La escuela infantil: por qué es importante qué y cómo se aprende en esos primeros años de vida

Esta etapa educativa es un momento de gran sensibilidad y de suma importancia para asentar en niños y niñas las bases de los aspectos que van a conformar su futuro como personas

La educación infantil es una etapa de escolarización de cero a seis años no obligatoria, pero no por esto menos importante que cualquier otra.
La educación infantil es una etapa de escolarización de cero a seis años no obligatoria, pero no por esto menos importante que cualquier otra.

La Educación Infantil es una etapa de escolarización de cero a seis años no obligatoria, pero no por esto menos importante que cualquier otra. Pero, si no es obligatoria, ¿por qué es relevante una escolarización temprana? ¿En qué puede afectar a los más pequeños el no recibirla de manera adecuada? Según datos de UNICEF, uno de cada cinco niños no tiene acceso a una educación equitativa y de calidad, lo que conlleva una brecha notable en su evolución, cuando se comparan las cifras de unos países con otros, máxime si la intervención educativa es temprana. Desde los primeros días no solo nos desarrollamos a nivel motor o cognitivo, sino que vamos creando nuestro mundo social generando desde el principio una forma de relacionarnos. Por tanto, esta etapa es crucial poner en valor la necesidad de generar espacios de aprendizaje diversos donde poder trabajar con los niños y niñas pensando en su futuro, y no únicamente desde un punto de vista académico.

“Los espacios de aprendizaje hacen de la escuela un sistema más abierto y más dinámico”. Para Sara Tejero, coordinadora de Educación Infantil, esa es una de las claves: “Poder trabajar a través de diferentes entornos y contextos organizados por espacios de aprendizaje, donde se promueve la curiosidad, la colaboración, y el interés de los alumnos y alumnas para moverse con libertad, al contrario de un aula tradicional”. Con esa premisa, en escuela Ideo han producido aulas circulares, independientes entre sí y ubicadas al margen del resto de alumnos para que los más pequeños del colegio tengan su propio espacio de aprendizaje y juego.

Según señala César Martín Calera, orientador de Educación Infantil: “tratamos de individualizar la educación a través de espacios seguros, poniendo especial énfasis en las potencialidades de nuestro alumnado para acompañar su proceso de desarrollo personal de la mejor manera posible, y damos además especial importancia a la gestión del error y de las relaciones sociales como una parte básica del proceso de aprendizaje desde las edades más tempranas”.

Pero además, es importante entender que en esta etapa el espacio físico es clave para generar un contexto en el que las relaciones, interacciones y roles que se producen en él sean saludables, adecuadas y significativas como base de un desarrollo adecuado y en el que el alumnado sea entendido como elemento activo, protagonista de su aprendizaje a través de la observación, investigación, experimentación, invención, ensayo/error, emoción…

Según el estudio Clever Classroom, las diferencias en las características físicas de las aulas explicaron el 16% de la variación en el progreso de aprendizaje a lo largo de un año para los 3766 alumnos que incluyeron en el estudio. Y según el meta análisis de Nye et al. (2004), la magnitud del efecto del maestro explica entre el 7 y el 21 % de la variación en los logros de los alumnos.

Es por esto, que la relación entre espacios de aprendizaje y rol docente es algo fundamental para favorecer el aprendizaje experimental y la capacidad de decisión del alumnado, siendo este protagonista de su propio proceso. Y para ello, una vez más, la atención se debe centrar en crear espacios motivadores, variados y atractivos, y partir de la estimulación neurosensorial y motriz como base del descubrimiento y el desarrollo.

De esta forma, dentro de las diversas maneras en las que se puede intervenir en Educación Infantil, en Escuela Ideo se trabaja por espacios, no por asignaturas, y se permite la experimentación y la manipulación como cimientos del proceso educativo. En definitiva, se rompe el concepto tradicional de aula. “Generamos espacios como el de comunicación y lenguaje, para descubrir, desarrollar y disfrutar la intención comunicativa del lenguaje, tanto en castellano como en inglés. Un espacio lógico-matemático para desarrollar y disfrutar del razonamiento lógico en situaciones de la vida cotidiana. Un espacio llamado lab-maker para alimentar y satisfacer la curiosidad científica innata facilitando la experimentación, o un espacio de motricidad para conocer el propio cuerpo y sus posibilidades motrices preparándose para una actividad posterior que requiere mayor concentración”, apunta Leticia Baldasano.

De una u otra manera, el objetivo último en esta etapa educativa tan crucial es que niñas y niños vayan tomando conciencia de sí mismos y convirtiéndose en personas vitales, autónomas y curiosas. Cambiar las reglas para fomentar el cambio educativo y generar un ecosistema en el que cada alumno es único y protagonista de su proceso de aprendizaje facilita su interacción con otras personas en un entorno inclusivo, de convivencia, seguridad y confianza. Como diría Aristóteles, “educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto”.

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