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Rusia frena la ofensiva de Ucrania y pasa al ataque

El ejército de Kiev sufre con menos munición y tropas que el invasor y se prepara para un 2024 con mayores obstáculos para recuperar territorio ocupado

Guerra de Rusia en Ucrania
Estatua de un soldado soviético ante los restos de un centro de cultura destruido por las bombas en las afueras de la localidad ucrania de Avdiivka, el 26 de octubre.Libkos (Libkos via Getty Images)

Rusia se encomendó este verano a la solidaridad de Corea del Norte para armar a sus tropas en Ucrania. Para muchos, tanto en Kiev como en Washington, que Vladímir Putin recurriera a uno de los países más pobres del mundo era la prueba de que su ejército está bajo mínimos. “Rusia está en un modo bastante desesperado si tiene que pedir ayuda a Corea del Norte”, afirmó el 14 de septiembre la portavoz del Pentágono Sabrina Singh, coincidiendo con la visita a Rusia del líder norcoreano, Kim Jong-un. Pero la realidad ha sido diferente. Analistas de referencia de la guerra en Ucrania confirman que la munición de artillería aportada por Corea del Norte está siendo decisiva para que Rusia haya pasado al ataque en el frente de Donetsk (sureste) y en el de Járkov (noreste).

Rusia no solo ha frenado la ofensiva ucrania, sino que ha vuelto a avanzar en sectores clave. En Avdiivka, municipio bajo control ucranio a las puertas de la ciudad de Donetsk [anexionada ilegalmente por Rusia], el invasor está intentando sitiar a las fuerzas ucranias. En el frente de Kupiansk, en el extremo oriental de la provincia de Járkov, los rusos también han avanzado, sometiendo a las unidades ucranias a un infierno de fuego de artillería. “La munición que ha llegado de Corea del Norte está siendo determinante, probablemente en Avdiivka, y recibirán mucha más de la que ya tienen”, explica John Helin, miembro del grupo de información militar finlandés Black Bird. Ryan Evans y Michael Kofman, expertos del grupo de análisis militar War on the Rocks, también coincidían en un podcast del 18 de octubre en lamentar que muchos se mofaran de la entente entre Putin y Kim. “Corea del Norte tiene cantidades enormes de artillería, es un movimiento que puede ser decisivo”, añadió Evans.

Las Fuerzas Armadas Ucranias se encuentran en la situación opuesta: sufren un serio déficit de munición y de recursos humanos. Esta carestía no se notará solo en el corto plazo, según los expertos consultados por EL PAÍS. Las limitaciones durarán por lo menos un año, por lo que en 2024 se descarta de momento que se produzcan grandes avances ucranios.

Los mensajes pesimistas entre analistas, altos mandos y unidades en el campo de batalla van a más. Denis Yaroslavskii, comandante de Inteligencia del Ejército de Tierra ucranio, advirtió el 24 de octubre en la radio RFERL que la situación en el eje Kupiansk-Vozlovi, un nudo ferroviario y logístico clave para Ucrania, “es muy difícil”. “Cada minuto se producen asaltos del enemigo y el objetivo es sitiar Kupiansk”, apuntó Yaroslavskii, “[los rusos] están sufriendo muchas bajas, pero las sustituyen rápidamente con nuevas tropas, no vemos que su fuerza disminuya”.

Defender Avdiivka es la principal preocupación ucrania en el frente de Donetsk, pero la situación no es mucho mejor en el cercano sector de Bajmut, donde se habían centrado buena parte de los recursos de la ofensiva de verano para recuperar el control de la ciudad. En los más de cuatro meses que han pasado desde que Ucrania inició la contraofensiva, su ejército sigue lejos de poder rodear la ciudad, que es la estrategia que se ha seguido para expulsar al invasor de Bajmut. Petro Kuzyk, comandante del batallón de infantería Svoboda, explicaba el pasado martes en el diario Pravda que el enemigo les supera “en todo”. “Tienen más armamento y equipos de todo tipo”, aseguró. Su ventaja, según Zukyz, es que los soldados ucranios son más competentes.

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Kuzyk también confirmó lo que se está produciendo en los 1.800 kilómetros de frente, que las operaciones ahora responden “a una guerra de posiciones, porque los asaltos totales son imposibles”. Ambos bandos, según el comandante del batallón Svoboda, han establecido tantos obstáculos para frenar avances, sobre todo campos de minas, que disuaden de cualquier operación a gran escala que solo traerá elevadas pérdidas. El resultado es un frente congelado.

