Conversaciones sobre Estados Unidos | Historiador

Niall Ferguson: “Estados Unidos estaría mucho menos desgarrado si Obama hubiera sido un presidente de un solo mandato”

El prestigioso historiador conservador da por hecha una victoria de Biden, pero considera que “la pifiará” porque los demócratas “no han comprendido por qué ganó Trump”

El historiador escocés Niall Ferguson, en una imagen de 2018.
El historiador escocés Niall Ferguson, en una imagen de 2018.Carlos Rosillo

Esta entrevista forma parte de una serie de charlas con intelectuales, editores, activistas, economistas y políticos de primer orden que ayudan a describir el estado de cosas antes de las elecciones. Puede leer las demás entregas aquí.

Brillante, rebelde y provocador, Niall Ferguson (Glasgow, 1964) es uno de los historiadores más conocidos e influyentes del mundo. Profesor en Stanford y Harvard, biógrafo de Henry Kissinger, es autor de 15 libros sobre política exterior, historia de la economía y los imperialismos británico y estadounidense. De ideas conservadoras, ha sido muy crítico con la Administración de Barack Obama y fue asesor de la campaña presidencial del republicano John McCain. Tras un viaje a Berlín en el verano de 1989, predijo la caída del muro de Berlín. En un congreso en Las Vegas en 2007, mientras investigaba para su libro El triunfo del dinero (2008, convertido después en premiada serie de televisión), apostó contra un financiero que habría una recesión en menos de cinco años. Ganó 98.000 dólares. Advirtió también, después de que el Reino Unido votara por el Brexit, de que Donald Trump podría llegar a la Casa Blanca. Y en una columna en The Sunday Times, el pasado mes de enero, escribió: “Prepárense para una pandemia del coronavirus”. En esta charla con Ferguson para la serie de entrevistas que publica EL PAÍS sobre las presidenciales estadounidenses del 3 de noviembre, la primera pregunta es, pues, obligada.

Pregunta. ¿Quién va a ganar estas elecciones?

Respuesta. Joe Biden es una figura mucho menos impopular que Hillary Clinton. La economía está en un agujero y, claro, el presidente ha hecho una chapuza importante con la covid-19. Así que creo que Joe Biden va a ganar. Y va a ganar con un margen suficientemente amplio para que no haya esa gran crisis constitucional que empieza a parecer muy emocionante a muchos periodistas. Odio llegar a esa conclusión porque hace cuatro años fue divertido estar a la contra y acertar. Pero como historiador no puedo ver cómo un presidente en un agujero tan profundo como este puede ser reelegido. Incluso si la pandemia no hubiera pasado, me parece que no habría estado en una posición especialmente fuerte. La economía acompañaba, pero estaba colocada de esteroides por los estímulos fiscales y monetarios. Trump no va a ser reelegido porque la economía está jodida.

P. Los votantes parecen seguir teniendo fe en su gestión económica...

R. Pero cuando miras más de cerca, hay dos razones para ser escépticos. Primero, los márgenes en Estados como Wisconsin son enormes. Segundo, los mayores, a los que les preocupa la economía y que son cruciales para el Partido Republicano, han perdido la fe en Trump, de una manera que es enteramente explicable por el virus. Eso me parece una situación letal para un candidato republicano. Sabíamos que hace tiempo perdió a los jóvenes, pero si pierdes a los mayores de 65, especialmente en Estados disputados, no veo cómo puedes sobrevivir a eso. Creo que el margen de Biden en el colegio electoral será bastante robusto.

