Elly Schlein: “La derecha avivaba el miedo, pero ahora son ellos quienes dan miedo”
La líder del PD italiano ha forjado en tres años una coalición de izquierda que por primera vez cree posible derrotar a Meloni: “Se inspira en Orbán y pronto acabará como Orbán”


La victoria de Giorgia Meloni en las elecciones de 2022 se debió sobre todo a la división de la izquierda, que al contrario que la derecha no fue capaz de formar una coalición en un sistema electoral que las premiaba. Fue la puntilla a la crisis del Partido Democrático (PD), que en busca de un nuevo liderazgo convocó unas primarias en febrero de 2023. Por sorpresa, las ganó Elly Schlein (Lugano, Suiza, 40 años), que no era la candidata del aparato del partido y fue una apuesta más de izquierda, joven, del activismo a pie de calle, de una base que quería un cambio.
Schlein, de madre italiana y padre estadounidense de ascendencia ucrania, ambos profesores universitarios, creció en Suiza y estudió Derecho en Bolonia. Fue voluntaria en Estados Unidos en las dos campañas de Barack Obama y con 29 años ya era parlamentaria europea. Desde muy pronto destacó en la base del PD y en estos tres años se ha consolidado como líder en un partido en el que siempre es complicado navegar entre las corrientes internas. A un año de las elecciones, la izquierda italiana ha enfilado el camino de una gran coalición encabezada por el PD y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Giuseppe Conte, con quien Schlein se disputa el liderazgo. Tras la sonora derrota de Meloni en el referéndum para un reforma judicial, por primera vez tiene esperanzas de ganarla en las urnas.
Pregunta. ¿Por qué entró en política? Podría ser uno de los muchos italianos muy preparados que viven en el extranjero y creen que Italia no tiene arreglo.
Respuesta. Empecé en el colegio y seguí en la universidad. Pertenezco a una generación muy desilusionada con la política, que se distanció de ella porque ya no se sentía representada. Pero en cierto momento nos dimos cuenta de que esto hacía el juego a otros, y que la única manera de cambiar las cosas era arremangarnos, participar e intentar ser parte del cambio que queremos para la sociedad.
P. Hay un gran deseo en la izquierda de unidad, de dejar de pelearse. ¿Por qué es tan complicado en Italia? ¿Cómo lo van a hacer?
R. Es parte del mandato que recibí al ganar las primarias de 2023. Reconstruir una coalición. Llevo esta pulsera que dice “Testardamente unitari” (Testarudamente unitarios), la estrategia que elegimos desde el principio. No porque nos lo dijera el médico, sino porque nuestra gente nos lo dice. Se requiere unidad y coherencia en el proyecto, y eso es lo que hemos intentado estos tres años, y los resultados ya se ven.
Hemos trabajado para unir a los partidos de la oposición en una alianza progresista que el año pasado se presentó como coalición en siete regiones. Esto no había sucedido en veinte años. Es un nuevo clima que busca superar las divisiones y los personalismos. Lo importante es unir fuerzas sobre prioridades muy concretas: trabajo digno, salarios, sanidad pública, educación, una política industrial para abordar el cambio climático, transición ecológica, derechos democráticos.
La experiencia del Gobierno de Sánchez en España es muy valiosa para nosotros, porque demuestra que la agenda progresista funciona y da resultados. Se pueden reducir las desigualdades y al mismo tiempo se puede aplicar una política industrial que genere un fuerte crecimiento y empleos de calidad. España resulta atractiva para la inversión extranjera.

P. Pero todavía tienen que decidir quién será el candidato a primer ministro.
R. También llegaremos a un acuerdo. O será quien obtenga un voto más o habrá primarias de coalición. No partimos de cero porque en estos tres años ya hemos hecho juntos muchas propuestas legislativas.
P. En todo el mundo se ha visto una ola de populismo de derecha. ¿En qué se ha equivocado la izquierda?
R. La izquierda se ha equivocado en que a veces ha olvidado que es izquierda y quién es, qué debería representar. Pero sobre todo, creo que la derecha nacionalista ha sido muy hábil para construir consensos avivando los miedos de la gente. Ha elegido los mismos enemigos en distintos países. Los diferentes, migrantes, comunidades LGBTI, pero no ha logrado resolver los problemas concretos de la gente. Han traído guerras, inflación, recesión, muros, aranceles. Ahora son ellos quienes dan miedo porque traen incertidumbre y guerra.
