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La batalla por Bajmut desgasta a los ejércitos de Rusia y Ucrania con cientos de bajas diarias

Mientras la lucha por esta ciudad clave multiplica el número de soldados muertos, heridos o desaparecidos, Kiev sufre la presión creciente de los aliados para ceder y centrarse en una nueva contraofensiva

Entierro de un soldado ucranio de 28 años caído en Bajmut, este lunes en Sloviansk. Foto: YASUYOSHI CHIBA (AFP) | Vídeo: EPV
Cristian Segura (enviado especial)

La batalla por Bajmut, una de las más cruentas en la guerra de Ucrania, es una “trituradora de carne”, de vidas humanas. Así lo describió en noviembre Yevgeny Prigozhin, el empresario que lidera el grupo de mercenarios rusos Wagner. La ofensiva para tomar el control de esta ciudad —clave en el frente— en la provincia de Donetsk, en el este de Ucrania, ha causado miles de muertes entre las filas de Wagner, pero las bajas en el bando ucranio también se han multiplicado. Ninguno de los dos ejércitos detalla sus pérdidas, pero los servicios de inteligencia de varios países de la OTAN advierten de que el peaje que está pagando Kiev para mantener izada su bandera en Bajmut es demasiado elevado.

El semanario Der Spiegel reveló el 20 de enero que los servicios secretos alemanes (BND, por sus siglas en alemán) habían alertado en una comparecencia ante la comisión de seguridad del Bundestag —la Cámara baja alemana— de que las Fuerzas Armadas ucranias tenían en Bajmut bajas diarias que se contaban “en números de tres cifras”, es decir, en cientos de muertos, heridos o desaparecidos en combate. La última estimación de bajas diarias ucranias aportada por un representante oficial la dio en junio Mijailo Podoliak, asesor del presidente Volodímir Zelenski, cuando apuntó que su ejército asumía entre 100 y 200 bajas por día en todos los frentes. A partir del apunte del BND en el Bundestag, limitado a las bajas en la defensa de Bajmut, se deduce que el recuento diario por lo menos se ha duplicado.

The New York Times publicó a finales de noviembre que en el hospital de este municipio podían atender 240 nuevos soldados ucranios heridos cada día. Desde entonces, la situación ha ido a peor. Rusia ha presionado sobre Bajmut desde el inicio de la invasión, en febrero de 2022, pero ha sido a partir del pasado noviembre cuando ha incrementado los esfuerzos para tomar la ciudad. La intensidad de los combates se aceleró a partir del 6 de enero, cuando un ataque sorpresa de Wagner les dio prácticamente el control de Soledar, pueblo vecino a Bajmut. Desde entonces, los mercenarios rusos están asediando la ciudad por tres flancos diferentes y los combates se libran casa a casa.

40.000 mercenarios fuera de combate

Los servicios secretos alemanes constataron, según Der Spiegel, que las bajas en el lado ruso son mucho mayores porque las órdenes de Wagner no se rigen por ninguna táctica militar, sino por una mera estrategia de atacar utilizando a sus mercenarios como carne de cañón. El medio ruso independiente Meduza publicó el 23 de enero un dato escalofriante de la investigación de la ONG Rus Sidyashchaya, especializada en derechos de reclusos en Rusia: de los cerca de 50.000 condenados a prisión que habrían aceptado combatir con Wagner en Ucrania para reducir sus penas —la gran mayoría, en la batalla de Bajmut—, tan solo 10.000 seguirían luchando; el resto, unos 40.000, habrían fallecido, fueron heridos o han desertado.

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Los dos ejércitos son opacos en su número de bajas. Podoliak señaló a principios de diciembre que los soldados ucranios fallecidos podían ser 13.000. Un cálculo tradicional en teórica militar es que los fallecidos en combate son una tercera parte del total de las bajas que se producen en las Fuerzas Armadas. Esto indicaría, según las estimaciones de Podoliak, que hasta diciembre, por lo menos 40.000 militares ucranios se habrían retirado del frente por muerte, heridas u otras causas como la rendición. Pero en estudios académicos publicados en los últimos años —por centros de investigación como el MIT, la Harvard Kennedy School o la Asociación Médica de Missouri—, se constata que la ratio ha mejorado en las últimas décadas por lo menos a un muerto por cada 10 heridos, gracias a la evolución de la asistencia médica en zona de combate. Si se tiene en cuenta la cifra de muertos aportada por Podoliak, las estimaciones subirían a más de 100.00 bajas ucranias.

