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Evo Morales espera, entre el fútbol y la pesca, una nueva oportunidad en la presidencia de Bolivia

El expresidente administra un equipo de primera división y trabaja como pescador mientras encabeza una guerra política dentro de su partido que lo ha enfrentado hasta con su antiguo vicepresidente, Álvaro García Linera

Evo Morales Bolivia
El expresidente de Bolivia Evo Morales, sostiene un pescado y mira un partido de fútbol, en imagenes de sus redes sociales.evomoralesayma (RR SS)

Desde finales del año pasado, Evo Morales ha sumado a sus muchos títulos el de presidente de un equipo de fútbol. El sindicato de cocaleros que dirige hace casi 40 años compró al club Palmaflor del Trópico, de la primera división del país, y le apuntó como su presidente. Tras su salida del Gobierno y su exilio en 2019, Morales ha vuelto a la región central de Bolivia, donde comenzó su carrera como secretario de deportes de su sindicato, y desde donde pelea por volver a presidir el país. “Su plan A es volver a ser presidente de Bolivia, pero su plan B es ser presidente de la Federación Boliviana de Fútbol... quizá sea al revés”, es un chiste que se repite en los corrillos futbolísticos nacionales.

Pero el fútbol, al igual que la organización de movimientos sociales de la región y la producción del pescado, no son sustitutos, sino expresiones de su gran pasión por el poder. Desde que volviera del exilio que terminó en Argentina en noviembre de 2020, Evo Morales aprovecha cada ocasión para proyectar su imagen y así cumplir su plan A: ser presidente de Bolivia una vez más. Un deseo irreprimible que ya dividió al país en el pasado y que ahora abre grietas en su propio partido, el Movimiento al Socialismo (MAS).

El partido gobernante ya se ha dividido en dos facciones: la de los seguidores a Morales, que tienen el control del aparato partidario en el país y de la mayoría oficialista en el Parlamento, y la de los fieles al presidente, Luis Arce, el exministro de Economía de Morales que el mismo expresidente aupó como candidato en octubre de 2020. Estos se llaman a sí mismos “renovadores” del partido que gobernó Bolivia durante casi 14 años bajo Morales, que ahora los considera la “derecha interna” que arrebató el Gobierno de manos de su verdadero dueño, el partido.

Evo Morales lleva meses enfrentado al presidente Luis Arce y a muchos de sus funcionarios. Su avanzadilla lo ha enfrentado incluso a uno de sus hombres más fieles, su exvicepresidente, Álvaro García Linera, que le acompañó al exilio tras la crisis de 2018. García Linera no está participando en la política boliviana, pero comparece en los medios. Hace unas semanas había criticado el enfrentamiento entre Morales y Arce como un “suicidio político” y había advertido que ambos estaban equivocados si pensaban que podían encarar separados las elecciones de 2025. “Tengo un enemigo más”, dijo Morales este domingo en una entrevista radial. Luego le acusó: “Duele mucho. Será porque soy indígena o porque soy leal; somos leales a los principios y valores que nos dejaron nuestros antepasados. Solo decir: gracias, Álvaro”.

Evo Morales siempre ha amado el deporte y, en especial, el fútbol. Durante sus tres gestiones como presidente del país dedicó tiempo y “dinero de su bolsillo” a promover el fútbol juvenil femenino en el Chapare, la región cocalera en la que vivió desde 1980 hasta que se convirtió en diputado en 1997, y a la que hoy ha retornado. También fue muy criticado por construir canchas de césped en cientos de pueblos en todo el país, con el propósito de “alejar a los jóvenes de las drogas”. La oposición creía que así despilfarraba la bonanza del gas en obras fáciles que le daban popularidad, pero que no resolvían los verdaderos problemas de las zonas rurales.

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Morales ahora está abocado a la pelea contra Luis Arce, pero no ha dejado de lado esa pasión: hace unos meses buscó al presidente argentino, Alberto Fernández, para intentar incluir a último minuto a Bolivia en la candidatura de Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile para organizar el Mundial de 2030. Y, ahora, dirige un club de la primera división en el fútbol de su país.