La gente, en cambio, nos pide paz y tranquilidad. La tranquilidad de poder recibir tratamiento si enferman. De tener un trabajo digno, con un salario que les permita llegar a fin de mes. De saber que si sus hijos van a la escuela pública tendrán herramientas para un futuro mejor. Trump ha expuesto sus grandes contradicciones, que ya existían, pero que ahora son evidentes.
Durante años pareció que esta ola de nacionalismo de derecha era imparable. No son invencibles, pero no los venceremos en su terreno, copiando su agenda. Los venceremos si los arrastramos al terreno más incómodo para ellos, el social y económico de la justicia social. En este terreno, han demostrado su rotundo fracaso.
P. ¿Cómo explica el éxito de imagen de Meloni en el exterior?
R. Por un lado, Meloni ha confirmado el posicionamiento internacional de Italia y, afortunadamente, también en el apoyo a Ucrania. Y se ha esforzado por mantener las cuentas en orden, e imagino que a algunos les han gustado las políticas de austeridad. El problema es que la estabilidad de la que ha disfrutado se ha traducido en inmovilismo. ¿Cómo es posible que haya desperdiciado una oportunidad histórica para cambiar el país? Porque tenía la mayoría en el Parlamento para impulsar reformas importantes, pero en tres años y medio no ha hecho nada. Ninguna de sus grandes reformas, y la última, la judicial, ha sido rotundamente rechazada por 15 millones de votantes que votaron en contra. Si pregunta en la calle qué ha hecho el Gobierno de Meloni en estos tres años y medio no encontrará un solo ciudadano que pueda darle una respuesta. Sí, ha aprobado cuatro decretos de seguridad de propaganda que restringen la disidencia, y los centros ilegales e inhumanos en Albania, en los que también ha fracasado: han sido deportados 536 migrantes y Meloni dijo que habría 36.000 al año. Y cada uno cuesta 300.000 euros.
Pero, sobre todo, es el fracaso por la situación económica y social de este país. Hemos tenido un descenso de la producción industrial durante tres años casi consecutivos. Tenemos salarios que están entre los más bajos de Europa, y ella bloquea la propuesta de un salario mínimo. Tenemos una perspectiva de crecimiento cercana a cero. Ha reducido los servicios: desde que llegó al cargo el gasto sanitario en relación al PIB ha caído al 5,9%, por debajo del umbral crítico del 6% de la OMS, por debajo del cual un sistema sanitario corre el riesgo de ser insostenible. Lo único que ha aumentado y que seguirá aumentando es el gasto militar.

P. Sí ha mantenido las cuentas en orden: el déficit era del 8,1% y hoy es del 3,1%.
R. La cuestión es para hacer qué. Por supuesto no cuestionamos la estabilidad, tenemos una deuda pública elevada y no somos aventureros con la política presupuestaria. El problema es que, con los márgenes que tenían y con los fondos europeos, han desperdiciado una oportunidad para aumentar la productividad y la competitividad con políticas industriales. Hace unos años, España no estaba en una situación muy diferente a la nuestra. Optó por una política que aceleró las energías renovables, y esto ha logrado resultados significativos. Pero en Italia tenemos las facturas de energía más altas de Europa.
P. ¿Por qué es tan difícil cambiar las cosas en Italia? Siempre se habla de grandes reformas pendientes que nunca se llevan a cabo. ¿Cuál es el problema?
R. Meloni ha optado por proteger intereses equivocados, intereses corporativos que se resisten al cambio en nuestro país. Y en realidad, la unidad de la derecha es superficial, están mucho más divididos que nosotros. Por eso no han logrado nada. Es difícil estar más dividido que la derecha en política internacional.
P. La izquierda también lo está sobre Ucrania.
R. Pero es lo único en que tenemos diferentes sensibilidades en la coalición. La derecha tiene tres posiciones diferentes incluso solo sobre Europa. Meloni no cree en una mayor integración europea, se opone a superar el veto, a una defensa común. No está librando la batalla fundamental para Italia, que Confindustria [patronal italiana] también reclama, de continuar con las inversiones europeas conjuntas. Sin un nuevo plan Next Generation EU, un plan industrial europeo respaldado por deuda e inversión conjuntas, no podremos competir con China y Estados Unidos.
P. ¿Qué opina de Trump? Una cosa es hablar desde la oposición, pero desde el Gobierno, se ve que no es tan fácil decir que no.