Este diario visitó a principios de octubre a tres unidades militares ucranias de diferentes ramas de las Fuerzas Armadas en el frente de Zaporiyia —de las fuerzas especiales, de infantería y de una brigada blindada—. Sus oficiales confirmaron que en septiembre finalizaron los meses de asaltos directos para romper las defensas rusas con tanques e infantería mecanizada por las enormes pérdidas que recibieron en los campos minados. La prioridad ahora es la presión sobre posiciones concretas con escuadras o compañías, de entre 6 y 12 hombres, además del uso intensivo de drones bomba. Estas tácticas hacen más difícil que haya progresos notables, pero permiten reducir bajas y pérdidas de equipos.

Dos semanas de margen

Evans corroboraba esta situación en su análisis para War on the Rocks y avisaba de que a Ucrania le quedan dos semanas de margen para conseguir algún resultado, antes de que las inclemencias del tiempo en otoño e invierno, la lluvia y luego el frío, frenen drásticamente las operaciones militares. Analistas militares rusos dan por hecho de que en estas dos semanas habrá un intento ucranio más de romper a gran escala su segunda línea de defensa en el frente de Zaporiyia para llegar al municipio de Tokmak. Kuzyk explicó en Pravda que su mayor preocupación era la reducción drástica de munición en las últimas semanas, y concluía que o bien el problema de la carestía de arsenal es excepcionalmente grave, o bien el Estado Mayor ucranio está reservando proyectiles para una operación de envergadura.

El objetivo inicial de la contraofensiva era cortar las líneas logísticas por tierra que conectan Rusia con Crimea, recorriendo la costa del mar de Azov. La manera de conseguirlo era liberar la ciudad de Melitopol. En los meses de ofensiva, solo se han avanzado unos 8 kilómetros, y Melitopol queda a más de 70 kilómetros de la infantería ucrania. Kiev cambió el objetivo a finales de verano: Tokmak, punto logístico importante, era el nuevo bastión a conquistar en 2023. Pero las fuerzas ucranias continúan a 20 kilómetros de Tokmak, como lo estaban en agosto. En un documento publicado el 19 de octubre por el RUSI, el principal centro de análisis de seguridad del Reino Unido, Jack Watling daba “por altamente improbable que se produzca un avance hacia Tokmak” en el presente año, “excepto si las fuerzas rusas se retiran”.

Las tres líneas de defensa que el invasor ha ido levantando desde el pasado verano han demostrado ser inexpugnables con los recursos con los que cuenta Kiev. Helin recuerda que incluso el éxito de superar la primera línea, en el pueblo de Robotine, no está asegurado porque los rusos están presionando por los flancos. El experto finlandés también descarta que el ejército ucranio llegue a Tokmak en lo que queda de año porque primero debería ampliar la estrecha franja por la que está avanzando —de 10 kilómetros de ancho—, para evitar el riesgo de ser cortado por los flancos.

Los objetivos oficiales de la ofensiva para alcanzar antes del invierno han ido a menos a medida que han pasado los meses. Tomar Tokmak es uno, el otro es liberar Bajmut, según recordó el 12 de octubre en el digital TSN el jefe de los servicios de inteligencia del Ministerio de Defensa, Kirilo Budanov. Pocos creen que esto sea posible. Petro Burkovskii, director de la Fundación Iniciativas Democráticas (DIF), centro ucranio de estudios políticos, es de los que sí espera que sea posible, según detalla en una entrevista telefónica: “Hay que creer en estos objetivos para elevar la moral de nuestra gente, pero si no puede ser en unas semanas, será en 20 semanas, esto determinará futuras campañas ofensivas”.

Inferioridad aérea

Burkovskii incide en que el tempo de cualquier operación militar no depende del calendario, sino de los recursos disponibles. En el futuro, indica, tiene que llegar nuevo armamento, como los cazas de combate F-16. La clara inferioridad aérea ha sido uno de los principales contratiempos de Kiev para ganar territorio. Sobre los mensajes pesimistas sobre los recursos de Ucrania, el director de la FID recuerda que ya el pensador y general chino Sun-Tzu escribió hace más de dos milenios que una de las estrategias en la guerra es confundir al enemigo.

Helin avisa de que Ucrania debe dejar de creer en “armas milagrosas” que puedan cambiar el sentido de la guerra. La llegada de los tanques alemanes Leopard no ha sido determinante, indica, como tampoco lo serán los F-16 o la reciente incorporación de los misiles estadounidenses con munición de racimo ATACMS.

