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“El padre tiene que pasar tiempo solo con su bebé para lograr la corresponsabilidad real”

Muchos hombres se acogen al permiso de paternidad durante las primeras seis semanas obligatorias por ley. Pero luego, al negociar con la empresa, acaban no usando las 10 restantes o disfrutando menos de las que les corresponden

Dia Padre 2022
Un padre besa a su hijogetty

La celebración del Día del Padre, este sábado 19 de marzo, tendrá lugar un año más sin haber alcanzado la corresponsabilidad real. Si miramos hacia atrás tan solo unos años, observamos que el permiso de paternidad ha aumentado de forma notable, desde las dos semanas hasta las 16 que ya pueden disfrutar hoy los hombres para criar a su hijo, al igual que el de maternidad. La ley exige el disfrute obligatorio de las primeras seis semanas de baja tras el nacimiento, a la vez que la progenitora, pero después se puede solicitar en varios periodos diferentes, a lo largo del primer año de vida del bebé.

Amaia Echevarría, directora de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), explica que el aumento del tiempo de estos permisos era muy necesario, “sobre todo para fomentar la corresponsabilidad en el cuidado de los niños”. Aunque, para Echevarría, la primera traba está en esta obligatoriedad: “Por una parte, es una buena noticia, porque somos el país más avanzando de Europa en cuanto a permisos de paternidad remunerados, y en el hecho de igualar el permiso de maternidad y paternidad. Sin embargo, el hecho de que haya que usar obligatoriamente esas seis primeras semanas juntos hace que muchas veces el padre no llegue a responsabilizarse totalmente de la crianza, y se convierta más en un ayudante de la madre, por decirlo de alguna manera”.

“Por ejemplo, hay estudios en otros países”, prosigue la experta, “que concluyen que para que se produzcan cambios sustanciales en la participación de los padres en el cuidado de los hijos, esto solamente se consigue cuando el hombre es el único progenitor que disfruta del cuidado del bebé, por lo menos durante un mes ininterrumpidamente”. “O sea, tiene que estar solo mínimo durante este tiempo para que realmente se llegue a producir esa corresponsabilidad”, incide. “Porque si no, lo que pasa es que este se convierte en ayudante de la madre, haciendo más tareas logísticas o de apoyo, pero no llega a una implicación total”, sostiene Echevarría.

“Da la impresión todavía de que únicamente las mujeres sabemos lo que es ser madre. Con la obligatoriedad conjunta de acogerse a los permisos, parece que esas primeras semanas son para que ellas les enseñen a ellos”, prosigue. “Hay que soltar, pero no únicamente en las tareas, que ya se reparten, sino también en todo lo que no se ve en la crianza, como puede ser planificar o pensar en el paso siguiente, esa responsabilidad que seguimos asumiendo muchas veces las madres. También esto hay que compartirlo, de forma que la crianza sea igualitaria”, sostiene. “Es cierto que para muchas mujeres todavía pesa mucho la educación patriarcal que sigue asociando el rol de los cuidados a la mujer”, continúa. “Yo creo que arrastramos todavía toda esta cultura. Yo tengo 47 años y he visto a mi madre o a mi abuela ocupando este rol, y espero que mis hijas, que no lo han visto en casa, puedan ser capaces de romper con esta cultura de que la mujer es cuidadora y que el hombre es el que trabaja fuera”, incide.

Amaia Echevarría es directora de UNAF.
Amaia Echevarría es directora de UNAF.

El momento de negociar el permiso de paternidad con la empresa

Cada vez hay más padres que se acogen a los permisos de paternidad. De hecho, y según informa Echevarría, más del 75% de ellos lo han usado, “y es una buena noticia. Sabemos que los hombres se cogen esas seis primeras semanas, pero estamos viendo que a partir de ese punto, en el que por ley tienen que negociar en sus trabajos cómo emplean el resto, no lo utilizan”. “Por ejemplo, las estadísticas nos muestran que el 13% de los hombres inició al menos unas semanas de este tiempo, pero también que un 40% no lo empleó o que disfrutó de mucho menos tiempo del que le correspondía, según describen, por miedo o por la presión que hay por parte de las empresas”. “Los problemas en la negociación se dan, y a veces mucho más que con las mujeres, porque todavía existe esa creencia de que los empleadores asumen que las madres se van a coger esos permisos. Cuando lo hace un hombre, todavía falta ese tipo de cultura para que pueda coger la totalidad de su permiso de forma continuada y a tiempo completo”.