R. No es fácil decir que no, pero cuando se trata del interés nacional, hay que hacerlo, como ha demostrado Sánchez. Y es crucial porque este Gobierno se ha sometido a Trump y esto perjudica el interés nacional. Con los aranceles, por ejemplo. Meloni también se opone a la cláusula buy Europe que busca fortalecer la industria europea y acepta sin rechistar el aumento al 5% del gasto militar, que sabemos lo que significa: comprar más armas a Trump. Meloni hace lo mismo con el gas, solicita la suspensión del ETS, la principal medida para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Significa que está pidiendo comprar más gas natural a Trump. Entonces, ¿sirve a los intereses de Trump o a los europeos e italianos?
P. Italia y Alemania han votado en contra de rescindir el acuerdo de asociación con Israel. Si usted estuviera en el Gobierno, ¿lo habría apoyado?
R. Inmediatamente. También exigimos el reconocimiento del Estado de Palestina.
P. ¿Ve usted el riesgo de una deriva autoritaria en Italia al estilo Orbán?
R. Meloni y Salvini han declarado muchas veces que se inspiraban en lo que hacía Orbán en Hungría, y creo que pronto acabarán como Orbán. La mejor respuesta la dieron los italianos, que votaron en el referéndum en contra de una reforma que no mejoraba el sistema judicial, y para defender nuestra Constitución, que es una Constitución antifascista.
P. ¿Cuál es su propuesta sobre inmigración? ¿Haría una regularización a gran escala, como Sánchez?
R. Lo primero que hay que hacer es cambiar las normas europeas. Porque el Reglamento de Dublín es injusto, impone la mayor responsabilidad en materia de asilo a los países de las fronteras conflictivas de la UE, como Italia, Grecia y España. En los últimos años seis de los 27 países han gestionado el 80% de las solicitudes de asilo. Esto no es la solidaridad ni el reparto de responsabilidades consagrados en los tratados europeos. Lucharé por una mayor responsabilidad compartida en la acogida. Y en Italia, la ley Bossi-Fini de 2001 debe ser revisada. No ofrece vías adecuadas para la entrada legal, algo que las empresas italianas también exigen. Es una ley absurda, la única forma de entrar legalmente es tener ya una oferta de trabajo en el país de origen.
P. Italia es uno de los países europeos más atrasados en derechos de las personas LGBTI. ¿Piensan cambiarlo?
R. Hace unos años, la derecha rechazó una ley propuesta por nosotros, una ley civilizada contra el odio a homosexuales y lesbianas y la transfobia, también contra la misoginia y la discriminación hacia las personas con discapacidad. La derecha la rechazó con aplausos y risas en el Parlamento. Necesitamos una ley, porque donde falta los incidentes de discriminación y agresión, que lamentablemente hemos visto con tanta frecuencia en Italia, son más frecuentes. Otro tema es el reconocimiento de las familias de parejas del mismo sexo con hijos. Al no existir una ley específica, los tribunales han realizado gran parte del trabajo, pero es responsabilidad de los políticos comprender cómo ha cambiado la sociedad. Necesitamos una ley. Y en tercer lugar, es fundamental una educación en respeto y diversidad obligatoria en la etapa escolar.

P. Madrid, Barcelona, como muchas ciudades europeas, están llenas de italianos. Muchos se van de Italia porque no pueden salir adelante. ¿Qué haría usted para que volvieran?
R. Tomaría como ejemplo España: aprobaríamos un salario mínimo porque hay cuatro millones de trabajadores, sobre todo jóvenes, que son pobres incluso teniendo trabajo, o que no aceptan un empleo porque el sueldo es demasiado bajo, y por eso se van. La OCDE ha informado de que los salarios en Italia están estancados, incluso por debajo de los de 2019. Preparamos una ley sobre el derecho de los jóvenes a quedarse, con incentivos. Irse es una excelente manera de adquirir experiencia, pero nunca debería ser una decisión forzada.
P. Mañana [al día siguiente en el momento de la entrevista] es 25 de abril. ¿Puede explicar a un lector español por qué esta fecha es tan importante y por qué cada año crea problemas a este Gobierno?
R. Es la fiesta más bonita en nuestro país porque celebra la liberación del régimen fascista y la ocupación nazi. Para algunos es una fecha divisiva. Pero es una fecha fundacional de nuestra República y de nuestra Constitución antifascista. Solo puede resultar divisivo para quienes tienen nostalgia del fascismo.


























