Una niña, vestida con chaleco antibalas, sujeta sus peluches antes de ser evacuada de la ciudad de Bajmut, este martes.
Una niña, vestida con chaleco antibalas, sujeta sus peluches antes de ser evacuada de la ciudad de Bajmut, este martes. STRINGER (REUTERS)

El jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, Mark Milley, afirmó a finales de noviembre que las bajas en cada bando eran próximas a los 100.000 soldados. El jefe del Estado Mayor noruego, Eirik Kristoffersen, también afirmó en una entrevista del 22 de enero en el canal TV2 de su país que las bajas ucranias eran de 100.000 soldados, y las rusas, de 180.000.

Dudas de los aliados

El Estado Mayor ucranio comunica cada día sus estimaciones de soldados enemigos muertos. A 31 de enero, los militares rusos que habían perdido la vida se cifran en más de 127.000, según el ejército ucranio, una cifra que la mayoría de los analistas independientes cuestionan. Un ejemplo de esta inflación de datos sería el bombardeo del 1 de enero sobre una base militar rusa en el pueblo de Makiivka, en la provincia de Donetsk. Según Kiev, en el ataque murieron 400 soldados rusos, mientras que Moscú rebajó el número a menos de 100. Los servicios de inteligencia británicos concluyeron la semana pasada que las bajas rusas fueron 300, mientras que una investigación de la BBC limitó el número a un centenar. El servicio ruso de la BBC, junto al medio independiente ruso Mediazona, reportó la semana pasada que sus cálculos de bajas rusas desde el inicio de la invasión eran 110.000, y que el número de muertes se ha disparado a partir de la incorporación en el frente de los reclutas movilizados el pasado septiembre.

El análisis de las estadísticas de soldados rusos muertos ofrecidas por el ejército ucranio sí sirve para tener una idea de la carnicería que está suponiendo Bajmut. Entre el 6 y el 31 de enero, la cifra de muertos rusos que contabiliza el bando ucranio aumentó en 17.000: en tres semanas casi se dobló el promedio mensual de muertes rusas que había reportado Kiev durante 2022.

La toma de Bajmut es cada vez menos estratégica y más una cuestión de honor para ambos ejércitos. De conquistarla, se trataría de la primera victoria de Vladímir Putin en el campo de batalla desde julio, tras las humillantes retiradas en la provincia de Járkov y en Jersón. Para Zelenski, Bajmut también se ha convertido en una cuestión de orgullo. El 20 de diciembre visitó por sorpresa la ciudad, y aseguró que sus tropas resistirían porque es clave “para defender Donbás y Ucrania”.

Pero entre los aliados de Ucrania hay dudas. Un alto cargo de la Casa Blanca afirmó a mediados de enero en un encuentro con periodistas en Washington que la Administración estadounidense considera que las Fuerzas Armadas ucranias deben destinar esfuerzos a preparar una contraofensiva en el sur en primavera. Otro representante del Gobierno de Joe Biden insistió a la agencia AFP en que Ucrania debe dejar de defender Bajmut a cualquier coste y aprovechar la oportunidad de avanzar en otro frente. El 23 de enero, en la CNN, varios representantes de la OTAN reiteraron que el futuro de la guerra no pasa por resistir en Bajmut, sino por avanzar desde Zaporiyia hacia la costa del mar de Azov.

En una visita a Bajmut del 13 de enero, EL PAÍS confirmó que las fuerzas ucranias ya han fortificado nuevas líneas de defensa alrededor de la ciudad para el caso de que Rusia tomara la urbe y decidiera lanzar una ofensiva más hacia el oeste. Este diario recogió el testimonio de por lo menos dos batallones, uno de infantería y otro blindado, que tuvieron que retirarse de la línea de frente por falta de munición y un exceso de bajas. Las autoridades ucranias habían conseguido hasta ahora, por motivos de propaganda, que prácticamente no se difundieran imágenes de sus combatientes heridos, pero a medida que pasan los meses de batalla en Bajmut, más militares comparten por primera vez testimonios gráficos de compañeros evacuados con heridas.

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Sobre la firma

Cristian Segura (enviado especial)
Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario 'Avui' en Berlín y en Pekín. Desde 2022 cubre la guerra en Ucrania como enviado especial. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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