P. ¿Qué escribirán los historiadores del futuro sobre la presidencia de Trump?

R. Primero, que el contragolpe populista en EE UU tardó en llegar, considerando cuántas razones la América media tenía para sentirse agraviada. Y que, cuando llegó, Donald Trump desempeñó un papel catártico en la articulación de todas las frustraciones de la América media. Con la globalización, con China, con la inmigración, con las élites liberales. Hubo, por tanto, una cierta legitimidad en esa victoria electoral en 2016 contra un establishment demócrata fundamentalmente complaciente. Segundo, el impacto histórico de Trump reside en el hecho de que cambió el curso de la política de Estados Unidos hacia China. Rompió con un consenso sobre China que se remontaba a Kissinger y Nixon. Dirigió al público estadounidense a un marco mental completamente diferente con respecto a China, incluidos los demócratas. Eso es lo más relevante de su presidencia. La segunda guerra fría se puso en marcha. EE UU se despertó al hecho de que había un desafío chino y que podía hacer algo por ello.

P. ¿Cree que los demócratas han aprendido alguna lección en cuatro años?

R. No han comprendido por qué ganó Trump. Y un signo lamentable de ello es que eligieron a Joe Biden como su candidato. McCain estaba acabado mucho antes de que la gente empezara a votar, porque los demócratas habían encontrado a Barack Obama, que era la personificación del cambio rejuvenecido en el que se podía creer. Esta vez los demócratas la han pifiado de verdad. Han encontrado un candidato tan anciano y débil que podría de hecho perder. Que esto haya sido lo mejor que podían encontrar es una acusación terrible para el establishment demócrata. Por eso esta elección está todavía en el aire, porque en cualquier momento Biden podría perder la elección en un debate, en una actuación desastrosa. Como el almirante Jellicoe pudo perder la Primera Guerra Mundial en una tarde, Biden podría perder estas elecciones en una noche. Está absolutamente para el arrastre. ¡Y fue vicepresidente con Barack Obama! La razón por la que Trump fue elegido es que el segundo mandato de Obama alienó completamente a una enorme proporción de gente que había votado por él en lugares como Michigan. Eso es lo que no han aprendido. La gente en la Administración Obama cree que van a regresar al poder en enero. Lo que me indica que no han entendido por qué perdieron en 2016.

P. ¿Sobrevivirá el trumpismo a Trump?

R. Lo sorprendente de Trump es que sus índices de aprobación apenas se han movido en cuatro años. Está atrapado en un pasillo estrecho de popularidad y por eso no va a haber creo un trumpismo duradero. El trumpismo no es realmente viable como estrategia electoral a largo plazo por razones demográficas obvias. Si tu base nuclear son tipos blancos que no han ido a la universidad, es una fuerza menguante. Quienquiera que venga luego va a tener que tirar a la basura la estrategia de Trump y traer algo más amplio en su reclamo.

P. ¿Algo que apele al cada vez más importante voto hispano, por ejemplo?

R. Una de las subtramas interesantes de este año es que los votantes hispanos no corren tras la bandera de Biden, a pesar de que no se me ocurre nada que Trump esté haciendo para atraerlos. Creo que los republicanos tienen una oportunidad de aumentar su apoyo entre los hispanos, porque no hay mucho en el movimiento Black Lives Matter que apele a los votantes latinos. El futuro del Partido Republicano pasa por atraer más votantes hispanos en un abanico de temas sociales donde la coalición demócrata creo que es bastante frágil.

P. ¿Cómo se ha convertido el Partido Republicano en un culto a Trump?

R. Ha sido como estar en un avión secuestrado. Lo que pasó en 2016 es que Trump arrebató la nominación al partido. Si pienso en 2012, creo que este país estaría en un lugar mucho menos desgarrado si Obama hubiera sido un presidente de un solo mandato y Mitt Romney hubiera sido elegido. No habría sido Romney un presidente perfecto, pero habría evitado la revolución de 2016 entre los votantes republicanos, y no estaríamos ahora en un país tan dividido. Sin ese segundo mandato de Obama, es difícil ver cómo Trump hubiera sido viable como candidato. Romney sigue ahí. McCain murió, habiendo sido horriblemente insultado por Trump, algo que nunca le perdonaré porque yo amaba a John McCain. El trumpismo quedará relegado a Internet o a la televisión, existirá como una cosa de entretenimiento. El Partido Republicano estará cuatro años recomponiéndose y será muy ayudado en ese proceso por el hecho de que la Administración Biden la pifiará, igual que hizo la Administración Obama.