Como todo aquello en lo que Morales está involucrado, la compra de Atlético Palmaflor, un club que recién había ascendido en 2019, ha sido controversial. Se especuló que había costado dos millones de dólares, pero el expresidente lo negó. “Fue un proceso completamente gratuito”, declaró a los medios. El equipo le pertenecía a empresarios mineros y era local en la ciudad de Quillacollo, en Cochabamba. Ahora lo es de Villa Tunari, otra ciudad de la parte tropical de la misma región, donde crecen los cocales.

“En el fútbol profesional ha comenzado a verse el sistema de franquicias; se compra y vende equipos que, como carecen de hinchada, pueden llevarse de un lado a otro”, explica el periodista deportivo Ricardo Bajo. Atlético Palmaflor se llama ahora Palmaflor del Trópico y tiene otro uniforme completamente azul –igual que el color del MAS–, con el que hace poco jugó dos amistosos con los argentinos Boca Juniors e Independiente en Buenos Aires. “Todo lo que pasa con este equipo es excéntrico, por ejemplo esos amistosos”, opina Bajo. “Parece que volvemos a lo que ocurría antes de 1977, fecha en la que se creó el campeonato moderno”, conjetura. “Entonces había muchos equipos de organizaciones vecinales y de sindicatos, y también eran muy peculiares”. Morales, que asiste a casi todos los partidos, designó como entrenador de Palmaflor del Trópico al argentino Claudio Daniel Brizuela.

El expresidente negó que tuviera dinero para pagar los gastos del equipo. Aseguró a la prensa local que solo cuenta con su pensión de expresidente y que se mueve en automóviles y aviones prestados, lo cual le atrajo más críticas cuando se supo que quien los prestaba era el Gobierno de Venezuela. Palmaflor se mantendrá, afirmó, con “la unidad y la organización” de los cocaleros. Hoy es el tercer equipo mejor situado en el campeonato.

El Chapare ha progresado durante los tres Gobiernos de Morales. Además de la coca, sus habitantes producen arroz, frutas y una variedad de pescado pacú llamada tambaquí. Uno de estos pequeños productores es el propio Evo Morales, que participa personalmente en la siembra y cosecha de peces, siempre seguido por la radio-televisora local. En los vídeos se lo ve haciendo trabajo físico, pero también se observa que la logística y la mayor parte de la labor está a cargo de sus vecinos, sus seguidores y los empleados de los “chacos” que posee en el área.

@evopueblooficial

Continuamos con más fuerza con nuestra siembra de alevines en San Francisco. #EvoPueblo #peces #alevines #huayño #siembra

♬ sonido original - Evo Morales Ayma

Palmaflor está recibiendo ya los embates de la animadversión política contra su presidente. El 13 de marzo, ganó en su propia cancha a Blooming, por 3-2, en el partido más largo del que se tenga recuerdo. Duró 132 minutos, 42 minutos más de lo normal. Se atribuyó este extraordinario tiempo adicional a la lluvia tropical y al uso no muy hábil del VAR, que es una novedad en el fútbol boliviano. Los fanáticos de Blooming denunciaron que los árbitros prolongaron el encuentro por presión de la hinchada cocalera, hasta que el equipo local ganó. Morales también se quejó de la “sospechosa” conducta arbitral y los jueces fueron suspendidos, a la espera de una investigación. Esto tiene relevancia porque una parte de la ciudadanía boliviana cree que el expresidente hizo fraude en las elecciones de 2019, y que esta fue la razón por la que un movimiento cívico lo sacó del poder.

Ahora, además de batallar en las canchas, Morales enfrenta el mayor desafío –autoimpuesto – de su carrera política. Su reconciliación con Arce es improbable y este, al tener los mecanismos del poder, puede llevarse con él a una buena parte del MAS. Morales, según las encuestas, cuenta con el apoyo de la mayoría de los habitantes del campo, pero su apoyo urbano se ha debilitado considerablemente. Morales se ha vuelto muy activo en redes sociales como TikTok, donde comparte vídeos sobre el regreso a su vieja vida en el campo, pero esas imágenes pescando con el agua hasta la cintura ya no generan la adhesión de antes.

El expresidente, sin embargo, se tiene confianza. El pasado 27 de marzo, en un acto por el 28 aniversario del MAS, celebró la lluvia como una “bendición” que anticipa la victoria en 2025. Faltan dos años para las elecciones presidenciales.

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