3. Hilos de colores (Nórdica): Un servidor imagina infinitas formas de acercar a los pequeños lectores a un tema tan complejo como el Alzhéimer, pero por más que lo piense y haga memoria no recuerda una manera tan bella como la encontrada por Elena Ferrándiz en Hilos de colores. Haciendo uso de una metáfora preciosa (la memoria como una prenda de ropa que vamos tejiendo con hilos de diferentes colores, cada uno de los cuales representa el recuerdo de una experiencia vital), recurriendo al estilo de los cuentos de hadas -aunque aquí no hay príncipe, sino un jardinero- y apoyándose en un lenguaje que es pura poesía, Ferrándiz ha creado un álbum con el que aproximarse desde la belleza a una enfermedad ya desgraciadamente cotidiana y que, si nada lo remedia, dará nombre a una de las grandes pandemias del siglo XXI.
  4. No crezcas nunca (Alfaguara): No es un libro de Roald Dahl, aunque Al Blyth y Stella Gourney, con el beneplácito de The Roald Dahl Story Company, han captado la esencia del gran escritor británico. Su alma juguetona e irreverente está en las páginas de este libro. También está Roald Dahl en las ilustraciones de su gran compañero, el irrepetible Quentin Blake. Es más, No crezcas nunca podría ser perfectamente un libro de Blake y encajaría como anillo al dedo en su inagotable obra. Dicho esto, tampoco importa. Como Quentin Blake, creo que Dahl estaría orgulloso de este título que es un canto a la infancia y que parte de una frase con el copyright de ambos: “no crezcas nunca hacia arriba, siempre hacia abajo”. Una simpatiquísima llamada a no perder nunca el espíritu creativo y alegre que caracteriza a niños y niñas, traducida con maestría por Laura Tomillo.
  5. Terriblemente aburrida (Bookolia): Tras enamorar a muchos lectores con la genial protagonista de Revancha, los caminos de la autora asturiana afincada en Copenhage Raquel Bonita y de la editorial Bookolia se vuelven a unir con Terriblemente aburrida, un álbum ilustrado “terriblemente divertido” protagonizado -aparentemente- por un pequeño insecto que trepa por el cuerpo de un gran dinosaurio. Jugando al equívoco con los lectores, Raquel Bonita ha creado un álbum sencillo, de escaso texto y con final sorpresa que deja a quien se adentra en sus páginas con una sonrisa en la boca. Uno de esos libros que los niños y las niñas piden leer una y otra vez.
  6. Milo imagina el mundo (Libros del zorro rojo): Milo imagina el mundo es un álbum ilustrado único. Lo es porque aborda un tema nada común en la literatura infantil: el viaje de un niño pequeño en el metro para visitar a su madre en la prisión en la que cumple condena. Y lo es porque ese hecho tan dramático es importante, pero a su vez es secundario: Milo, en realidad, podría haber ido a cualquier lugar que le provocase burbujas en el estómago, emoción y nervios a partes iguales. Lo verdaderamente fascinante de este álbum creado por los premiados Matt de la Peña y Christian Robinson es cómo Milo afronta esas burbujas en el estómago: imaginando las vidas del resto de pasajeros del vagón y plasmando esas vidas en inocentes dibujos; y cómo en ese viaje de imaginaciones y dibujos aprende una lección que la mayoría no acabamos de interiorizar nunca: que a las personas es difícil conocerlas, juzgarlas e incluso imaginarlas por sus apariencias.
  7. Yo quiero un perro: ¡El que sea, me da igual! (Fulgencio Pimentel): El inconfundible estilo de la autora belga Kitty Crowther, galardonada en 2010 con uno de los premios más importantes del mundo LIJ, el Astrid Lindgren, llega a la colección infantil de Fulgencio Pimentel. Yo quiero un perro: ¡El que sea, me da igual!, traducido por Joana Carro y César Sánchez, es un álbum puro Crowther, en el que, con mucho sentido del humor y un gran conocimiento de la infancia, la escritora e ilustradora indaga en temas como el acoso escolar, la necesidad de ser aceptado por el grupo, las ganas de todo niño por tener un perro y la responsabilidad que eso conlleva, especialmente cuando ese perro es adoptado y no cumple las expectativas de su pequeña dueña (y, sobre todo, las de su particular, exigente y pijo grupo de “amigas”). Lo que no sabe Millie, la pequeña heroína de esta historia, es que su pintoresco perrito es una caja de sorpresas.
  8. Las Ovejas (Limonero): Poco a poco van encontrando su espacio en España, sobre todo en librerías especializadas en literatura latinoamericana, los atractivos títulos de la editorial argentina Limonero, premiada en 2019 en la prestigiosa Feria del Libro de Bolonia como mejor editorial infantil de América Latina y América Central. Uno de los últimos en llegar es Las ovejas, un álbum bellamente ilustrado por la artista mexicana Amanda Mijangos en el que la escritora y poeta peruana Micaela Chirif propone un divertido juego inverso: Si nosotros, los humanos, contamos desde tiempos inmemoriales ovejas para dormir, ¿qué contarán las ovejas para conciliar el sueño? “Las ovejas cuentas flores para dormir: un girasol, dos rosas, tres geranios, cuatro jazmines y así”. Con esta frase arranca un álbum precioso que ahonda con imaginación en las diferencias y similitudes entre nuestro sueño y el de las ovejas.
  9. Pequeña doctora y la bestia sin miedo (Galimatazo): En las páginas de Pequeña doctora y la bestia sin miedo se respira olor a clásico, algo que sorprende cuando uno se entera de que esta obra no es más que la ópera prima de la autora “mitad kiwi, mitad escocesa” (como ella misma se define) Sophie Gilmore. Tienen algo de clásico sus delicadas ilustraciones en tonos pastel. También la historia que plantea (traducida por Imogen Duthie), protagonizada por una intrépida niña especializada en curar a cocodrilos, cuyo trabajo se complica cuando se presenta en consulta el más temido de los cocodrilos, Gran Bestia Vil. Las cosas, sin embargo, no siempre son lo que parecen. Eso, precisamente, es lo que descubrirá la protagonista tras dar una lección de perseverancia en su infatigable voluntad por ayudar a los demás.
  10. Las nietas de Baba (A buen paso): Un servidor siente predilección por los cuentos populares, por esas historias milenarias que han pasado de generación en generación y han sobrevivido hasta nuestros días en diferentes versiones (es lo grandioso de las narraciones orales), que uno imagina como las ramas del tronco de la que un día muy remoto fue la historia original. Las nietas de Baba es una de esas historias, una narración oral búlgara recuperada por la ilustradora Ina Hristova -en la versión que le contaba su abuelo-, que cuenta la hazaña de la abuelita Baba, capaz de escapar de las garras de un lobo haciendo uso únicamente de su inteligencia y de su habilidad con las palabras.

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