P. Escribió usted que hay un hombre que puede convertir la segunda guerra fría en la Tercera Guerra Mundial, y ese hombre es Joe Biden.

R. He observado durante un siglo de historia estadounidense que a menudo, cuando los presidentes demócratas son elegidos con una agenda doméstica importante, acaban metiéndose en grandes guerras. Le pasó a Woodrow Wilson, a Franklin D. Roosevelt, a Harry Truman, a John F. Kennedy y a Lyndon Johnson. Y casi también a Jimmy Carter, pero evitó entrar en guerra en Afganistán. Es solo en el pasado reciente que los demócratas han estado inclinados a evitar guerras, en los casos Bill Clinton y Barack Obama. Podría ver un escenario en que la Administración Biden llega al poder lista para hacer todo tipo de gastos en servicios sociales, educación, subir impuestos, hacer esas cosas habituales, y se encuentra con una crisis sobre Taiwán. Creo que China va a forzar ese tema en algún momento. Y el momento inteligente para hacerlo sería justo al principio de una presidencia de Biden. La segunda guerra fría es estructural, no es de ninguna presidencia concreta, es una rivalidad estratégica estructural como la primera guerra fría, y el principal problema de Biden es que la segunda guerra fría no le dejará tranquilo para hacer su agenda doméstica. Hay que mirar de cerca lo que pasa en Taiwán, lo que Xi haga para legitimar su posición y explotar las debilidades que vea.

P. ¿Cuál debería ser la estrategia con China?

R. Creo que la de la Administración Trump no ha sido tan mala en ese frente. Yo particularmente no habría utilizado los aranceles. Pero creo que en otros temas como tecnología ha acertado al evitar que Huawei tome las redes de 5G del mundo. Ha sido acertado presionar a China por Xinjiang, en Hong Kong y en Taiwán. En conjunto, mi defensa de la Administración Trump sería que acertó al tomar la línea dura con China y cambiar el curso después de lo que había sido una especie de punto de vista fatalista de Obama, de que no había nada que pudieras hacer para detener a China.

P. ¿Qué hay de Oriente Próximo?

R. Creo que la Administración Trump también aquí ha sido mucho más exitosa de lo que muchos demócratas quieren creer. La política de Obama fracasó porque los iraníes se metieron en el bolsillo el acuerdo nuclear y siguieron siendo un régimen hostil en todos los demás terrenos. Poner punto final a eso fue lo correcto, y ahora vemos un nuevo alineamiento que conecta a Israel con los Estados del Golfo y aísla cada vez más a Irán. Así que debes dar a la Administración Trump algunos puntos por haber troceado la política de Obama y haber acabado en algo que a mí me parece que pinta mucho mejor.

P. ¿Qué está en juego en estas elecciones?

R. Me agota la insistencia cada cuatro años en que son las elecciones más importantes de nuestras vidas. Se ha convertido en un cliché. No compro la idea de que la república está en peligro y que Trump se atrincherará en la Casa Blanca. Creo que vamos a ver la clásica historia de una presidencia de un solo mandato. Lo que está en juego es si las normas de la política estadounidense pueden ser restauradas o están dañadas permanentemente por los últimos, no diría cuatro, sino ocho años. Lo que está en juego es que, si los demócratas ganan, que creo que lo harán, y si ganan por mucho, que creo que lo pueden hacer, pueden estar tentados a pensar que ha llegado el momento de amañar el sistema fundamentalmente a su propio favor. Entonces las elecciones mitad de mandato las ganarían los republicanos, y en 2022 tendríamos una recreación de lo que le pasó a Obama en 2010, que sobreactuó los dos primeros años y después perdió el Congreso. Lo que está en juego, algo mucho más modesto que lo que dice mucha gente, es si los demócratas han aprendido algo de los últimos ocho años. Y me temo que no.

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