Recibir los misiles de largo alcance ATACMS había sido una de las demandas más reiteradas del presidente ucranio, Volodímir Zelenski. El reciente bombardeo con este armamento de una base de helicópteros rusa en Berdiansk ha sido celebrada por las autoridades ucranias como un gran éxito. Pero Helin pide cautela porque las unidades recibidas son escasas y, sobre todo, son misiles antiguos y de medio alcance —165 kilómetros—. “Ucrania tiene que vender optimismo y resultados porque teme que el mundo se olvide de esta guerra como se olvidó de la de Donbás [contra los separatistas en el este de Ucrania] en 2015, y termine por ser forzada a firmar un acuerdo con Rusia como los de Minsk”, concluye Helin.

Otro año sin grandes avances

En lo que coinciden observadores internacionales y nacionales es en que Ucrania tiene un grave problema, y es la escasez de munición. “Tenemos un enorme problema de carestía de munición, no solo en Ucrania, sino en el mundo”, admitió este jueves el primer ministro Denis Shmyhal en Financial Times: “Por eso tenemos que producirla aquí, porque se ha acabado en todo el mundo, todos los arsenales han quedado vacíos”.

La industria militar de los países de la OTAN, trabajando al máximo nivel, no cubre la demanda ucrania. Watling calcula que Ucrania dispara de media 200.000 proyectiles de artillería en un mes, que es lo mismo que produce Estados Unidos en 10 meses. Mikola Bielieskov, investigador del Instituto Nacional de Estudios Estratégicos, dependiente de la presidencia ucrania, lo exponía crudamente en un informe del 16 de octubre para el centro de investigación de política internacional Atlantic Council: “El incremento de la producción [armamentística] planificado no cubrirá las necesidades ucranias hasta el segundo semestre de 2024 o principio de 2025″. “El previsto déficit de munición clave”, concede Bielieskov, “determinará seguramente la estrategia ucrania para la primavera y el verano”.

Lo que Bielieskov avanza es que Ucrania no estará en condiciones en 2024 de realizar operaciones que cambien el sentido de la guerra. Rusia, en cambio, tiene a su industria armamentística consiguiendo multiplicar la producción en casi todos los ámbitos, según coinciden Evans y Watling. “Estados Unidos y Europa pueden mantener la fuerza ucrania, pero otra cosa es si pueden aportar lo suficiente para una futura ofensiva en primavera de 2024″, indicaba Evans. Helin es el más explícito en el año que afronta Ucrania: “En los próximos 12 meses será difícil que veamos una ofensiva a gran escala como la que hemos visto este verano. Lo de atacar en varios frentes, de Bajmut al río Dniéper, no será posible”.

Watling destaca que la situación es particularmente compleja para Ucrania porque tiene que cumplir con dos misiones de por sí opuestas: por un lado, dar descanso a unidades que llevan meses combatiendo y entrenar a nuevos soldados, y por otro, mantener la presión sobre las líneas rusas. Evans incide en la necesidad de “mantener la presión” porque, de lo contrario, Ucrania verá cómo se replica lo que está sucediendo en Avdiivka. “La táctica rusa en Avdiivka, grandes barridos con artillería, seguidos de asaltos de infantería con blindados apoyados por fuego aéreo, es la amenaza que afrontará Ucrania en 2024″, dice Evans, “por eso no puede dejar de mantener la presión en el frente”.

Las pérdidas materiales y de vidas rusas en Avdiivka son enormes, indican los expertos, pero son sacrificios que Rusia ya ha asumido en otros momentos de la guerra. Burkovskyi está convencido de que ambos ejércitos necesitan una pausa en los combates para recuperar fuerzas, y que la estrategia rusa en Avdiivka es agotar al rival para forzar esa pausa. El invierno puede ser el momento óptimo para reducir la intensidad en el frente, pero las Fuerzas Armadas Ucranias creen que Moscú está acumulando misiles para lanzar una campaña de bombardeos contra la red energética y dejar de nuevo a millones de personas sin luz ni agua ni calefacción. Analistas como Evans ven incluso “más preocupante” la falta de misiles de defensa antiaérea. El conflicto en Oriente Próximo todavía reducirá la munición disponible para Ucrania, ahora que Estados Unidos debe apoyar a Israel y proteger sus bases en la región.

“El futuro a largo plazo no pinta bien para Ucrania”, dijo Kofman en War on the Rocks, citando el conflicto israelí, la necesidad estadounidense de armar a Taiwán y la oposición del Partido Republicano a armar a Kiev. La única solución que ve, añadió, es que Alemania asuma el liderazgo para hacer frente a Rusia, el liderazgo al que Estados Unidos puede renunciar.

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Sobre la firma

Cristian Segura (Enviado especial)
Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.
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