“Es cierto que las madres siempre han sufrido, y sufren, cierta presión, pero se ve como algo más lógico en esos entornos que ellas se acojan a los permisos, pero con los padres todavía cuesta”, añade. “Son muchos los que están diciendo que tienen presiones desde su entorno laboral, por lo que, finalmente, muchas veces se acogen [al permiso] a tiempo parcial o, incluso, estando de baja, sufren acoso con la llegada de emails o para que hagan determinados trabajos. De todas, maneras, yo soy optimista, y creo que al final todo esto tiene que cambiar”.

Un padre abraza a su hijo en el salón de su casa.
Un padre abraza a su hijo en el salón de su casa. getty

Una encuesta realizada durante el confinamiento desveló que, “a la hora de elegir cómo coger los permisos, pesaba más el trabajo del hombre, por un tema económico producido por la brecha salarial que existe, entre otras razones. Y este resultado muestra que muchas veces es la familia quien decide cómo emplearlos”. Para Echevarría, lo cierto es que cada vez más hombres se implican en la crianza, pero lo hacen de una manera distinta a las mujeres: “Participan en actividades de ocio o logísticas, a la hora de ayudar a los niños a hacer cosas, más que con los cuidados propios de la crianza. Esto es algo que ocurre desde hace décadas, pero es cierto que los permisos, sin duda, han ayudado a que estos se impliquen más”.

En cualquier caso, apunta, sigue siendo necesaria una mayor concienciación tanto a nivel empresarial como social: “Socialmente, por ejemplo, hay que seguir haciendo hincapié en la educación en igualdad desde la infancia. Y al nivel empresarial hay que pensar en alternativas, como pueden ser, por ejemplo, crear programas de incentivos o hacer hincapié en la cuestión de los horarios, de forma que estos se adapten mejor a la crianza de los hijos. Al fin y al cabo, que podamos trabajar, pero también que podamos vivir, tanto hombres como mujeres, porque así se irá consiguiendo la corresponsabilidad real”, concluye Echevarría.

Una encuesta, realizada por la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) a 3.100 madres y padres con menores de siete años en mayo de 2021, antes de la reforma [1/4/2019], coincide con lo que dice Echevarría. “Si antes el porcentaje de padres que se tomaba el permiso de paternidad era del 86 %, ahora ha aumentado hasta el 94 %, pero ha crecido el número de padres que solo se cogen, lo mínimo establecido como obligatorio”, según sus resultados. ¿Por qué sucede esto? Según el servicio de asesoramiento para la igualdad de género de CC OO, Castilla y León, y según explican desde PPiiNA por correo electrónico, esto ocurre “porque en muchas empresas las 10 semanas voluntarias hay que pactarlas con la dirección y muchos padres reciben presiones para cogerse al permiso cuando le viene bien a la empresa o directamente desisten de las semanas voluntarias”.

“Desde PPiiNA, reclamamos que se eliminen las trampas del nuevo permiso, para que los padres tengan el derecho a cogerse a él cuándo lo necesiten, y puedan usar sus 16 semanas para turnarse con las madres. Es cierto que aún queda para que los padres puedan cuidar de la criatura cuando la madre se reincorpora a su empleo. Por ejemplo, estamos en contra de las excedencias no pagadas de las madres y a favor de turnarse con el padre durante el permiso remunerado, ya que las excedencias aumentan la brecha salarial y los turnos en el permiso la reducen”, finalizan.

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Carolina García
La coordinadora y redactora de Mamas & Papas está especializada en temas de crianza, salud y psicología, y ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Es autora de 'Más amor y menos química' (Aguilar) y 'Sesenta y tantos' (Ediciones CEAC). Es licenciada en Psicología, Máster en Psicooncología y Máster en Periodismo de EL PAÍS.

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